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El liderazgo en el Sistema Internacional actual    

Por Martin Diaz Acevedo

La II Guerra Mundial cambió el sistema tradicional de poder con predominio europeo, surgiendo en su lugar dos superpotencias, la Unión Soviética y los Estados Unidos, que fueron aliados durante la guerra, pero que devinieron posteriormente en competidores en el escenario internacional. El mundo se dividió en dos bloques, oriental comunista y occidental capitalista, liderados por los soviéticos y los Estados Unidos   respectivamente. (sistema bipolar)

Con la finalización de la guerra en 1945, las potencias aliadas crearon la Organización de Naciones Unidas, organismo internacional concebido para garantizar la paz y la seguridad para todas las naciones. Al final de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) ya se había creado una organización encargada de velar por la paz y la seguridad en el mundo: la Sociedad de Naciones. No obstante, esta organización se disolvió tras fracasar en sus intentos de impedir una segunda guerra mundial y fue reemplazada por la actual Organización de las Naciones Unidas.

Para 1991 la URSS se fragmentó en las repúblicas que la integraban y fue entonces cuando la estructura del sistema internacional cambió nuevamente, volviéndose asimétrica para beneficio de Estados Unidos. El poder militar y económico de Estados Unidos no tenía precedentes en la historia del sistema internacional, con el consecuente triunfo de las ideologías democrático-liberales. (sistema unipolar)

A principios del siglo XXI, el mayor impacto en el escenario internacional fue el ascenso de China, modificando los mercados globales, especialmente los de América Latina, contribuyendo indirectamente al fortalecimiento de sus economías y a su presencia en el escenario internacional. Esto, aunado a la oposición mundial por la guerra de Iraq, debilitó sin duda la influencia estadounidense generando un equilibrio de su poder.

Después de la pandemia producida por el SARS-COV-2 y del conflicto Rusia-Ucrania, vale la pena preguntarse si puede hablarse de un nuevo cambio en la estructura del Sistema Internacional, superando la unipolaridad y el equilibrio de su original influencia, para llegar a un sistema apolar.

El mundo económico después de la pandemia

El impacto de la pandemia producida por el SARS-COV-2 y las medidas que se adoptaron en el mundo para contenerla, especialmente la de suspender actividades, provocaron una violenta contracción de la economía mundial, la cual según el Banco Mundial sería la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial, y la primera vez desde 1870 en que tantas economías experimentaron      una disminución del producto per cápita (Banco Mundial, 2020).

Estos desalentadores análisis no sólo resultaron ciertos, sino que los efectos de la pandemia fueron particularmente nocivos, como era de esperarse, en los países más afectados por el SARS-COV-2 y más aún, en aquellos que dependen en un alto porcentaje del comercio internacional y del financiamiento externo.

El mejor pronóstico respecto a la recuperación de la economía en el 2021 era la que consideraba que aquella sería moderada, lo que significa una producción mundial muy inferior a la anterior a la pandemia.

Según estudios del Banco Mundial,      se proyectaba que la economía mundial crecería un 4 % en 2021 después de una contracción del 4,3 % del año anterior, panorama condicionado a que las medidas de control tomadas reducirían las tasas de infección y que el proceso de vacunación se acelerara en todo el mundo (Banco Mundial, 2021).

En cuanto a los países de ingreso bajo, se esperaba un crecimiento económico de tan sólo un 3,3 % en 2021 y unos ingresos per cápita más bajos, y eso contando con que no se retrasara el proceso de vacunación.

En últimas, y de acuerdo con el Banco Mundial, el potencial de crecimiento mundial que ya se estaba desacelerando antes de la pandemia, fue estimulada por el SARS-COV-2 aumentando considerablemente esa desaceleración tanto en la economía mundial como en las economías de mercados emergentes y en desarrollo.

En el informe titulado El Panorama Fiscal de América Latina y el Caribe 2021, la secretaria ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena,       señala que la dinámica del crecimiento en 2021 no compensará la caída en la actividad económica en 2020, que la recuperación de los niveles de empleo será lenta, lo que genera incertidumbre sobre la velocidad y sostenibilidad de la recuperación económica (CEPAL, 2021).

En 2020 -continúa la autora- América Latina y el Caribe fue la región más afectada por la pandemia, razón por la cual en estos países se adoptaron políticas fiscales dirigidas a fortalecer los sistemas de salud pública, apoyar a las familias y proteger la estructura productiva. Esta expansión del gasto público aumentó significativamente los déficits fiscales y los niveles de endeudamiento en esta región que ya era una de las más endeudadas del mundo.

Por su parte, Estados Unidos frenó su expansión económica a causa del SARS-COV-2, con pronósticos de una profunda recesión en 2020 (CEPAL, 2020). En orden a recuperar su economía, algunos de los desafíos que enfrenta la economía estadounidense y que deberá superar son: (Barría, 2021)

La inflación, que ha propiciado que el costo de los alimentos, la vivienda y la gasolina, entre otros, aumenten, así como el precio de los arriendos y de las viviendas.

Escasez de productos por problemas en las cadenas de suministro de productos a nivel global, ya que la pandemia provocó un gran cambio en la demanda, desde el consumo de servicios al de productos físicos. Esta situación podría extenderse incluso hasta inicio de 2023.

El mercado laboral, es otro desafío para la economía estadounidense, ya que los trabajadores están renunciando a sus trabajos a un ritmo récord que llegó a 4.3 millones de personas en agosto, casi el 3% de la fuerza laboral, fenómeno que se hace más evidente en aquellos trabajos con las remuneraciones más bajas y en los que las personas están más expuestas a contagiarse.

Europa finalmente, sufrió también un gran impacto económico, sanitario y social con ocasión de la pandemia. La Comisión Europea dio prioridad a la protección de las empresas para evitar la quiebra. La respuesta inmediata consistió en mitigar el impacto en aquellas y hacer frente a la crisis sanitaria mediante la vacunación de manera coordinada en Europa.

El paquete acordado por el Consejo Europeo incluyó la emisión de deuda europea para financiar la recuperación en el conjunto de la UE, limitando el incremento de deuda nacional que pudiera impedir el crecimiento futuro de las economías; impulsar la transformación necesaria de las economías europeas, con las inversiones necesarias para modelar las estructuras productivas del futuro (Basilio Pardo & Díaz, 2020).

En síntesis, es la flexibilidad de las ayudas estatales la que permite a los Estados miembros introducir sistemas de garantía para bonos y otros regímenes de liquidez, para apoyar a las empresas y garantizar que se atiendan las solicitudes de reembolso a causa de la pandemia de coronavirus.

No obstante, las previsiones económicas de 10 de febrero de 2022, publicadas por la Comisión Europea son moderadas, pues indican que, tras una notable expansión del 5,3 % en 2021, la economía de la UE crecerá un 4,0 % en 2022 y un 2,8 % en 2023, dependiendo de la reapertura de las actividades y del avance de la vacunación en los países.

La movilidad política mundial

Como el cuento del pastorcito mentiroso que alertaba a los demás pastores con la presencia de un lobo que iba a devorar sus ovejas sin ser cierto, hasta que un día tal lobo en efecto apareció y devoró su rebaño mientras los demás pastores ya no creyeron en sus lamentos, una situación similar ocurrió con la presencia de tropas extranjeras en Afganistán. Tanto Obama como Donald Trump anunciaron en su momento el retiro de las tropas en Afganistán, cosa que no ocurrió.

Finalmente, apareció el lobo. Estados Unidos ya debilitado como se examinó en precedencia, por una gran recesión económica debida a la pandemia, tuvo además que afrontar una derrota, en el mejor de los casos simbólica en su política exterior y de seguridad, por cuenta del retiro de las tropas estadounidenses de Afganistán el 14 de abril de 2021. Los Talibanes retomaron el control progresivo de varias ciudades hasta apoderarse de Kabul.

Ni más ni menos, una entrega de poder a los talibanes, pero además muy apresurada. ¿Dónde se quedaron las promesas de los presidentes de Estados Unidos sobre un Afganistán democrático con instituciones depuradas, con libertades para todos los ciudadanos y garantías para las mujeres?  (acuerdos de Bonn de diciembre de 2002)

Desde el inicio en términos de seguridad internacional, la invasión a Afganistán fue un fracaso por cuanto ninguna recuperación al menos en su nivel de vida, les tocó a los afganos. Lo único que se logró fue la eliminación de Osama Bin Laden.

Los presidentes Obama, Trump y ahora Biden dejaron ver que estaban mucho más preocupados por cómo salir de Afganistán que por honrar las obligaciones adquiridas, todo para limitar cualquier impacto adverso en sus posibilidades electorales (García, 2021).

Sea como fuere, el retiro de las tropas estadounidenses es un gran golpe para la credibilidad de Estados Unidos y para su posición moral en los asuntos internacionales. El modelo de intervencionismo de tipo liberal justificado en todo tipo de asuntos internacionales en aras de la expansión de la democracia, sin duda sufrió un duro revés. Se podría afirmar que después de más de un siglo de protagonismo Estados Unidos ha empezado a retraerse y que esta circunstancia puede cambiar el sistema internacional y ser aprovechada por potencias emergentes.

Por su parte, Alemania se despidió de su canciller Angela Merkel, líder que logró ser una fuerza importante dentro de la Unión Europea. La política exterior de Merkel se caracterizó por el pragmatismo y la serenidad y por la defensa del multilateralismo, y la conservación de las estructuras que resultaron      eficientes. Existe una atendible preocupación por la salida de Merkel, quien con serenidad y realismo enfrentó la salida del Reino Unido de la Unión Europea (brexit) y la pandemia del SARS-COV-2 en su país. Sin duda supo derrotar cualquier tipo de extremismo ideológico y defendió el europeísmo para evitar su desintegración.

La canciller Merkel direccionó con acierto a la Unión Europea durante la crisis financiera de 2008, la inestabilidad política y populista de países como Hungría y Polonia, la creciente xenofobia, y el impacto económico del SARS-COV-2 También ha sido el puente y el hilo conductor entre la Europa Mediterránea y del Este (Jensen, 2021).

Algunos consideran que dentro del panorama internacional Emmanuel Macron      sería el obligado heredero de Merkel, el nuevo líder de Europa. No obstante, estas expectativas parecen no estar a la altura de los resultados.

El presidente de Francia es consciente de que tiene una oportunidad para ocupar ese puesto, lo que le permitiría adoptar su visión de una Europa poderosa y dar a la Unión Europea un objetivo claramente político. 

Aunque el liderazgo de Macron es de todas maneras una opción, es difícil que sea él la persona idónea      para moldear las alianzas que son necesarias, amén de que toda Europa es consciente de que Francia usaría a Europa para lograr sus propios intereses, cuestión que desde luego está muy lejos de cautivarlos. Una reciente investigación del centro de pensamiento European Council on Foreign Relations (ECFR), reveló que, “si pudieran, el 41% de los europeos daría su apoyo a Angela Merkel como presidenta de Europa, frente a solo el 14% que lo haría por el presidente francés Emmanuel Macron, el otro personaje por el que preguntaron en su encuesta.” (Hasselbach, 2018).

Francia inició en el 2022 asumiendo la presidencia rotativa de la Unión Europea -seis meses de presidencia- y ya Macron anunció una agenda ambiciosa para el bloque de 27 países, conocedor de que lucirse en el escenario internacional le sirve para su campaña de reelección en Francia, otro aspecto que desagrada a los europeos. Merkel y Macron no solo se diferencian en cuanto al trato con socios difíciles, (Merkel exigió que se detuvieran las negociaciones de membresía con Ankara, por violaciones de los derechos humanos mientras Macron califica a Turquía de «socio indispensable”) sino también en su estilo:  Merkel busca conversar con Trump, Putin o Erdogan, conservando su objetividad y distancia protocolaria. No así Macron, quien estrechándole la mano a Trump le expresa «Make the planet great again” (Hasselbach, 2018).

Haciendo propios los pronósticos de Helen Thompson [1], liderar la Unión Europea no es una tarea fácil y los planes de Macron para Europa, desde una unión monetaria más profunda hasta una mayor capacidad militar e independencia tecnológica, no cuentan con un amplio respaldo. Hay un vacío en el corazón de la UE ya que nadie se convertirá en la nueva Merkel (Thompson, 2021). La anterior aseveración de Thompson significaría ni más ni menos, el estancamiento de Europa.

En cuanto a China, su economía resistió los peores efectos económicos de la pandemia mostrando un crecimiento del producto interior bruto en un 2,3 % en 2020. Aunque el inicio del 2022 no parece el mejor por los nuevos brotes del SARS-COV-2 ya que se calcula que el consumo privado se mantendrá por debajo del nivel de tendencia anterior a la pandemia (-2,8% o -170.000 millones de dólares) (Solunion, 2022), conteniendo este nuevo brote se logrará la recuperación económica del país.

Para el efecto, podrían recortarse los intereses y realizarse inversiones públicas en infraestructura. Sea cual fuere la estrategia, lo cierto es que será necesaria la integración comercial regional y la suspensión de las tensiones comerciales con Estados Unidos, porque podrían obstaculizar las exportaciones chinas, tanto la reacción de Estados Unidos con subidas de aranceles contra China por no cumplir los objetivos de importación del Acuerdo de la Primera Fase, como las sanciones económicas impuestas por el mismo país como reacción al aumento de las incursiones militares de China en el estrecho de Taiwán.

Económicamente, China sufrió menos que Estados Unidos los estragos de la pandemia. Fue el único país que tuvo crecimiento del PIB en 2020. Eso les permite a muchos analistas económicos pronosticar el momento en el que se convertirá en la mayor economía del mundo que, según la japonesa Nomura Holdings se proyecta en 2026, mientras que el think tank inglés CBRE lo anticipa en 2028 y el Oxford Economics en 2029.            

Los cálculos de estos expertos parten de analizar el crecimiento chino      a una tasa superior al 5% entre el 2021 y el 2025 y mantendrá un crecimiento superior a 4% en los años siguientes mientras que Estados Unidos tendrá un fuerte crecimiento en el 2021, pero no crecerá arriba de 3% en ninguno de los años posteriores al 2022 (Gonzáles, 2021).

Desde luego que para alcanzar ese privilegiado puesto, China deberá ser el referente internacional en temas financieros y tecnológicos, y para lograrlo deberá hacer uso del soft power y convertirse en un ejemplo a seguir.

P     or otra parte, no permitirá que la guerra Rusia-Ucrania la aleje de su propósito de competir con los principales países del mundo, liderando la economía mundial en muy pocos años, con un sistema mundial abierto con libre flujo de capital, por lo que no le conviene intermediar a favor de su gran amiga Rusia. Será más bien, un actor importante pero neutral en el escenario internacional que mostrará su simpatía por Rusia, y que exhortará por la paz.

Conflicto Ucrania-Rusia y el papel de las organizaciones internacionales

El conflicto entre Rusia y Ucrania      que se desarrolla actualmente, tiene como origen la negativa rusa a aceptar el acercamiento de la OTAN y de la Unión Europea a la exrepública soviética     , ya que Moscú la considera parte de su identidad y necesaria para su seguridad.

El 21 de febrero de 2022 Putin firmó el reconocimiento de las regiones prorrusas ucranianas de Donetsk y Lugansk y ordenó el envío de tropas rusas a la zona. El 24 de febrero, el presidente ruso anunció una “operación militar especial” en Donbás, lo que derivó en fuertes explosiones en varios puntos del este de Ucrania. Rusia inicia su ataque contra Ucrania desde el norte, este y el sur. El 25 de febrero las tropas rusas llegan a Kiev y lanzan ofensivas contra infraestructuras civiles, causando al menos 137 muertos.

Ya a finales de 2021, Estados Unidos      anticipó la invasión rusa     , de acuerdo con The Washington Post, desde el 3 de diciembre de 2021. El 4 de enero de 2022 Estados Unidos nuevamente previene sobre el hecho de que Rusia planeaba un sabotaje contra sus fuerzas en el este de Ucrania para atribuírselo a Kiev y justificar una invasión. Pero nuevamente como en el cuento del pastorcito mentiroso, tales anuncios no tuvieron credibilidad, hasta que la invasión fue un hecho.

Y hablando de oráculos precedentes, John J Mearsheimer, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Chicago, predijo la Guerra de Ucrania en junio de 2015 en una conferencia universitaria. El profesor Mearsheimer afirmaba que Occidente desde el 2014 venía armando a Ucrania para que Rusia enfrentara una Guerra de Desgaste. Rusia en cambio fue preparándose para una guerra rápida y/o de objetivos limitados. Como la disuasión fracasó, tenemos, según el autor, la presente guerra. (Battaleme, 2022).

     Como consecuencia de este conflicto, los precios de las materias primas se elevarán, especialmente el petróleo, los productos agrícolas y los metales. La dependencia del gas y petróleo ruso por parte de muchos miembros de la UE y de los cereales rusos y ucranianos, incidirá considerablemente en los mercados comunes.      Europa tendrá que sustituir la oferta de gas ruso con gas procedente de otros países y en consecuencia, a otros precios. Serían viables por ejemplo, el gas natural licuado de EE. UU. y el gas procedente de Argelia.

En suma, teniendo en cuenta las sanciones impuestas a Rusia por Estados Unidos, la Unión Europea y otros países, aunque no se conozca aún la reacción rusa, se puede con cierto grado de confianza pronosticar que los costos de la guerra serán mayores, en primer lugar para Rusia, pero también para el resto de la economía global.

Aunque es muy difícil aventurarse a proyectar a futuro la evolución del conflicto, algunos escenarios podrían ser:

Convertirse      en una guerra prolongada en la que, aún en el caso de una invasión rusa exitosa, será difícil mantener ese dominio. Occidente proporcionará armas y municiones a Ucrania, hasta que, desgastada Rusia, las tropas rusas abandonen Ucrania.

Ucrania declara su neutralidad y renuncia a participar en la OTAN y en la Unión Europea, siempre que se respete la integridad de su territorio.

Se reconoce que Crimea hace parte de Rusia. De igual manera se reconoce que Donetsk y Lugansk, actualmente bajo el dominio prorruso, son estados independientes.

Analizando este conflicto desde otro punto de vista      y con el propósito de examinar la relevancia de algunos organismos multilaterales en el siglo XXI, es necesario decir que la Organización de Naciones Unidas es y ha sido impotente para garantizar la paz en el mundo, por un problema fundamentalmente estructural. En el Consejo de Seguridad, órgano que tiene la misión de mantener la paz y la seguridad, solo tienen asiento permanente cinco países     ; Estados Unidos, Rusia, Francia, Reino Unido y China. Estos países poseen un poder de veto que, en la práctica, ha hecho inoperante al Consejo.    

Esto ha propiciado que en temas fundamentales como los conflictos armados, cualquiera de los miembros permanentes con algún interés particular pueda paralizar las decisiones que no le son convenientes.

Por ejemplo, entre 2001 y 2006 Estados Unidos vetó nueve resoluciones sobre la situación de Palestina por su cercanía con Israel. En 2014, Rusia vetó la resolución que condenaba la anexión de Crimea a su territorio. En 1977, Reino Unido, Francia y Estados Unidos vetaron una resolución para evitar “la cooperación económica y disuadir a Sudáfrica de acabar el apartheid” (Revista Semana, 2018).

Es así como, después de cinco reuniones desde la invasión a Ucrania del 24 de febrero, los 15 miembros del Consejo se reunieron para condenar mediante Resolución la invasión rusa a Ucrania, pero el veto de Rusia impidió aprobar una resolución del Consejo de Seguridad que condenaba la ofensiva de Vladimir Putin sobre Ucrania y que contó con el voto a favor de 11 de los 15 miembros del Consejo de Seguridad y tres abstenciones.

La resolución citada obtuvo el voto a favor de Albania, Brasil, Gabón, Ghana, Kenia, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Irlanda, México y Noruega. Se abstuvieron China, India y los Emiratos Árabes Unidos. Rusia votó en contra. Y como el voto negativo de cualquiera de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad impide que éste pueda actuar en los términos en que se solicitaba en la Resolución, nuevamente se evidencia que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas está condenado a hacer de invitado de piedra en la guerra desatada con la invasión rusa a Ucrania.

La Asamblea General, donde no existe tal veto, el 2 de marzo adoptó una resolución para la ayuda humanitaria en Ucrania y el cese inmediato de hostilidades por parte de Rusia, No obstante, las resoluciones de la Asamblea General no son vinculantes, sólo reflejan la posición de los 193 Estados miembros de la ONU.

No es la ONU entonces un actor capaz de superar las problemáticas mundiales que se han presentado en el siglo XXI, por cuanto además de poseer una estructura ya caduca, es manipulada por los países más poderosos al vaivén de sus propios intereses.

La OTAN, (Organización del Tratado del Atlántico Norte), es una organización internacional de carácter político y militar cuyo objetivo es garantizar la seguridad y libertad de sus miembros. Su nacimiento en 1949 se justificó en la necesidad de los países occidentales de protegerse ante un posible ataque de la Unión Soviética.

Pero, a pesar del colapso y desaparición del bloque soviético en 1989 y 1991     , la OTAN no se disolvió y decidió expandirse aprovechando la debilidad de Rusia en el escenario geopolítico. Han sido necesarios desde entonces, reacomodamientos doctrinales para permanecer como la institución de seguridad del área del Atlántico Norte.

Las dos únicas actuaciones de la OTAN de importante trascendencia      sucedieron durante la Guerra de Bosnia (1992-1995) cuando actuó bajo el mandato del Consejo de Naciones Unidas. (Su misión fue hacer cumplir las zonas de exclusión aérea y el bombardeo de posiciones de los serbobosnios para obligarlos a firmar la Paz de Dayton).La otra,      en 1999 durante los bombardeos en Yugoslavia contra Serbia para detener los crímenes contra la humanidad que estaban cometiéndose en Kosovo.

Pero la ilusión sobre su intervención exitosa finalizó el 11 de septiembre de 2001 (11-S) cuando el islamismo radical atacó las Torres Gemelas y al Pentágono; en efecto, una de las amenazas emergentes, el terrorismo internacional, se había materializado de un modo inimaginable. La OTAN proclamó que uno de sus miembros había sido atacado, lo que de acuerdo con el artículo V del Tratado de Washington activaba el mecanismo de defensa colectiva. Pero la respuesta norteamericana fue ignorar esa activación. Como consecuencia, se dejó a la OTAN fuera de la ecuación de la Guerra Global contra el Terror, GWOT (Global War On Terror). La fuerte oposición de Francia y Alemania a la invasión de Irak en 2003 no es otra cosa que una prueba más de la falta de viabilidad de la OTAN para el futuro (González, 2007).

Compartiendo en principio la percepción de Ruiz González citado en párrafo anterior, el papel de la OTAN se redujo a ser una entidad de consulta, que adelanta actividades de asistencia humanitaria o mantenimiento de la paz en lugares remotos.

No obstante, su papel en el conflicto Rusia-Ucrania ha sido relevante. Es de recordar que la Alianza mantiene una relación estrecha con Ucrania desde que el país se unió al Consejo de Cooperación del Atlántico Norte en 1991 y al programa Asociación para la Paz en 1994.

El bloque viene advirtiendo al régimen      de Vladimir Putin sobre las consecuencias del ataque y, como medida disuasiva se activó la Fuerza de Respuesta de la OTAN. Rusia respondió poniendo en alerta especial a su ejército, lo que puede incluir el uso de armas nucleares. El gobierno ruso, previo al inicio del conflicto bélico, aseguró que no habría una invasión siempre y cuando no hubiese más ampliación de la OTAN hacia Europa del Este.

Por ahora, la OTAN no ha impuesto una zona de exclusión aérea, por temor a que con ello pueda aumentar las tensiones con Rusia. Y es que la creación de una zona de exclusión aérea sobre Ucrania significaría el despliegue de aviones de combate de la OTAN y posiblemente el derribo de aviones rusos, con lo que se llegaría a una guerra en Europa, involucrando a muchos más países.

A futuro, esta organización puede ser importante en el escenario internacional, siempre y cuando adopte una serie de reformas de carácter organizacional para poder adaptar sus estructuras a los nuevos escenarios. Otros aspectos a tener en cuenta son el aumento del presupuesto militar, la coordinación óptima de las fuerzas de los países miembros, una mejora en su tecnología y la adopción de la ciberdefensa como uno de sus instrumentos de lucha y anticipación de amenazas.  Conclusión

Sin duda el liderazgo de Estados Unidos como potencia hegemónica se ha deteriorado y posiblemente continuará haciéndolo. La distribución del poder en el Sistema Internacional del siglo XXI por la emergencia de nuevos actores poderosos que ejercen una influencia más allá de sus respectivas regiones como China, los errores de Estados Unidos en política exterior y su pérdida de credibilidad, han ocasionado esta ausencia de liderazgo.

Es posible que a futuro el equilibrio de poder sea sustituido por un nuevo equilibrio bipolar en el que ahora China ocupe la posición de competidora en igualdad de condiciones con EE. UU.

Pero parece menos improbable plantear una especie de globalismo descentralizado en el que ni EE.     UU. ni otras potencias ejerzan el liderazgo mundial. El académico Richard Haas sostiene que la característica principal de las relaciones internacionales del siglo XXI vendría a ser la “no polaridad”, un mundo dominado no por uno o dos o incluso varios Estados, sino por docenas de actores que tienen y ejercen diversos tipos de poder (Haass, 2008).

Es lo que se ha llamado la apolaridad en el Sistema Internacional. Existirían en este caso áreas de influencia de carácter regional, cosa que no sería fácil mantener si se considera que hoy las sociedades y economías se encuentran interconectadas, pero sería posible. En suma, los Estados pierden su potestad en el Sistema Internacional y en su lugar surgen centros de poder limitados tanto estatales como no estatales, a saber, organizaciones regionales, corporaciones transnacionales, organizaciones de carácter político y militar y organizaciones no gubernamentales, entre otros centros de poder relativo.

Referencias:

Banco Mundial. (2020). La COVID-19 (coronavirus) hunde a la economía mundial en la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial. https://www.bancomundial.org/es/news/press-release/2020/06/08/covid-19-to-plunge-global-economy-into-worst-recession-since-world-war-ii

Banco Mundial. (2021). Una recuperación moderada, con daños que reparar. https://www.bancomundial.org/es/news/feature/2021/01/05/global-economic-prospects

Barría, C. (2021). El triple desafío que enfrenta la economía de Estados Unidos. BBC. https://www.bbc.com/mundo/noticias-58935177#:~:text=La economía de Estados Unidos se está recuperando después del,el más alto desde 1984.

Basilio Pardo, C., & Díaz, C. (2020). Respuesta económica europea en tiempos de pandemia: una visión española. https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/respuesta-economica-europea-en-tiempos-de-pandemia-una-vision-espanola/#:~:text=La UE no se puede,en el modelo productivo futuro.

Battaleme, J. (2022). John Mearsheimer, el profeta del realismo y la guerra de Ucrania. https://www.infobae.com/opinion/2022/03/10/john-mearsheimer-el-profeta-del-realismo-y-la-guerra-de-ucrania/

CEPAL. (2020). Informes COVID-19: Impacto del COVID-19 en la economía de los Estados Unidos y respuestas de política. CEPAL, Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 1-35. https://fred.stlouisfed.org/series/ICSA,

CEPAL. (2021). Los desafíos de la política fiscal en la recuperación transformadora pos-COVID-19 2021. https://www.cepal.org/sites/default/files/publication/files/46808/S2100170_es.pdf

García, C. (2021). La retirada de Afganistán y sus implicaciones para la Administración Biden. https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/la-retirada-de-afganistan-y-sus-implicaciones-para-la-administracion-biden/

Gonzáles, L. M. (2021). China será la mayor economía del mundo entre 2026 y 2030, ¿Qué hará Biden? El Economista. https://www.eleconomista.com.mx/opinion/China-sera-la-mayor-economia-del-mundo-entre-2026-y-2030-Que-hara-Biden-20210122-0009.html

González, F. J. R. (2007). El declive de la otan y el futuro del vínculo transatlántico. 1, 41-53.

Haass, R. (2008). The Age of Nonpolarity What Will Follow U.S. Dominance. Foreign Affairs. https://www.foreignaffairs.com/articles/united-states/2008-05-03/age-nonpolarity

Hasselbach, C. (2018). ¿Será Macron el nuevo Merkel? DW. https://www.dw.com/es/será-macron-el-nuevo-merkel/a-42046101

Jensen, M. (2021). El mundo post-Merkel. El País. https://www.elpais.com.co/opinion/columnistas/muni-jensen/el-mundo-post-merkel.html

Revista Semana. (2018). Naciones Unidas: ¿un organismo irrelevante? Revista Semana. https://www.semana.com/mundo/articulo/onu-es-un-organismo-irrelevante/585028/

Solunion. (2022). Economía de China 2022: un comienzo difícil. https://solunion.com/economia-de-china-2022-un-comienzo-dificil/#:~:text=La economía china está experimentando,-170.000 millones de dólares).

Thompson, H. (2021). Europa se dirige a una sola cosa. el Comercio Perú. https://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/europa-se-dirige-a-una-sola-cosa-por-helen-thompson-noticia/


[1] Helen Thompson es profesora de Economía Política en el Departamento de Ciencias Políticas y Estudios Internacionales de la Universidad de Cambridge. Escribe para el New Tateman y ha sido colaboradora del podcast Talking Politics. Su último libro, Disorder: Hard Times in the 21st Century, fue publicado por Oxford University Press.

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