PSICOLOGÍA Y HUMINT: Lo que sigue siendo humano en la era de la IA generativa
Por el Lic. Martín Salmerón – Miembro del Instituto Académico de Inteligencia de #ELANALISTA
La inteligencia de fuentes humanas, o HUMINT, remite, en un sentido amplio, al trabajo con información que emerge del contacto, la interlocución y la relación con personas que, por su posición, trayectoria, proximidad o disposición, pueden aportar conocimiento útil para orientar, complementar o contrastar la labor de inteligencia.
Esa fórmula, aun siendo válida como punto de partida, podría resultar demasiado breve para abarcar todo lo que el problema contiene. No todos los ámbitos que recurren a fuentes humanas interpretan del mismo modo qué implica trabajar con ellas, qué tipo de vínculo exige esa tarea, cómo se evalúa lo obtenido ni cuánto pesan, en ese proceso, la memoria, la percepción, la motivación o el contexto de interacción. Invito al lector a acompañar este razonamiento desde esa perspectiva, porque justamente allí empieza a perfilarse una parte central del problema que este artículo se propone abordar.
Si el HUMINT se piensa solo como una vía de acceso a información, se corre el riesgo de perder de vista que, en rigor, trabaja con personas y no con sensores. Una fuente no transmite información del mismo modo en que un dispositivo registra una señal, porque recuerda, interpreta, selecciona, omite, mide riesgos, calibra al interlocutor y, en ocasiones, también engaña. Del otro lado, el operador tampoco se limita a recibir un contenido, ya que debe provocarlo, encuadrarlo, sostener la interacción, decidir qué valor atribuirle y reconstruir después lo ocurrido. Entre ambos circula información, desde luego, pero también memoria, percepción, motivaciones, reservas, confianza, cálculo, sesgos y, cada vez más, el problema adicional de un entorno mediado por tecnologías capaces de producir simulaciones convincentes de humanidad.
La idea de fondo es simple. El valor del HUMINT nunca estuvo solo en acceder a información, sino en trabajar sobre interacciones humanas concretas, con todo lo que eso implica en términos de percepción, vínculo, incertidumbre y juicio. La irrupción de la IA generativa no altera ese núcleo, aunque sí vuelve más visible la necesidad de pensarlo con precisión. En un entorno donde la información puede ser producida, mediada o simulada con creciente facilidad, el problema del HUMINT sigue siendo, en esencia, el mismo, leer, conducir, interpretar y evaluar interacciones humanas. A partir de allí, este artículo propone examinar qué puede aportar la psicología a ese trabajo en sus distintos momentos, antes, durante y después del contacto con la fuente, y cómo la IA puede, según la fase y el contexto, asistir ese proceso, ofrecer poco valor o incluso introducir nuevas vulnerabilidades.
Conviene aclarar, de todos modos, el alcance del argumento. La evidencia específica sobre HUMINT operativo, sobre todo en sus dimensiones más secretas o clandestinas, sigue siendo relativamente escasa, de modo que este análisis recurre también, con la prudencia necesaria, a hallazgos procedentes de la entrevista investigativa, la psicología del testimonio y la analítica de inteligencia. Esa transferencia no debería leerse como automática ni como una demostración cerrada, aunque sí puede ofrecer una vía razonable para fortalecer una discusión que comparte problemas de memoria, cooperación, formulación de preguntas, carga cognitiva, sesgo y juicio profesional, incluso si el propio secretismo del terreno obliga a reconocer límites que no conviene perder de vista (Hartwig et al., 2014; National Research Council, 2014; Office of the Director of National Intelligence [ODNI], 2015).
La fuente como persona situada
Tal vez convenga comenzar por una obviedad, aunque no siempre se la piense con todas sus consecuencias. Una fuente no es solamente un acceso ni un depósito de información al que se llega por medio de una técnica bien ejecutada. Es una persona situada en una red de temores, lealtades, intereses, restricciones cognitivas y cálculos subjetivos.
Puede cooperar por convicción ideológica, por interés económico, por resentimiento, por necesidad de reconocimiento, por miedo, por presión o por una combinación cambiante de estas variables. Nada obliga a pensar que la motivación sea lineal, estable o plenamente consciente. Incluso cuando parece haber una razón dominante, la experiencia sugiere que los vínculos humanos rara vez se sostienen por una sola causa.
Esto importa porque el HUMINT no obtiene su valor únicamente de lo que la fuente sabe, sino también de las condiciones bajo las cuales decide decirlo, callarlo, dosificarlo o presentarlo de una manera determinada. Una fuente no solo posee información; también administra su exposición, evalúa a quien la escucha y ajusta su conducta a la interacción concreta en la que se encuentra. Visto desde allí, el producto HUMINT deja de parecer una simple extracción y se revela más bien como el resultado de una relación, a veces breve y tensa, a veces prolongada y compleja, en la que se entrelazan lo que una persona recuerda, lo que decide compartir, lo que omite y lo que el operador logra leer, sostener y reconstruir.
Cuando recordar ya es interpretar
En este punto, la psicología cognitiva ofrece un primer aporte especialmente útil. Con frecuencia, en ámbitos vinculados con la inteligencia o la investigación, existe la tentación de leer toda inconsistencia como indicio de mala fe o, en sentido inverso, de suponer que una fuente colaborativa y convincente está entregando necesariamente un contenido exacto. La investigación sobre memoria y testimonio invita a ser bastante más prudentes.
La memoria humana no funciona como una grabación literal. Codifica, reorganiza, rellena vacíos, actualiza y puede incorporar interpretaciones posteriores como si formaran parte del hecho original. En consecuencia, una fuente puede querer colaborar sinceramente y, aun así, ofrecer un relato incompleto, fragmentario o afectado por inferencias propias, por el tiempo transcurrido, por el estrés o por la influencia del contexto posterior (National Research Council, 2014).
Desde esta perspectiva, la inconsistencia no debería leerse de manera automática como mala fe. Puede reflejar, por un lado, deterioro mnésico, reconstrucción, interferencia posterior, estrés o una mala formulación de preguntas. Por otro, también puede responder a conductas deliberadas, como la omisión estratégica o el engaño intencional. El problema, entonces, no es negar la mentira, sino evitar que toda variación del relato quede absorbida prematuramente por ella. Esa cautela no debilita el análisis; más bien podría volverlo más fino, porque obliga a distinguir entre error normal del recuerdo, silencio táctico y engaño intencional.
La dificultad no termina allí. También el operador trabaja bajo límites cognitivos propios. Durante una interacción debe escuchar, interpretar, decidir cuándo intervenir, cuidar el vínculo, registrar el entorno, recordar objetivos y, muchas veces, sostener en paralelo una reconstrucción mental de lo que luego tendrá que comunicar o evaluar. Si aceptamos que la fuente no es un canal transparente, tampoco deberíamos suponer que el operador es una mente transparente que observa desde afuera. También selecciona, olvida, completa lagunas, se precipita o reconstruye. En esa línea, la literatura reciente sobre entrevistas muestra que la toma de notas puede ayudar a recordar y a formular preguntas de seguimiento, aunque también introduce tensiones con la atención y con la calidad de la interacción, algo especialmente relevante cuando el trabajo se apoya en información ambigua y sensible (Williams & McWilliams, 2024).
Vínculo, cooperación y calidad de las preguntas
Si la dimensión cognitiva ayuda a entender cómo se produce y se deforma la información, la psicología social permite comprender por qué una fuente decide hablar, callar, resistir o dosificar lo que comunica. El HUMINT no es una relación entre dos sujetos abstractos, sino una interacción atravesada por percepciones de legitimidad, previsibilidad, respeto, amenaza, utilidad y riesgo. En ese marco, la noción de rapport sigue siendo útil, siempre que no se la trivialice. No parece conveniente entenderla como simpatía superficial ni como una llave mágica de sinceridad, sino más bien como una cualidad funcional de la interacción, vinculada con atención mutua, coordinación práctica y una disposición relacional suficiente para sostener el intercambio (Tickle-Degnen & Rosenthal, 1990; Nunan et al., 2022; Salmerón, 2026).
Dicho de manera más concreta, el rapport puede mejorar las condiciones en las que una fuente decide hablar, sostener la interacción o tolerar repreguntas, pero eso no equivale a garantizar veracidad. En el mejor de los casos, podría favorecer la cooperación y la circulación de información, siempre que coexista con mecanismos de control crítico, contraste y evaluación separada de la fuente y de la información que esta aporta (United Kingdom Ministry of Defence, 2023). La calidad de las preguntas también entra de lleno en esta discusión, porque la literatura sobre interviewing viene mostrando con bastante consistencia que las preguntas abiertas y apropiadas tienden a favorecer una producción informativa más rica y menos distorsionante que las preguntas cerradas, sugerentes o mal secuenciadas. Dicho de otra manera, la cooperación no se construye solo con vínculo, sino también con forma (Hartwig et al., 2014).
No todas las fuentes responden igual
Hay otra zona en la que la psicología podría aportar bastante, aunque convenga hacerlo con prudencia, la de las motivaciones y disposiciones relativamente estables que influyen en el modo en que una persona se vincula, coopera o se repliega. No se trata de convertir al operador en clínico, ni de alentar diagnósticos improvisados, ni de reducir la interacción a etiquetas de personalidad. Pero tampoco parecería razonable asumir que todas las fuentes responden igual al riesgo, al reconocimiento, a la presión o a la promesa de protección.
Algunas pueden mostrar una mayor sensibilidad al reconocimiento personal; otras, al beneficio material; otras, a la rivalidad con terceros o a la necesidad de preservar una imagen determinada de sí mismas. Del mismo modo, ciertos perfiles pueden sostener una cooperación aparentemente estable mientras administran agendas propias, y otros pueden ser mucho más volátiles, impulsivos o dependientes del contexto inmediato. Aunque la evidencia directa sobre HUMINT no autoriza tipologías cerradas, sí parece razonable sostener que una lectura motivacional y disposicional prudente puede ayudar al operador a calibrar mejor el vínculo y a no aplicar la misma lógica relacional a personas muy distintas. Conviene insistir, sin embargo, en que estas diferencias no deberían leerse como categorías rígidas, sino como orientaciones prudentes para afinar la apreciación del operador.
Formar al operador, no solo desplegarlo
Llegados a este punto, aparece una pregunta especialmente importante. Si el HUMINT depende de memoria, percepción, cooperación, motivación, sesgo y lectura situacional, ¿por qué la dimensión psicológica no aparece con más claridad en la formación del operador?
La pregunta no busca desvalorizar el entrenamiento doctrinal, legal o de seguridad, que sigue siendo indispensable. Más bien apunta a señalar una carencia posible. Cuando el trabajo se realiza con personas, no parece suficiente formar a alguien solo para acceder, protegerse y transmitir información. También haría falta prepararlo para comprender cómo funciona un intercambio humano exigente, ambiguo y expuesto a error.
La propia comunidad de inteligencia, al menos en algunos de sus desarrollos normativos, insiste en que el rigor y la calidad no aparecen espontáneamente, sino que deben integrarse a la educación, al entrenamiento y a la evaluación del trabajo (ODNI, 2015). Si trasladamos esa lógica al HUMINT, parecería razonable pensar la formación del operador en, al menos, tres planos.
En un primer plano aparece la alfabetización cognitiva. Comprender cómo funcionan la memoria, la atención, la sugestión, la carga cognitiva y los sesgos no debería verse como un lujo teórico. Más bien podría ser útil para formular mejores preguntas, distinguir con mayor prudencia entre error y engaño y reconocer los límites del propio operador cuando sale de una interacción intensa.
A esa dimensión se suma otra, de carácter interactivo. Aquí no alcanza con hablar de empatía en términos genéricos. Haría falta pensar en escucha activa, manejo de silencios, formulación de preguntas, regulación emocional, lectura del momento oportuno, administración de aperturas y cierres, y también en observación prudente de aspectos no verbales, paraverbales y conductuales. No se trata solo de registrar qué dice la fuente, sino también cómo lo dice, qué cambia en el tono, en el ritmo, en las pausas, en la postura, en la mirada, en la distancia corporal o en la congruencia general entre discurso y conducta.
Dentro de ese registro también entran, entre otras dimensiones, la proxémica y, eventualmente, ciertos cambios microexpresivos. Con todo, conviene subrayar que estos elementos no ofrecen certezas ni equivalencias mecánicas entre gesto y engaño. En el mejor de los casos, podrían aportar pautas o indicios que, leídos en contexto y junto con otros elementos de la interacción, ayuden a orientar la apreciación del operador.
Más difícil de advertir, aunque igualmente importante, es el plano metacognitivo e institucional. También el operador proyecta, selecciona, idealiza, se entusiasma, se precipita o confunde intuición con certeza. Del mismo modo, podría quedar capturado por una impresión inicial o por el rechazo que le provoca alguien con quien no logra establecer sintonía. Por eso, el entrenamiento no debería limitarse a la interacción con la fuente. También debería incluir mecanismos para volver visible el propio error, someter la interpretación a contraste y evitar que la agudeza individual quede idealizada como si bastara por sí sola. La investigación sobre entrenamiento de entrevistadores sugiere, de hecho, que las mejoras más sostenidas no dependen solo de cursos iniciales, sino de revisión, supervisión y retroalimentación sistemática (Brubacher et al., 2022).
A esto se suma una cuestión menos visible, aunque no menos importante. El operador también comunica con su cuerpo, con su voz, con su postura, con su forma de mirar y con su manera de ocupar el espacio. Una distancia mal calibrada, una rigidez excesiva, una expresión facial poco regulada o un tono inadecuado pueden afectar el vínculo con la fuente antes incluso de que aparezca una dificultad explícita en el contenido. Entrenar esa vigilancia sobre sí mismo no lo vuelve dubitativo; podría volverlo, más bien, más confiable.
Después del contacto, el HUMINT continúa
Hay una imagen bastante instalada del trabajo con fuentes humanas, la del momento del encuentro. Sin embargo, una parte decisiva del valor del HUMINT se juega después. Una vez finalizada la interacción, el operador debe recordar, ordenar, comunicar e interpretar lo ocurrido. A veces contará con notas, a veces con registros parciales y, en otros casos, sobre todo en entornos más rústicos o menos instrumentados, dependerá en gran medida de su memoria.
Esto vuelve especialmente delicada una fase que muchas veces se trata como si fuera puramente administrativa, cuando en realidad también está atravesada por procesos cognitivos exigentes. La experiencia inmediata no se traduce automáticamente en un relato claro, completo y analíticamente útil. Puede haber detalles no registrados, cambios de impresión, inferencias apresuradas o elementos contextuales que recién cobran sentido al reconstruirse después. En una encuesta reciente a entrevistadores forenses, la mayoría señaló que toma notas durante la entrevista porque eso ayuda a recordar y a formular preguntas de seguimiento, aunque al mismo tiempo se reconocen tensiones con la atención y con la calidad de la interacción (Williams & McWilliams, 2024).
Esto sugiere que el trabajo HUMINT no concluye cuando termina el contacto con la fuente. Comienza entonces una segunda operación, menos visible pero igualmente importante, la de reconstruir lo ocurrido, separar observación de inferencia, recuperar detalles y exponer el propio recuerdo a contraste. En este punto, la revisión entre pares o la consulta con otros profesionales puede cumplir una función especialmente valiosa, casi como una entrevista al entrevistador, orientada no a desautorizar su experiencia inmediata, sino a ayudarlo a reconstruir con mayor precisión lo acontecido, identificar omisiones, matizar interpretaciones tempranas y fortalecer el control de calidad del producto (Brubacher et al., 2022; ODNI, 2015). Ese segundo momento no es accesorio al HUMINT, sino parte de la manera en que la interacción se convierte, efectivamente, en inteligencia utilizable.
IA generativa, apoyo útil, sustitución riesgosa
La irrupción de la IA generativa obliga, naturalmente, a introducir una pregunta inevitable.
¿Qué lugar podría ocupar en el HUMINT, y hasta dónde convendría confiar en ella?
La respuesta más prudente, a mi juicio, exige distinguir fases y funciones. Antes de una interacción, la IA parece especialmente útil para preparar la actividad. Puede ayudar a resumir antecedentes, ordenar información dispersa, reconstruir cronologías, traducir materiales, detectar lagunas de conocimiento y acompañar la formulación de hipótesis de aproximación. En ese plano, su capacidad para procesar grandes volúmenes de texto y asistir en la organización de información resulta claramente aprovechable (Autio et al., 2024; Europol, 2023).
Después del encuentro, también puede cumplir un papel relevante. Puede servir para estructurar el relato del operador, comparar versiones, señalar vacíos aparentes, sugerir preguntas aclaratorias, contrastar lo obtenido con antecedentes disponibles y acompañar ciertos razonamientos exploratorios durante la fase de debriefing o análisis posterior. Allí funciona, sobre todo, como apoyo a la organización y al contraste.
El problema cambia cuando se la sitúa en el núcleo mismo de la interacción. En el momento en que una fuente duda, tantea, miente parcialmente, prueba al operador o cambia de disposición a través de señales sutiles, lo que está en juego no es solo el procesamiento de información, sino algo mucho más difícil de automatizar, la lectura situada de la ambigüedad. Y esto se vuelve todavía más evidente cuando la interacción ocurre en entornos poco controlados, sin instrumentación completa, donde una parte considerable del sentido emerge del contexto, del cuerpo, del timing y de variables que no siempre pueden traducirse limpiamente a un flujo de datos.
No parece casual, entonces, que los marcos más serios de gestión de riesgo en IA insistan al mismo tiempo en el aprovechamiento de capacidades y en la necesidad de supervisión humana, validación empírica, trazabilidad y evaluación contextual del uso. La literatura técnica actual no invita a pensar en una sustitución plena del profesional, sino en un aumento supervisado y situado de sus capacidades (Autio et al., 2024). En términos más sencillos, todo indica que la IA generativa resulta más útil para preparar y explotar información que para conducir el vínculo.
Hay, además, otro aspecto que no conviene perder de vista. La IA no solo ofrece herramientas al operador; también puede transformar el entorno en el que el HUMINT opera. En la medida en que estas tecnologías permiten producir textos, voces, imágenes y materiales cada vez más convincentes, también facilitan suplantaciones, simulaciones de identidad y formas más sofisticadas de manipulación. Esto agrega una capa nueva al problema clásico de la credibilidad. Ya no se trata solamente de preguntarse si una fuente miente o dice la verdad. En determinados contextos, también podría ser necesario preguntarse si algunos signos de autenticidad fueron técnica o sintéticamente producidos (Europol, 2023; NATO, 2024).
Lejos de volver irrelevante a la psicología, este escenario parece reforzar su importancia. En un entorno donde la apariencia de humanidad puede ser imitada con creciente eficacia, la lectura fina de la interacción, del contexto, de la coherencia conductual y del vínculo se vuelve todavía más relevante.
Apreciación
El recorrido desarrollado permite sostener una idea que, aunque no sea nueva, hoy adquiere una visibilidad particular. Cuanto más sofisticado se vuelve el entorno tecnológico, más necesario parece distinguir qué parte del HUMINT sigue siendo difícilmente automatizable.
La IA generativa puede aportar mucho en la preparación, en la organización, en el contraste y en la explotación posterior del material. Incluso puede funcionar como apoyo conversacional durante un debriefing o ayudar a detectar lagunas y nuevas líneas de indagación. Pero no parece prudente pedirle que reemplace aquello que constituye el núcleo del trabajo con fuentes humanas, la construcción de una relación funcional, la lectura situada de la ambigüedad, la percepción del riesgo, la interpretación de señales complejas y la responsabilidad final sobre el sentido de lo obtenido.
Si el HUMINT trabaja con personas, entonces quizá debería pensarse con mayor decisión desde aquello que las personas hacen cuando perciben, recuerdan, dudan, cooperan, temen, calculan y se vinculan. Todo indica que sí. Y justamente por eso la psicología, integrada con prudencia y sin excesos, puede servir no para reemplazar la doctrina del HUMINT, sino para volverla más fina, más consciente de sus límites y más cercana a la complejidad real del terreno en el que opera.
Referencias
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- Europol. (2023). AI and policing: The benefits and challenges of artificial intelligence for law enforcement. Publications Office of the European Union.
- Hartwig, M., Meissner, C. A., & Semel, M. D. (2014). Human intelligence interviewing and interrogation: Assessing the challenges of developing an ethical, evidence-based approach. In R. Bull (Ed.), Investigative interviewing (pp. 209–228). Springer. https://doi.org/10.1007/978-1-4614-9642-7_11
- National Research Council. (2014). Identifying the culprit: Assessing eyewitness identification. The National Academies Press.
- NATO. (2024, July 10). Summary of NATO’s revised Artificial Intelligence (AI) strategy. https://www.nato.int/en/about-us/official-texts-and-resources/official-texts/2024/07/10/summary-of-natos-revised-artificial-intelligence-ai-strategy
- Nunan, J., Stanier, I., Milne, R., Shawyer, A. M., Walsh, D., & May, B. (2022). The impact of rapport on intelligence yield: Police source handler telephone interactions with covert human intelligence sources. Psychiatry, Psychology and Law, 29(1), 1–19.
- Office of the Director of National Intelligence. (2015). Intelligence Community Directive 203: Analytic standards. https://www.dni.gov/files/documents/ICD/ICD-203.pdf
- Salmerón, M. (2026, 16 de abril). El valor del rapport en inteligencia, entre la confianza, el método y la incertidumbre. El Analista. https://elanalista.com.ar/el-valor-del-rapport-en-inteligencia-entre-la-confianza-el-metodo-y-la-incertidumbre/
- Tickle-Degnen, L., & Rosenthal, R. (1990). The nature of rapport and its nonverbal correlates. Psychological Inquiry, 1(4), 285–293.
- United Kingdom Ministry of Defence. (2023). Joint Doctrine Publication 2-00: Intelligence, counter-intelligence and security support to joint operations (4th ed.).
- Williams, S., & McWilliams, K. (2024). “Just to jog my memory”: An examination of forensic interviewers’ note-taking behaviors and perceptions of notes with child witnesses. Journal of Interpersonal Violence, 39(21–22). https://doi.org/10.1177/0886260524124334
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