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OPERACIONES DE INFLUENCIA Y GUERRA HÍBRIDA EN EL DOMINIO INFORMACIONAL: El caso Argentino

Por: Dr. Fernando Gabriel Zarabozo – Abogado – Director del Instituto de Defensa.

La evolución de la conflictividad tiende en la actualidad hacia modalidades de confrontación caracterizadas por la ambigüedad, la negación plausible y la explotación de vulnerabilidades sistémicas.

En este marco, la guerra híbrida se consolida como paradigma operativo, integrando instrumentos políticos, informacionales, económicos y militares.

Las recientes revelaciones sobre una presunta operación de desinformación en Argentina atribuida a una estructura vinculada a intereses rusos —denominada “La Compañía”— constituyen un caso empírico relevante para analizar la proyección de poder en el dominio informacional en América Latina.

El presente trabajo sostiene como hipótesis que dichas operaciones no persiguen únicamente efectos tácticos de comunicación, sino que responden a una lógica de competencia estratégica orientada a modelar el entorno decisional de los Estados objetivo, en este caso la República Argentina.

Seguidamente se proporcionarán algunos conceptos para facilitar la comprensión del lector respecto a la problemática en estudio, y se los pondrá en contexto para darle sentido con el hecho antes indicado.

Guerra híbrida y dominio informacional

La guerra híbrida implica la combinación de medios convencionales e irregulares en múltiples dominios, con el objetivo de generar efectos estratégicos desproporcionados respecto de los recursos empleados.

Este enfoque diluye la distinción entre guerra y paz, configurando un estado de confrontación permanente de baja intensidad.

En este contexto, el dominio informacional adquiere centralidad como espacio de disputa, en tanto permite influir sobre percepciones, comportamientos y procesos decisionales sin recurrir al empleo directo de la fuerza.

La doctrina estratégica rusa incorpora el “control reflexivo”, entendido como la capacidad de inducir al adversario a adoptar decisiones funcionales a los intereses propios, mediante la manipulación de su entorno informacional.

A diferencia de la propaganda clásica, estas operaciones no buscan la adhesión ideológica, sino la configuración del marco cognitivo en el cual los actores estratégicos interpretan la realidad.

El dominio informacional puede conceptualizarse como un teatro de operaciones caracterizado por:

a) alta densidad de actores (gran cantidad de actores en un entorno estratégico),

b) baja atribución (las condiciones dificultan identificar al actor responsable de una acción),

c) gran velocidad de propagación (una noticia falsa se esparce de forma inmediata por efecto del apalancamiento de redes sociales, bots y algoritmos virales),

d) asimetría de costos (por ejemplo entre quien lanza un ciberataque -bajo costo- y un Estado que debe invertir grandes recursos para evitar el impacto).

Estas características lo convierten en un espacio particularmente apto para la proyección de poder por parte de actores estatales y paraestatales.

El caso analizado permite identificar una arquitectura operacional en red, compuesta por:

–   Nivel estratégico: definición de objetivos geopolíticos por parte de actores estatales.

–   Nivel operacional: diseño y coordinación de la campaña por agentes especializados.

–   Nivel táctico: implementación a través de intermediarios y activos locales.

–   Nivel de difusión: utilización de medios y plataformas digitales.

–   Nivel de amplificación: viralización en redes sociales y ecosistemas digitales.

Esta estructura maximiza la resiliencia y minimiza la exposición, dificultando la atribución directa.

Dicho en otros términos, si se analiza cada una de las noticias falsas (fake news) de manera separada sin entender el contexto geopolítico, la distribución del trabajo, las mecánicas empleadas para implementar esta intervención en el marco cognitivo, se corre el riesgo de perder sentido del propósito que persigue, de donde se dirige la maniobra, cuáles son los target (blancos) que se quieren impactar, y en consecuencia cuales son las acciones sugeridas para contrarrestarlas.

Objetivos estratégicos

Los objetivos identificados trascienden el plano doméstico, inscribiéndose en una lógica de competencia estratégica:

a. erosión de la legitimidad gubernamental

b. incremento de la polarización interna

c. condicionamiento de la política exterior

d. generación de fricciones regionales

En términos estratégicos, lo que se busca modelar con esta acción son las circunstancias y dinámicas del entorno operativo de la República Argentina, mediante una interferencia o cambio cognitivo.

Recuérdese que, según afirman los periodistas que realizaron la investigación, estas operaciones tuvieron lugar en momentos en los cuales el Presidente argentino mostraba un alineamiento mas cercano con el mandatario ucraniano.

Técnicas de ejecución

Entre las técnicas empleadas se destacan:

a) financiamiento encubierto de contenidos

b) uso de identidades sintéticas (perfiles falsos)

c) inserción de narrativas conflictivas (se exponen temas que despiertan conflictos en una comunidad, o en una relación)

d) generación de incidentes informacionales

Estas herramientas complejizan el análisis y tratan de disimular las operaciones de influencia y su origen.

Lógica de impacto buscado

El impacto de estas operaciones no se mide únicamente en términos de cambio de opinión, sino en la generación de efectos de segundo orden: a) degradación de la confianza institucional, b) radicalización del discurso político, c) fragmentación del espacio público.

Estos efectos contribuyen a debilitar la cohesión interna de la República Argentina.

En el dominio informacional, la veracidad del contenido es secundaria respecto de su capacidad de generar efectos. En este tipo de campañas la lógica persigue la capacidad de activar emociones, generar tensiones internas, reducir la resiliencia de las instituciones y de la misma población.

Esto redefine los parámetros tradicionales de la comunicación estratégica. Los cuales no son nuevos en otras latitudes que tienen mayor cercanía geografica con la Federación Rusia.

Argentina como entorno operativo

El caso argentino presenta condiciones que facilitan la penetración de operaciones de influencia:

a) elevada polarización política, la denominada grieta, que si bien es un fenómeno que ocurre en distintos países, en el caso argentino tiene un perfil muy importante y complejo.

b) existencia de una crisis de confianza en instituciones derivada de la historia institucional de Argentina, con ciclos de Gobiernos que prometían soluciones y que culminaron con fracasos, al no poder implementar reformas o resultados que se habían prometido.

c) existencia de fragmentación mediática, derivada de la existencia de distintos medios de comunicación con líneas editoriales diversas y en muchos casos antagónicas que buscan la desestabilización del Gobierno de turno, cualquiera sea el signo político.

d) alta exposición digital, evidenciada por la velocidad e intensidad que cualquier noticia o hecho (real o falso) tiene en el dominio informacional.

Estas variables actúan como multiplicadores del impacto externo.

Otra consideración geopolítica que debe considerarse es el interés estratégico que tiene Argentina por los recursos naturales (energía, agua, tierras cultivables) y por la extensión territorial que podría asegurar grandes superficies aptas para la localización de poblaciones y por su posicionamiento en el Atlántico Sur.

Límites del derecho sancionador frente a la guerra híbrida

El derecho penal clásico presenta limitaciones estructurales para abordar este tipo de fenómenos, ya que carece de tipificaciones específicas para operaciones de desinformación, y además exige estándares probatorios incompatibles con la opacidad operacional.

Asimismo, se basa en lógicas territoriales inadecuadas derivadas del derecho sancionador, y por ello requiere una armonización con las dinámicas de la guerra hibrida.

Otro de los inconvenientes se relaciona con las dificultades para la identificación de los responsables y su vinculación con actores estatales para la imputación del dolo, ya que se utilizan proxies, intermediarios y estructuras descentralizadas. Esta ambigüedad constituye una ventaja estratégica deliberada.

Cabe señalar que las operaciones de influencia obligan a ampliar la noción de amenaza, incorporando dimensiones hibridas que tienen potencial para afectar la estabilidad estatal.

Esto tiene una dificultad preponderante en el Derecho Penal porque legislativamente no se reconocen como lesivas actividades no violentas que sin embargo tienen potencial para afectar la estabilidad de las instituciones, la paz social y la unidad.

En resumen, el carácter no violento no debe llevar a la confusión que las maniobras hibridas resultan inofensivas o inocuas, ya que degradan la confianza institucional, radicalizan el discurso político, y fragmentan el espacio público.

Para evitar estas situaciones, el Derecho Penal debe crear las regulaciones que sirvan para vivir en armonía, garantizando la convivencia democrática, la solidez institucional y por sobre todo la seguridad de la Comunidad.

Conclusiones

El caso analizado evidencia que la competencia estratégica contemporánea se desarrolla crecientemente en el dominio informacional, donde actores estatales y paraestatales emplean operaciones de influencia para modelar entornos políticos sin recurrir a la fuerza.

Estas dinámicas plantean desafíos significativos para los Estados, en tanto erosionan su capacidad de respuesta dentro de los marcos tradicionales del derecho y la defensa.

En consecuencia, resulta imprescindible desarrollar enfoques integrales que articulen capacidades de inteligencia, marcos normativos adaptativos y políticas orientadas a fortalecer la resiliencia del sistema democrático.

En última instancia, la disputa estratégica ya no se define únicamente por el control del territorio, sino por la capacidad de influir sobre la percepción y la decisión. Por ello, el Derecho Penal debe emplear esquemas para proteger la autonomía de las instituciones, la democracia, la libertad y por sobre todo la convivencia entre los ciudadanos.

Bibliografía

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– Rid, T. (2020). Active Measures.

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– Nye, J. (2004). Soft Power.

– Castells, M. (2009). Communication Power.

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