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Escudo de las Américas: ¿arquitectura o alineamiento?

Nacido alrededor del combate contra los carteles, el Escudo de las Américas incorporó en pocos meses seguridad económica, minerales críticos, infraestructura digital e inteligencia. Su evolución plantea una pregunta estratégica para América Latina: ¿está emergiendo una arquitectura hemisférica de cooperación o un nuevo sistema de alineamiento alrededor de Estados Unidos?

Fecha de cierre de la información: 1 de noviembre de 2026.

De Doral a una arquitectura emergente

El 7 de marzo de 2026, Donald Trump reunió en Doral, Florida, a un grupo de gobiernos americanos alrededor del Shield of the Americas, y Argentina participó desde aquella primera cumbre. El Gobierno argentino presentó entonces la iniciativa como una coalición orientada a enfrentar el crimen organizado, el narcotráfico, la migración irregular y la interferencia extranjera mediante estrategias conjuntas (Presidencia de la Nación, 2026).

Apenas seis meses después, aquella descripción comenzó a resultar insuficiente. El 22 de septiembre, quince gobiernos reunidos en Nueva York declararon su intención de fortalecer la resiliencia del hemisferio mediante tres pilares, económico, de seguridad y de coordinación multilateral, y el documento incorporó cooperación económica, la exploración de mecanismos de evaluación de inversiones, la protección de cadenas de suministro de minerales críticos, la promoción de regulaciones sobre proveedores confiables de infraestructura digital, el intercambio de inteligencia, capacidades de seguridad y coordinación en organismos multilaterales (Departamento de Estado de los Estados Unidos [DOS], 2026).

Este desplazamiento resulta estratégico, puesto que cuando una iniciativa inicialmente asociada con carteles criminales comienza a ocuparse también de inversiones extranjeras, tecnología, recursos críticos, infraestructura e inteligencia, deja de pertenecer exclusivamente al terreno de la seguridad pública e ingresa directamente en la geopolítica y la geoeconomía.

La administración estadounidense no oculta esa ambición, y Trump definió al Escudo como la mayor y más poderosa alianza para la seguridad económica y nacional que se haya reunido jamás en el hemisferio occidental (Trump, 2026). Sin embargo, una definición política no resuelve por sí sola la cuestión conceptual, dado que una alianza no existe simplemente porque sus promotores la denominen de ese modo y requiere reglas, procedimientos, obligaciones, capacidades, mecanismos de decisión y, fundamentalmente, permanencia.

Por eso, el interrogante central trasciende la determinación de qué amenazas pretende enfrentar el Escudo de las Américas y se refiere a si se asiste al nacimiento de una nueva arquitectura hemisférica de seguridad o a la construcción de un nuevo sistema de alineamiento alrededor de Estados Unidos, diferencia que resulta sustancial para América Latina y, particularmente, para Argentina.

Del narcotráfico a una agenda estratégica

El punto de partida fue fundamentalmente securitario, y junto con el desarrollo del Escudo apareció la Americas Counter Cartel Coalition (A3C), orientada a profundizar la cooperación contra organizaciones criminales transnacionales. Durante 2026, las propias fuentes estadounidenses llegaron a superponer ambas denominaciones: en agosto, una nota de Pentagon News difundida por el Comando Sur definió a la A3C como una alianza multinacional política y de seguridad liderada por Estados Unidos y señaló que en ocasiones también se la denomina Shield of the Americas (Lopez, 2026).

La reunión celebrada en Santo Domingo los días 26 y 27 de octubre permitió observar una diferenciación más precisa. El Comando Sur presentó a la A3C como una coalición operacional de diecinueve naciones y señaló que el encuentro tenía como objetivo revisar un plan de campaña militar y una carta de gobernanza para organizar su implementación. También indicó que la A3C apoya al Shield of the Americas, al que describió como un marco liderado por jefes de Estado y responsables políticos para la cooperación económica, de seguridad y multilateral (Comando Sur de los Estados Unidos [SOUTHCOM], 2026a). No son estructuras desconectadas, pero la evidencia disponible ya no aconseja tratarlas como sinónimos: el Escudo aparece como el marco político-estratégico más amplio y la A3C como uno de sus componentes operacionales.

La Figura 1 sintetiza las cuatro dimensiones que hoy convergen en el Escudo: político-estratégica, operacional, geoeconómica y jurídico-institucional. Su articulación no configura todavía una alianza consolidada, pero sí permite observar un régimen de cooperación estratégica en formación.

De las declaraciones a las capacidades

Reducir el Escudo a una sucesión de reuniones diplomáticas sería igualmente incorrecto. El 11 y el 12 de agosto, diecinueve miembros de la A3C se reunieron en Panamá para avanzar en los planes de campaña de la coalición (SOUTHCOM, 2026b; Lopez, 2026), mientras que el encuentro de Santo Domingo de fines de octubre reunió nuevamente a autoridades de defensa y seguridad para revisar un plan de campaña militar y una carta de gobernanza destinada a organizar la implementación de sus prioridades (SOUTHCOM, 2026a). El tránsito desde la coordinación política hacia estructuras operacionales resulta, por lo tanto, cada vez más visible.

También comenzaron a registrarse operaciones concretas asociadas con sus objetivos. El 28 de agosto, fuerzas estadounidenses, en coordinación con Ecuador, interceptaron en el Pacífico oriental una estación flotante de reabastecimiento vinculada con Los Choneros, y el Comando Sur presentó la operación como un avance de la A3C (SOUTHCOM, 2026c). No configura una estructura militar hemisférica integrada, pero sí muestra el paso desde el discurso hacia capacidades operacionales.

Argentina ofrece otro ejemplo. El Centro Regional de Información y Análisis sobre Crimen Organizado (CRIACO) fue inaugurado el 23 de abril, y el Ministerio de Seguridad Nacional lo presentó como una herramienta destinada a identificar patrones y tendencias criminales y a fortalecer la cooperación internacional frente al crimen organizado transnacional, particularmente el narcotráfico (Ministerio de Seguridad Nacional, 2026).

La necesidad de cooperación es objetiva. Las organizaciones criminales integran producción, transporte, puertos, fronteras, finanzas, lavado de activos, corrupción, tráfico de armas y comunicaciones digitales a través de varias jurisdicciones. Un Estado puede detener integrantes dentro de su territorio, pero difícilmente desarticule toda la red sin inteligencia criminal, información financiera y coordinación regional. El cambio estratégico comienza cuando esa agenda se superpone con otra mucho más amplia.

Cuando la economía se convierte en seguridad

El punto de inflexión ocurrió en septiembre, cuando los quince gobiernos participantes establecieron que la dimensión económica constituiría uno de los tres pilares del Escudo. Entre las acciones previstas aparecen la exploración de mecanismos de evaluación de inversiones, la protección de las cadenas de suministro de minerales críticos mediante fuentes diversificadas y confiables y la promoción de regulaciones sobre proveedores confiables de infraestructura digital (DOS, 2026).

Esto modifica cualitativamente la iniciativa. Minerales críticos, infraestructura digital, inversiones y cadenas de suministro ya no son asuntos exclusivamente económicos: condicionan tecnologías avanzadas, autonomía, resiliencia y capacidad de presión. Su incorporación al Escudo acerca la seguridad hemisférica a la geoeconomía.

La expansión del Escudo expresa, entonces, una transformación más profunda, en la que la seguridad económica comienza a integrarse dentro de la seguridad hemisférica, y ese desplazamiento ocurre además en un contexto de competencia entre Estados Unidos y China por infraestructura, tecnología, recursos estratégicos y cadenas productivas. La lucha contra los carteles continúa siendo una parte central del proyecto, aunque ya no lo explica por completo.

Amenazas comunes y competencia estratégica

Sería igualmente simplificador interpretar todo el fenómeno como una herramienta estadounidense diseñada exclusivamente contra China, Rusia o Irán, ya que el Escudo contiene al menos dos lógicas simultáneas. La primera responde a amenazas transnacionales reales, como el narcotráfico, el lavado de activos, el tráfico de armas y las organizaciones criminales que aprovechan la fragmentación jurisdiccional de los Estados, y la segunda se integra dentro de una competencia más amplia por la configuración estratégica del hemisferio.

Esta dimensión estaba presente desde marzo, puesto que la propia comunicación oficial argentina sobre la primera cumbre incluyó entre los objetivos del mecanismo frenar la interferencia extranjera en el hemisferio (Presidencia de la Nación, 2026), y en septiembre la incorporación de inversiones, minerales críticos e infraestructura digital hizo esa relación todavía más visible (DOS, 2026).

Desde la perspectiva de la competencia híbrida, el desplazamiento resulta coherente: el poder contemporáneo también se proyecta mediante capital, tecnología, infraestructura crítica, información, recursos estratégicos y normas. El problema para América Latina es que los miembros del Escudo pueden compartir amenazas transnacionales sin jerarquizar del mismo modo la competencia entre grandes potencias.

No todas las amenazas son iguales para todos

China, Rusia e Irán suelen aparecer en el discurso estratégico estadounidense asociados a la influencia extrarregional, aunque sus formas de inserción en América Latina son diferentes. China posee un peso principalmente económico, comercial, financiero, tecnológico e infraestructural y es uno de los principales socios comerciales de varias economías sudamericanas. Rusia tiene una presencia económica menor, pero conserva instrumentos diplomáticos, informativos y militares; Irán presenta otra modalidad, concentrada en determinadas relaciones políticas, diplomáticas y de seguridad.

Agrupar estas realidades dentro de una categoría indiferenciada de amenaza externa impediría una apreciación estratégica rigurosa. La pregunta pertinente es qué conducta concreta representa una amenaza, para qué Estado, sobre qué interés nacional y a partir de qué evidencia. La respuesta no necesariamente será idéntica para Washington, Buenos Aires, Santiago, Bogotá o Brasilia.

Cooperar no significa importar amenazas

Un Estado latinoamericano puede coincidir con Estados Unidos en que determinadas organizaciones narcocriminales representan una amenaza prioritaria y, simultáneamente, no compartir la misma percepción sobre China. La cooperación internacional no requiere identidad absoluta de intereses ni debería implicar la importación automática del mapa de amenazas del Estado con mayores capacidades dentro de una coalición.

Cada país debe conservar la facultad de determinar qué constituye una amenaza, qué representa un riesgo y qué relaciones competitivas puede administrar sin transformarlas necesariamente en conflictos de seguridad. Este es el núcleo del problema: cooperar frente a amenazas compartidas no significa compartir automáticamente todas las amenazas. Si una arquitectura hemisférica no puede administrar esa diversidad, la cooperación comienza a confundirse con alineamiento.

Más régimen que alianza

Una coalición puede organizarse alrededor de objetivos concretos y conservar flexibilidad; una alianza supone obligaciones y mecanismos institucionales más previsibles; una arquitectura de seguridad agrega normas, capacidades, intercambio de información, interoperabilidad y procedimientos de consulta.

Otra categoría útil es la de régimen internacional de seguridad. Un régimen comienza a formarse cuando los Estados desarrollan principios, reglas y procedimientos alrededor de los cuales convergen sus expectativas (Krasner, 1982). El Escudo parece encontrarse precisamente en esa etapa.

Ya existen reuniones políticas, declaraciones, mecanismos operacionales, intercambio de información y una agenda económica y tecnológica. La declaración del 22 de septiembre, además, enumera veinticuatro organizaciones y anuncia coordinación de sanciones y restricciones contra ellas (DOS, 2026).

Sin embargo, el mismo documento establece un límite: los gobiernos declaran intenciones y subordinan las acciones a sus obligaciones jurídicas internas e internacionales, junto con el respeto de la soberanía nacional (DOS, 2026). El Escudo gana densidad política y estratégica, pero todavía no equivale a una alianza con obligaciones automáticas de defensa colectiva.

El TIAR: institucionalizar sin crear todo desde cero

Uno de los elementos más interesantes de la declaración de septiembre es el intento de apoyarse en instituciones ya existentes. Los participantes manifestaron su intención de solicitar al presidente del Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) una reunión de consulta que decida el establecimiento de un Órgano de Consulta, en virtud de los artículos 6 y 13 del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), para considerar luego, a nivel ministerial, una resolución sobre acción colectiva contra organizaciones narcoterroristas (DOS, 2026).

Esta lectura fue reforzada el 23 de octubre por el secretario general de la OEA, Albert Ramdin. Al referirse al Escudo, sostuvo que la iniciativa va más allá de una declaración política, pero subrayó que los nuevos marcos continúan apoyándose en la arquitectura institucional de tratados vinculantes como el TIAR y en las capacidades de las instituciones de seguridad ya establecidas en el hemisferio (Ramdin, 2026). La combinación es significativa: innovación política y operacional, pero sobre una base jurídica preexistente.

El TIAR fue concebido en un contexto histórico dominado por amenazas interestatales, aunque su artículo 6 contempla también agresiones distintas del ataque armado y otras situaciones capaces de poner en peligro la paz de América (OEA, 1947). Su eventual utilización frente a organizaciones criminales y narcoterroristas ampliaría la forma en que el sistema interamericano interpreta las amenazas regionales. La discusión, por lo tanto, no sería únicamente operacional, sino también conceptual y jurídica.

Soberanía cooperativa

Toda arquitectura hemisférica conduce al problema de la soberanía, aunque soberanía no significa aislamiento. Compartir información sobre redes criminales, análisis financiero, tecnología, capacitación o coordinación fronteriza puede aumentar la capacidad efectiva de un Estado y, en ese sentido, fortalecerla.

El límite aparece cuando la cooperación produce dependencia decisoria. La cuestión es quién define las amenazas, fija prioridades, determina qué inteligencia compartir, autoriza operaciones y establece el marco jurídico aplicable. Mientras esas decisiones permanezcan bajo control nacional, cooperación y soberanía pueden ser compatibles; cuando una apreciación externa determina automáticamente las decisiones internas, la relación cambia.

Argentina: cooperar sin delegar la estrategia

Argentina ya forma parte del proceso: participó desde Doral y desarrolla capacidades como el CRIACO (Ministerio de Seguridad Nacional, 2026; Presidencia de la Nación, 2026). Por eso, la discusión no debería reducirse a estar o no dentro del Escudo, sino a cómo participar.

El país tiene intereses objetivos en combatir narcotráfico, redes financieras ilícitas, tráfico de armas y crimen organizado transnacional, y puede beneficiarse del intercambio de inteligencia, análisis financiero, capacitación, tecnología y coordinación regional. Esas ventajas no eliminan la necesidad de mantener una apreciación estratégica propia sobre amenazas, relaciones exteriores e instrumentos disponibles.

La alternativa es cooperar preservando autonomía decisoria. Rechazar sistemáticamente la cooperación puede disminuir capacidades estatales; adoptar automáticamente las prioridades estratégicas de otro país también reduce autonomía. Entre ambos extremos existe el espacio de una política exterior madura.

Criterios para distinguir arquitectura y alineamiento

La distinción entre una arquitectura hemisférica y un alineamiento estratégico no depende de la denominación política que adopte el mecanismo, sino de condiciones observables. La institucionalización, la definición de amenazas, el control de las operaciones, la seguridad económica y tecnológica, el uso del marco interamericano y la capacidad para administrar diferencias entre los participantes permiten evaluar la dirección que asume el Escudo.

La Tabla 1 organiza esos criterios sin atribuir intenciones ni formular predicciones. Su función es ofrecer una matriz de lectura para observar si la cooperación genera reglas compartidas, continuidad y autonomía compatible con la acción colectiva o, por el contrario, una dependencia creciente de las prioridades estratégicas de Washington.

Conclusión

El Escudo de las Américas ya no puede interpretarse únicamente como una coalición contra el narcotráfico. La ampliación de septiembre hacia la seguridad económica, los minerales críticos y la infraestructura digital, junto con la diferenciación operacional de la A3C y su desarrollo de planes y mecanismos de gobernanza, muestran un proceso de institucionalización multidimensional.

La evidencia disponible al 1 de noviembre permite describirlo mejor como un régimen de cooperación estratégica en formación. La distinción entre arquitectura y alineamiento dependerá menos de la etiqueta utilizada por sus promotores que de variables observables: estabilidad de las reglas, capacidad de los miembros para definir sus propias amenazas, control nacional de las operaciones, administración de dependencias económicas y tecnológicas, uso consensuado del sistema interamericano y posibilidad de sostener diferencias sin ruptura de la cooperación.

Para Argentina, la cuestión central no consiste en elegir entre cooperación y autonomía. El desafío es aprovechar inteligencia, coordinación y capacidades regionales sin delegar la definición de los intereses nacionales ni trasladar automáticamente al plano doméstico la jerarquización de amenazas de otro Estado. La cooperación puede ampliar capacidades soberanas, pero deja de hacerlo cuando se transforma en dependencia decisoria.

Si el Escudo desarrolla reglas compartidas, continuidad institucional y mecanismos capaces de combinar acción colectiva con autonomía nacional, podrá aproximarse a una arquitectura hemisférica. Si predomina la dependencia de decisiones de Washington y la adopción automática de su mapa de amenazas, el concepto de alineamiento será más preciso. Porque una arquitectura de seguridad no se proclama: se institucionaliza, se legitima y demuestra que puede perdurar.

Referencias

Comando Sur de los Estados Unidos. (2026a, 27 de octubre). Dominican Republic hosts hemispheric forum on operations to counter cartels, narco-terrorists [Comunicado de prensa]. https://www.southcom.mil/News/PressReleases/Article/4633800/dominican-republic-hosts-hemispheric-forum-on-operations-to-counter-cartels-nar/

Comando Sur de los Estados Unidos. (2026b, 13 de agosto). Gen. Donovan Visits Panama [Comunicado de prensa]. https://www.southcom.mil/News/PressReleases/Article/4573412/gen-donovan-visits-panama/

Comando Sur de los Estados Unidos. (2026c, 28 de agosto). Interdiction of Narco-Terrorist Refueling Vessel, Aug. 28, 2026 [Comunicado de prensa]. https://www.southcom.mil/News/PressReleases/Article/4586154/interdiction-of-narco-terrorist-refueling-vessel-aug-28-2026/

Departamento de Estado de los Estados Unidos. (2026, 22 de septiembre). Joint Statement on Defending Hemispheric Sovereignty [Nota de prensa]. https://www.state.gov/releases/office-of-the-spokesman/2026/09/joint-statement-on-defending-hemispheric-sovereignty

Krasner, S. D. (1982). Structural causes and regime consequences: Regimes as intervening variables. International Organization, 36(2), 185–205. https://doi.org/10.1017/S0020818300018920

Lopez, C. T. (2026, 12 de agosto). Hegseth Touts Americas Counter Cartel Coalition During Panama Visit. Pentagon News. https://www.southcom.mil/MEDIA/NEWS-ARTICLES/Article/4572515/hegseth-touts-americas-counter-cartel-coalition-during-panama-visit/

Ministerio de Seguridad Nacional. (2026, 24 de abril). El SPF participó de la inauguración del Centro Regional de Información y Análisis sobre Crimen Organizado. Argentina.gob.ar. https://www.argentina.gob.ar/node/504278

Organización de los Estados Americanos. (1947, 2 de septiembre). Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). https://www.oas.org/juridico/spanish/tratados/b-29.html

Presidencia de la Nación. (2026, 7 de marzo). Escudo de las Américas: El Presidente Milei junto a Trump en el combate al narcoterrorismo. Argentina.gob.ar. https://www.argentina.gob.ar/noticias/escudo-de-las-americas-el-presidente-milei-junto-trump-en-el-combate-al-narcoterrorismo

Ramdin, A. (2026, 23 de octubre). At the closing of GU LATAM 2026 [Discurso]. Organización de los Estados Americanos. https://www.oas.org/en/about/speech_secretary_general.asp?sCodigo=26-0103

Trump, D. J. (2026, 22 de septiembre). Remarks at a Meeting on the Shield of the Americas Initiative in New York City [Discurso]. U.S. Government Publishing Office. https://www.govinfo.gov/app/details/DCPD-202600633

Autor

Gonzalo Javier Rubio Piñeiro

Magíster en Defensa Nacional. Profesor universitario. Analista en geopolítica, defensa e inteligencia estratégica.

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