InteligenciaPublicaciones

HUMINT digital: cuando la fuente también puede usar máscara

Confianza, desinhibición e inteligencia artificial en la validación de fuentes humanas.

 Durante el transcurso reciente de una capacitación en inteligencia de fuentes humanas, conocida habitualmente por el acrónimo HUMINT, los instructores propusieron una pregunta que, pese a su aparente sencillez, dio lugar a respuestas diferentes y a un intercambio bastante más complejo de lo esperado. La pregunta consistía en determinar si una relación HUMINT desarrollada en un entorno digital podía considerarse genuina.

Algunos participantes sostenían que sí, dado que buena parte de las relaciones humanas se encuentran hoy mediadas por la tecnología, mientras que otros expresábamos mayores reservas frente a un escenario en el que una identidad digital puede ser seleccionada, editada, asistida o incluso fabricada mediante herramientas de inteligencia artificial generativa.

Más allá del resultado del debate, la pregunta continuó resonando porque obligaba a precisar qué entendíamos por una relación genuina. La inquietud no surgía de negar el valor del entorno digital ni de desconocer que las personas pueden construir vínculos significativos a través de una pantalla, sino de advertir que, cuando hablamos de HUMINT, la genuinidad no puede reducirse solamente a confianza, empatía o fluidez conversacional.

Este artículo nace de aquella duda y procura desarrollar un razonamiento accesible sobre las posibilidades, limitaciones y condiciones de validación de una relación HUMINT digital. No pretende cerrar el debate, sino invitar al lector a acompañar un recorrido que comienza en la experiencia del vínculo y termina en las exigencias propias de la inteligencia.

¿Qué significa que una relación HUMINT sea genuina?

En la vida cotidiana solemos considerar genuina una relación cuando percibimos sinceridad, confianza, interés recíproco o cierta correspondencia entre lo que una persona expresa y aquello que parece sentir. Desde esa perspectiva, no existen demasiados motivos para negar que un vínculo construido mediante canales digitales pueda ser real, ya que las personas trabajan, discuten, se enamoran, buscan reconocimiento, comparten temores y sostienen relaciones prolongadas sin encontrarse necesariamente en un mismo espacio físico.

Dentro de una relación HUMINT también puede desarrollarse esa conexión. Puede existir rapport, entendido como un estado de confianza y sintonía que favorece la comunicación, reduce ciertas resistencias y permite que la persona se exprese con mayor libertad. El intercambio puede prolongarse en el tiempo, adquirir profundidad y producir una sensación auténtica de cercanía para una o para ambas partes.

Si la pregunta se limitara al plano humano o vincular, la respuesta podría ser afirmativa. Una relación digital puede ser significativa y psicológicamente real, aunque sus participantes nunca hayan compartido un espacio físico.

En inteligencia humana, sin embargo, la relación no se agota en la experiencia subjetiva de quienes participan. Que una persona se sienta escuchada, comprendida o emocionalmente comprometida no permite establecer, por sí solo, quién es realmente, qué acceso posee, por qué entrega información ni qué intereses pueden orientar su comportamiento.

Para comprender esta diferencia conviene separar tres elementos que suelen aparecer entrelazados. El vínculo comprende la confianza, la continuidad, la apertura y el rapport; la fuente requiere una evaluación progresiva de su identidad, posición, acceso, motivación y confiabilidad; la información, por su parte, debe valorarse según su precisión, actualidad, relevancia y posibilidad de corroboración.

Ninguno de estos planos valida automáticamente a los demás. Una relación puede ser emocionalmente auténtica y, al mismo tiempo, mantener abiertas preguntas importantes sobre la persona. Un dato puede resultar verdadero, aunque quien lo entregó no haya sido correctamente caracterizado, del mismo modo que una fuente previamente confiable puede proporcionar información equivocada porque fue engañada, interpretó mal los hechos o perdió acceso.

Esta distinción resulta especialmente importante porque el rapport puede producir una sensación de certeza que excede aquello que realmente se ha comprobado. Cuando alguien recuerda detalles, responde con naturalidad, comparte aspectos íntimos o aporta información que coincide con datos conocidos, es comprensible que aumente la confianza; la dificultad aparece cuando esa confianza comienza a ocupar el lugar de la evaluación.

Por ello, resulta útil diferenciar entre genuinidad vincular y genuinidad operacional. La primera refiere a que la relación puede ser psicológicamente real y significativa; la segunda exige un grado suficiente de conocimiento y validación respecto de la identidad, la agencia, el acceso, la motivación y la confiabilidad de la persona.

Una relación puede sentirse genuina sin estar todavía suficientemente evaluada. La confianza permite que la conversación avance, pero no responde por sí sola con quién se está hablando ni cuánto valor debe atribuirse a aquello que esa persona aporta.

La pantalla facilita la apertura, pero protege a ambos lados

El entorno digital no funciona solamente como una barrera que separa físicamente a los interlocutores. La ausencia de una mirada directa, el anonimato relativo y la posibilidad de administrar los tiempos de respuesta pueden reducir la presión inmediata del encuentro, permitiendo que una persona organice mejor aquello que desea expresar y conserve una mayor sensación de control sobre la interacción.

Bajo esas condiciones, alguien puede animarse a compartir opiniones, temores, resentimientos o experiencias que quizá reservaría en otro contexto. Este comportamiento ha sido estudiado como efecto de desinhibición online, dado que ciertas características de la comunicación digital pueden favorecer una expresión más libre o intensa, lo que en una relación HUMINT podría facilitar la apertura y acelerar la construcción de rapport, sin que ello permita anticipar todavía la precisión o sinceridad de aquello que se comunica (Suler, 2004).

La mediación tecnológica también puede producir relaciones interpersonales particularmente intensas. Cada participante dispone de mayores posibilidades para seleccionar aquello que muestra y revisar sus mensajes, mientras que quien recibe esos contenidos completa mediante expectativas e interpretaciones los aspectos que el canal no permite observar. Esa combinación puede favorecer vínculos hiperpersonales, construidos mediante presentación selectiva, idealización y atribución de sentido (Walther, 1996, 2007).

La pantalla ofrece así una ventaja concreta para el HUMINT digital, aunque esa apertura no debería confundirse con una mayor veracidad. Hablar más o hacerlo con mayor intensidad no implica necesariamente que el contenido sea correcto, ya que la desinhibición también puede favorecer la exageración, la impulsividad, la fantasía o la construcción selectiva de la propia identidad.

Las plataformas añaden, además, señales técnicas que suelen recibir una interpretación relacional. La confirmación de lectura, la indicación de que alguien se encuentra conectado o el aviso de que está escribiendo muestran actividad dentro del canal, pero no permiten establecer por sí solos que haya existido comprensión, acuerdo, interés o voluntad de responder. Podemos encontrarnos técnicamente conectados sin haber construido todavía una comunicación efectiva, porque el conocido “visto” registra la apertura de un mensaje, pero no ratifica ni rectifica aquello que fue expresado.

La arquitectura digital también permite administrar con mayor precisión la imagen que se proyecta. Una respuesta puede redactarse, revisarse, consultarse con terceros o demorarse hasta encontrar una formulación más conveniente, por lo que aquello que aparece como espontáneo puede haber atravesado un proceso de preparación que permanece fuera del campo de observación del interlocutor.

Esta posibilidad no convierte al entorno presencial en un espacio libre de engaño. Una persona puede mentir, ocultar motivaciones o sostener una cobertura durante un encuentro cara a cara; no obstante, en una interacción física debe mantener simultáneamente la voz, el cuerpo, la reacción, la memoria, el entorno y la capacidad de responder frente a situaciones inesperadas, mientras que en lo digital varias de esas dimensiones pueden separarse, diferirse, editarse o recibir asistencia externa.

El operador puede aprovechar estas condiciones para reducir su exposición, administrar su identidad y sostener una cobertura, aunque quien se encuentra del otro lado dispone de posibilidades semejantes. Puede seleccionar una fotografía, utilizar otro nombre, preparar un relato, regular sus silencios o construir una presencia digital consistente, incluso mediante la participación de terceros, una cuenta compartida o alguna forma de asistencia técnica.

Podemos describir esta condición como simetría funcional del engaño. La expresión no supone que ambas partes posean las mismas tecnologías, recursos o conocimientos, sino que el entorno digital permite a cada una cumplir funciones comparables, como administrar su exposición, seleccionar aquello que muestra, preparar una identidad, regular los tiempos de respuesta y recurrir a asistencia externa sin que la otra parte pueda observar completamente el proceso.

Esta simetría funcional puede coexistir con profundas asimetrías técnicas. Una de las partes puede contar con mejores herramientas, mayor preparación o más información previa, aunque ambas conservan la posibilidad de utilizar la mediación tecnológica para protegerse, representar un papel o influir sobre la percepción del interlocutor.

La inteligencia artificial y la construcción de la máscara

Las identidades falsas, las coberturas y las narrativas fabricadas existen desde mucho antes que los actuales modelos de inteligencia artificial. El cambio no reside en la posibilidad de construir una máscara, sino en el esfuerzo necesario para darle coherencia, profundidad y continuidad.

Hasta hace algunos años, sostener una identidad digital ficticia durante un período prolongado exigía recordar antecedentes, conservar un estilo comunicacional estable, dominar códigos culturales o profesionales y responder de manera consistente ante preguntas inesperadas. Hoy, parte de ese trabajo puede recibir asistencia inmediata mediante herramientas capaces de redactar mensajes, adaptar registros lingüísticos, organizar antecedentes, revisar conversaciones previas o intervenir sobre imágenes, audios y videos.

La diferencia es de escala, velocidad, costo y adaptabilidad. Esto no vuelve perfecta a la simulación ni elimina las contradicciones, aunque amplía el número de actores capaces de construir representaciones plausibles y mantenerlas durante períodos prolongados.

Durante una interacción digital ya no siempre resulta suficiente preguntarse quién se encuentra detrás de un perfil, porque también importa determinar cuánto de aquello que observamos procede directamente de esa persona. Una respuesta puede haber sido escrita espontáneamente o haber sido traducida, corregida y adaptada con asistencia; del mismo modo, una fotografía puede ser auténtica y estar modificada, mientras que un mensaje de voz puede pertenecer a una persona real y haber sido editado.

El empleo de estas herramientas no vuelve falsa, por sí mismo, la interacción. Una persona puede recurrir a un traductor porque no domina un idioma o corregir un texto sin alterar aquello que desea comunicar. La dificultad aparece cuando la asistencia impide atribuir con claridad quién construye las respuestas, con qué intención y bajo qué grado de intervención externa.

Las formas híbridas probablemente sean las más difíciles de evaluar. Una cuenta puede corresponder a una persona real cuya presentación se encuentra parcialmente construida, corregida o sostenida por otros actores; también puede tratarse de una identidad verdadera asociada con un acceso exagerado, de información cierta acompañada por una interpretación interesada o de una experiencia auténtica utilizada para respaldar una posición inexistente.

El engaño digital no requiere que todos los componentes sean falsos. Una identidad real, un documento auténtico o un dato correctamente comprobado pueden construir confianza alrededor de una afirmación engañosa. La conocida idea de que una mentira puede ocultarse entre dos verdades conserva aquí su utilidad, porque una representación no siempre resulta convincente por la perfección de la ficción, sino por su capacidad para apoyarse en elementos verificables.

La digitalidad no modifica esta lógica histórica del engaño, aunque sí transforma sus condiciones de producción y sostenimiento. Las herramientas actuales permiten organizar antecedentes, corregir contradicciones, combinar formatos y adaptar una narrativa a medida que evoluciona la relación, reduciendo el costo de mantener una representación coherente.

Las guías técnicas sobre identidad digital trabajan con distintos niveles de aseguramiento y controles proporcionales al riesgo, mientras que los documentos dedicados a contenidos sintéticos advierten que la combinación de imagen, audio, video e información contextual puede utilizarse para suplantar identidades y construir credibilidad (National Institute of Standards and Technology [NIST], 2025; National Security Agency et al., 2023).

Estas advertencias permiten considerar la identidad digital como un problema gradual y no como una condición simplemente verdadera o falsa. Puede existir mayor o menor certeza acerca de quién interviene, cuánto control posee sobre la cuenta y qué partes de su presentación reciben asistencia.

La inteligencia artificial profundiza, en este sentido, la simetría funcional del engaño. El operador puede emplear tecnología para analizar al interlocutor, construir una cobertura y administrar su exposición, mientras quien aparece del otro lado también puede estudiar sus reacciones, revisar antecedentes y adaptar las respuestas para resultar convincente.

El problema no consiste en que haya dejado de existir humanidad detrás de una pantalla, sino en que la apariencia de humanidad ya no alcanza como prueba suficiente.

Cuando la relación comienza a validarse a sí misma

Supongamos que una relación digital se sostiene durante varios meses. La persona utiliza un perfil coherente, relata aspectos de su vida, demuestra conocimientos específicos y conserva continuidad en sus respuestas; con el tiempo comparte audios, imágenes y documentos que parecen confirmar su identidad y el acceso que afirma poseer.

La acumulación de esos elementos puede producir una impresión de solidez, especialmente cuando algunos de los datos aportados resultan verdaderos. El perfil declara quién es la persona, el modo de escribir parece confirmar su origen o profesión, los audios transmiten espontaneidad y los documentos respaldan aquello que dice conocer.

La cuestión relevante consiste en determinar cuántas de esas comprobaciones son realmente independientes. El perfil, los mensajes, las imágenes y los documentos pueden provenir de una misma cuenta o de canales controlados por la misma representación, de modo que aquello que parece una acumulación de pruebas diferentes podría ser una única narrativa expresada mediante varios formatos.

Cuando identidad, vínculo, acceso y pruebas aparentes permanecen dentro del mismo escenario podemos hablar de un circuito digital autocontenido. El canal no solo permite conversar, sino que también presenta a la persona, demuestra lo que sabe, exhibe sus emociones y aporta los materiales con los que pretende confirmar su credibilidad.

Esto no significa que la persona sea necesariamente falsa ni que los materiales deban ser descartados por haber sido recibidos digitalmente. Alguien puede tener razones legítimas para protegerse, evitar un encuentro presencial o reducir su exposición por temor a represalias o vigilancia.

La dificultad reside en establecer hasta qué punto esos elementos son independientes de la representación que se intenta evaluar. Una relación puede acumular una gran cantidad de mensajes, imágenes y archivos sin abandonar nunca el mismo circuito, por lo que la abundancia de materiales no produce necesariamente una diversidad equivalente de evidencia.

Diez elementos seleccionados por una misma identidad digital pueden aportar menos capacidad de contraste que una sola comprobación obtenida por una vía verdaderamente independiente. La cantidad genera una impresión de consistencia, aunque son la diversidad y la independencia las que aumentan el grado de certeza.

El circuito autocontenido tampoco necesita ser enteramente falso para resultar problemático. Puede apoyarse en numerosas evidencias auténticas y conservar una dimensión central mal caracterizada, como la identidad efectiva de quien interviene, el origen de su acceso o la motivación que orienta la relación.

La dinámica del rapport puede reforzar este problema cuando las inconsistencias comienzan a interpretarse exclusivamente dentro de la narrativa ya aceptada. Una demora puede atribuirse a problemas de seguridad, un cambio de estilo al cansancio y una contradicción al temor, explicaciones que podrían ser correctas, aunque también deberían permitir revisar la hipótesis inicial cuando se acumulan o no encuentran confirmación externa.

El circuito digital autocontenido no constituye una prueba de engaño, sino una condición de riesgo que advierte que la relación continúa dependiendo demasiado de sí misma para demostrar su autenticidad.

La validación debe salir del canal

La respuesta no consiste necesariamente en trasladar la relación al terreno presencial. Un encuentro cara a cara puede aportar señales adicionales, aunque tampoco garantiza que la persona diga la verdad, posea el acceso que afirma tener o actúe por las razones que aparenta. Además, la presencialidad puede resultar imposible o aumentar riesgos sin producir una mejora proporcional en la evaluación.

La pregunta más útil consiste en determinar qué elementos permiten comprobar lo que ocurre dentro del canal principal sin depender exclusivamente de aquello que ese mismo canal produce. Allí aparece la necesidad de introducir anclajes externos al canal, entendidos como puntos de contraste documentales, técnicos, temporales, institucionales, relacionales o provenientes de otras fuentes.

Un anclaje puede ser completamente digital y, aun así, resultar externo al canal principal, siempre que aporte información suficientemente independiente de la representación evaluada. Si una cuenta afirma que la persona ocupa determinada posición dentro de una organización, esa afirmación no se fortalece demasiado porque la misma cuenta envíe una fotografía o una firma digitalizada; la certeza aumenta cuando la posición puede relacionarse con registros institucionales, antecedentes públicos, referencias de terceros, patrones temporales u otros datos obtenidos mediante vías diferentes.

Entre las fuentes doctrinarias y regulatorias revisadas, la Joint Doctrine Publication 2-00, publicación oficial dedicada a inteligencia, contrainteligencia y apoyo de seguridad, define HUMINT sin exigir que la comunicación se produzca necesariamente de manera presencial. Por su parte, el código de práctica sobre Covert Human Intelligence Sources, es decir, fuentes humanas encubiertas, contempla que determinadas relaciones puedan establecerse o mantenerse mediante perfiles y comunicaciones por internet (Home Office, 2022; Ministry of Defence, 2023).

El reconocimiento del canal digital no elimina la necesidad de evaluar la identidad, el acceso, las motivaciones, la confiabilidad ni la información concreta que se recibe. La digitalidad amplía las posibilidades de contacto, pero no transforma el rapport en una prueba suficiente de autenticidad.

La validación debe entenderse como un proceso gradual y proporcional al riesgo. Una conversación inicial puede tolerar mayor incertidumbre, mientras que una información capaz de producir consecuencias relevantes requiere un nivel de corroboración más exigente. También debe conservarse durante toda la relación, porque la persona puede cambiar sus motivaciones, perder acceso, exagerar su valor o comenzar a actuar bajo nuevas influencias.

Los anclajes externos cumplen, además, una función contrainteligente porque permiten revisar las interpretaciones del operador. Al introducir elementos capaces de confirmar, matizar o contradecir la narrativa dominante, ayudan a separar aquello que se sabe de aquello que se supone, aquello que fue comprobado de aquello que únicamente resulta plausible.

No se trata, entonces, de sacar necesariamente a la persona del entorno digital, sino de evitar que la validación permanezca encerrada dentro del mismo circuito donde se construyó la confianza. El vínculo puede continuar a distancia y conservar las medidas de protección que requiere, aunque la certeza acerca de quién participa, qué sabe y por qué habla debería apoyarse en elementos que no dependan únicamente de la representación ofrecida por el canal.

Apreciación

La pregunta que dio origen a este artículo admite una respuesta afirmativa, aunque requiere una precisión. Una relación HUMINT digital puede ser genuina desde el punto de vista humano, porque puede existir rapport, confianza, compromiso emocional y una voluntad auténtica de aportar información.

Esa genuinidad vincular no equivale automáticamente a genuinidad operacional. El entorno digital puede favorecer la apertura y sostener relaciones valiosas, aunque también permite a ambas partes administrar su identidad, su exposición y la representación que ofrecen de sí mismas. La inteligencia artificial amplía estas posibilidades, sin inventar el engaño ni convertir cada interacción en una ficción.

Una relación HUMINT digital puede alcanzar genuinidad operacional cuando la confianza construida dentro del canal es acompañada por procesos de validación suficientemente independientes, progresivos y proporcionales al riesgo. La conversación puede permanecer a distancia, pero la evaluación de la identidad, la agencia, el acceso, la motivación y la confiabilidad no debería depender exclusivamente del escenario donde nació el vínculo.

La pantalla puede iniciar y sostener la relación. No debería constituirse, al mismo tiempo, en su única prueba.

Referencias

Home Office. (2022). Covert human intelligence sources revised code of practice. GOV.UK. https://www.gov.uk/government/publications/covert-human-intelligence-sources-code-of-practice-2022/covert-human-intelligence-sources-revised-code-of-practice-accessible

Ministry of Defence. (2023). Joint Doctrine Publication 2-00: Intelligence, counter-intelligence and security support to joint operations (4th ed.). UK Government. https://assets.publishing.service.gov.uk/media/653a4b0780884d0013f71bb0/JDP_2_00_Ed_4_web.pdf

National Institute of Standards and Technology. (2025). Digital identity guidelines: NIST Special Publication 800-63-4. U.S. Department of Commerce. https://pages.nist.gov/800-63-4/sp800-63.html

National Security Agency, Federal Bureau of Investigation, & Cybersecurity and Infrastructure Security Agency. (2023). Contextualizing deepfake threats to organizations. https://media.defense.gov/2023/Sep/12/2003298925/-1/-1/0/CSI-DEEPFAKE-THREATS.PDF

Suler, J. (2004). The online disinhibition effect. CyberPsychology & Behavior, 7(3), 321–326. https://doi.org/10.1089/1094931041291295

Walther, J. B. (1996). Computer-mediated communication: Impersonal, interpersonal, and hyperpersonal interaction. Communication Research, 23(1), 3–43. https://doi.org/10.1177/009365096023001001

Walther, J. B. (2007). Selective self-presentation in computer-mediated communication: Hyperpersonal dimensions of technology, language, and cognition. Computers in Human Behavior, 23(5), 2538–2557. https://doi.org/10.1016/j.chb.2006.05.002

Aviso Legal: El contenido del presente artículo no fue redactado por #ElAnalista, siendo el mismo exclusiva autoría y propiedad intelectual de su creador. El articulo podría no reflejar las opiniones de #ElAnalista como organismo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.