La estafa empieza antes del mensaje
Cómo datos cotidianos pueden convertirse en la arquitectura informacional y social de un engaño
Las personas se encuentran expuestas cotidianamente a comunicaciones que combinan datos verdaderos, identidades aparentes y situaciones urgentes. Este artículo propone acompañar el recorrido mediante el cual información dispersa puede ser seleccionada, relacionada y convertida en una estructura capaz de otorgar verosimilitud a un engaño, utilizando la doctrina de inteligencia como marco para comprender el proceso y reconocer dónde puede interrumpirse.
Experiencias cotidianas y una pregunta común
Una persona recibe un correo de un supuesto estudio jurídico que conoce una deuda real y anuncia la inminencia de un embargo, otra recibe una alerta atribuida al banco con el que efectivamente opera, un profesional encuentra una propuesta laboral ajustada a su trayectoria, un empleado recibe una solicitud que aparenta provenir de un superior y una familia es contactada desde un número desconocido que menciona nombres o circunstancias verdaderas. Aunque los relatos, los canales y las conductas solicitadas sean diferentes, todas estas situaciones comparten un elemento que suele aportar credibilidad, la comunicación contiene información que el destinatario reconoce como propia y esa coincidencia puede llevarlo a aceptar, al menos de manera inicial, que el interlocutor es quien afirma ser. Las modalidades de ingeniería social incluyen precisamente la suplantación de familiares, compañeros de trabajo, técnicos o instituciones, así como el uso de llamadas, correos electrónicos, mensajería y redes sociales para obtener información o inducir acciones perjudiciales (Ministerio de Justicia de la Nación, 2026; National Institute of Standards and Technology, s. f.).
El reconocimiento de un dato verdadero, sin embargo, no acredita la identidad, la representación ni la autoridad de quien lo utiliza, porque una persona puede conocer el banco correcto sin pertenecer a esa entidad, mencionar una deuda existente sin representar al acreedor, citar a un superior real sin actuar por su instrucción o adaptar una propuesta laboral a un currículum accesible sin que exista una búsqueda genuina. La cuestión que nos interesa no consiste solamente en determinar si una comunicación es falsa, sino en comprender cómo un actor podría llegar a saber lo suficiente para construir una situación plausible. A lo largo de este recorrido invitamos al lector a observar esas experiencias desde la doctrina de inteligencia, no para transformar a cada estafador en un supuesto agente secreto, sino para identificar las operaciones mediante las cuales datos ordinarios pueden adquirir sentido, utilidad y capacidad de orientar una aproximación.
El interrogante resulta especialmente relevante porque muchas personas conocen los datos que publican o entregan, pero no necesariamente advierten qué podría inferirse al combinarlos con información procedente de otros registros. La dirección de correo incluida en una publicación científica puede parecer un simple canal profesional, la identificación tributaria puede ser necesaria para múltiples trámites, la pertenencia institucional puede formar parte de la presentación pública y una situación crediticia puede encontrarse registrada en una base de consulta, aunque el valor de cada elemento cambia cuando se lo integra con los demás. La asimetría no reside únicamente en que un actor posea información que la persona desconoce, sino también en que comprenda mejor que ella la capacidad relacional de los datos y los usos que podrían derivarse de su combinación.
La información está más disponible de lo que imaginamos
La vida académica, profesional, comercial y social requiere exposición. Las personas publican sus trayectorias para participar en convocatorias, incluyen datos de contacto para recibir consultas, informan cargos y funciones para representar a una organización, comparten actividades o viajes con sus vínculos y entregan información a entidades públicas y privadas para acceder a servicios. No sería razonable concluir que toda presencia pública debe desaparecer, aunque sí conviene advertir que la sensibilidad de la información no depende exclusivamente de cada dato considerado por separado, porque registros que parecen insuficientes para identificar o comprender a alguien pueden adquirir esa capacidad al vincularse con otros. Este fenómeno suele describirse como efecto mosaico, mientras que las inferencias corresponden al conocimiento nuevo que se produce al relacionar, categorizar o analizar información procedente de distintas fuentes (Information Commissioner’s Office, s. f.).
Una experiencia que contribuyó a la elaboración de este artículo permite observarlo con claridad. Una profesional vinculada con la investigación y la inteligencia artificial recibía comunicaciones de un supuesto estudio jurídico que mencionaba una obligación financiera y anunciaba consecuencias judiciales próximas, aunque la comunicación no permitía acreditar por sí sola la representación del estudio, la existencia de un expediente ni la inminencia de la medida anunciada. Durante una demostración práctica se localizó su identificador fiscal mediante un servicio de consulta disponible en internet, mientras que sus publicaciones profesionales permitían conocer su área de especialidad y localizar canales personales de contacto. Esta observación corresponde a la experiencia que dio origen al análisis y no permite atribuir ese mismo recorrido a quienes enviaban los mensajes.
Una vez conocido el identificador, la Central de Deudores permitía obtener un informe consolidado sobre financiaciones informadas por entidades financieras y otros proveedores de crédito, además de consultar las entidades informantes, los montos expresados en miles de pesos, la situación asignada y los días de atraso. La relación entre esa información y los datos profesionales y de contacto ofrecía una representación más amplia que cualquiera de las fuentes por separado (Banco Central de la República Argentina, s. f.-a, s. f.-b).
Aquella comprobación no demostraba de dónde habían obtenido la información quienes enviaban los mensajes, tampoco permitía afirmar que hubieran recorrido exactamente las mismas fuentes ni que existiera detrás una investigación individual sofisticada, porque los datos podrían haber procedido de una base comercial, de un acreedor, de una cesión legítima o ilegítima, de una filtración, de una campaña anterior o de la combinación de varios orígenes. Lo que sí permitía advertir era la factibilidad general del proceso, ya que una persona razonablemente competente podía reunir, con medios ordinarios, información suficiente para conocer una relación crediticia, una actividad profesional y distintos canales de contacto, sin recurrir inicialmente a vigilancia física, interceptaciones o intrusiones clandestinas. La sorpresa no provenía de descubrir un secreto oculto, sino de advertir que los fragmentos estaban más próximos y eran más relacionables de lo que la propia titular suponía.
El marco argentino de protección de datos adopta una definición amplia de tratamiento, que comprende operaciones como la recolección, conservación, ordenación, almacenamiento, modificación, relacionamiento, evaluación, interconexión, comunicación y transferencia. También exige que los datos sean ciertos, adecuados, pertinentes y no excesivos respecto de la finalidad, prohíbe la obtención mediante medios desleales o fraudulentos y limita su utilización para finalidades distintas o incompatibles con las que motivaron su obtención. La posibilidad de acceder a información desde una fuente pública puede exceptuar el consentimiento en determinados supuestos, aunque no elimina automáticamente los demás principios de calidad, finalidad y licitud, por lo que accesibilidad no equivale a disponibilidad irrestricta para cualquier uso posterior (Ley 25.326, 2000, arts. 2, 4 y 5).
Que una información se encuentre públicamente disponible no la convierte por sí misma en inteligencia. Para el recorrido que proponemos, el dato registra un elemento, la información le aporta contexto y el conocimiento integra e interpreta varios elementos para responder una pregunta y orientar una decisión. La inteligencia de fuentes abiertas, u OSINT, se produce cuando información públicamente disponible y otros materiales no clasificados de acceso limitado son reunidos y analizados con una finalidad de inteligencia, por lo que la fuente abierta describe el origen del material, mientras que OSINT designa el conocimiento producido mediante su tratamiento finalista (UK Ministry of Defence, 2023, p. 81).
Cuando actores criminales utilizan información accesible para seleccionar personas, relacionar registros o construir un pretexto, resulta más preciso hablar de explotación delictiva de fuentes abiertas o de procesos funcionalmente análogos a OSINT. La semejanza metodológica no convierte la actividad en una disciplina institucional ni permite suponer que todos los actores siguen una metodología formal, aunque ayuda a comprender por qué la ausencia de espionaje o intrusión no impide producir conocimiento útil sobre una persona.
Seleccionar antes de abordar
La existencia de información accesible no implica que todos los actores investiguen a todas las personas con la misma profundidad. Una campaña puede comenzar con una base amplia y
aplicar criterios destinados a reducir el universo, porque una falsa cobranza tendrá mayor plausibilidad entre quienes poseen o han poseído obligaciones, una propuesta laboral encontrará mayor receptividad entre quienes manifiestan disponibilidad, una suplantación empresarial se dirigirá con mayor utilidad hacia funciones que intervienen en pagos, documentación o accesos y una comunicación bancaria resultará inmediatamente descartable para quienes no operan con la entidad mencionada. En uno de sus usos doctrinarios dentro de la inteligencia humana, el screening consiste en evaluar y seleccionar fuentes o documentos para priorizar la obtención de información según los requerimientos disponibles, la probabilidad de acceso y la cooperación esperada, sin constituir por sí mismo una técnica de obtención (Department of the Army, 2006, p. 6-1).
La aplicación al accionar criminal es analógica y debe conservar ese carácter, porque no sabemos si quienes organizan una campaña conocen la doctrina, emplean esa denominación o siguen una secuencia formal. La función, sin embargo, puede reconocerse cuando un actor utiliza filtros para decidir a quién contactar o sobre quién concentrar una atención posterior. Esos filtros pueden apoyarse en categorías muy generales, como la pertenencia a un banco, una profesión o una condición comercial, y también pueden operar después del primer contacto, porque una campaña indiscriminada permite que los propios destinatarios se clasifiquen al responder, reconocer la situación o continuar la conversación. En esos casos, el mensaje inicial no solo buscaría producir una conducta, también podría comprobar que el canal está activo y que el relato encontró algún punto de contacto con la realidad de la persona.
Esta precisión permite corregir una equivalencia frecuente. El screening no hace que la víctima caiga en la trampa, sino que contribuye a seleccionar, segmentar o reconocer receptividad, mientras que la eficacia del engaño dependerá luego de la calidad del relato, del momento, de la relación invocada y de la conducta solicitada. Una persona puede cumplir todos los criterios de selección y no responder, mientras que otra podría quedar involucrada por casualidad en una campaña genérica cuya historia coincide con una circunstancia real. La selección reduce incertidumbre para el actor, pero no determina la conducta del destinatario, del mismo modo que un perfil no reproduce a la persona ni permite predecirla con certeza.
Del dato disperso al perfil
Una vez seleccionado un registro, el actor puede ampliarlo, corregirlo o contextualizarlo mediante otras fuentes, operación que denominaremos enriquecimiento sin presentarla como una disciplina autónoma ni como una etapa universal de todos los ciclos de inteligencia. Conviene distinguir aquí la agregación, que reúne datos, la integración, que establece cómo se relacionan, la resolución de identidad, que procura determinar si distintos registros corresponden a la misma entidad, y el análisis, que interpreta qué significa el conjunto respecto de una finalidad. Un nombre, un teléfono, una deuda, un cargo y una publicación profesional pueden coexistir en registros independientes, aunque su vinculación transforma una colección de datos en una representación con mayor capacidad explicativa.
La resolución de identidad constituye un punto particularmente sensible, porque un nombre común puede corresponder a varias personas, un número telefónico puede haber cambiado de titular, un cargo puede encontrarse desactualizado y una relación comercial puede haber finalizado. Si la vinculación inicial es incorrecta, el error podría propagarse hacia el resto del proceso y producir un perfil falso, una aproximación dirigida a la persona equivocada o una comunicación que combina algunos datos correctos con otros ajenos. Esa posibilidad explica por qué la precisión aparente de un mensaje no demuestra necesariamente una investigación rigurosa, también puede reflejar una base imperfecta sometida a prueba mediante contactos de bajo costo.
El perfilado aparece cuando los datos dejan de ser una simple enumeración y se organizan alrededor de una pregunta. Utilizamos el término en un sentido analítico amplio, no como una categoría jurídica específica ni como sinónimo de evaluación psicológica, porque el actor no necesita conocer a la persona en toda su complejidad y puede bastarle con representarla como cliente de un banco, profesional receptivo a oportunidades, empleado con capacidad administrativa, familiar dispuesto a ayudar o titular de una obligación comercial. La ficha enumera atributos, mientras que el perfil procura establecer qué utilidad pueden tener respecto de una decisión, por lo que una misma persona admite perfiles diferentes según la finalidad y ninguno de ellos equivale a su identidad completa.
También puede resultar relevante comprender qué significado poseen determinadas relaciones, cargos o pertenencias dentro del entorno de la persona. El análisis de redes humanas examina conexiones, relaciones y roles, mientras que el análisis de factores humanos incorpora conocimientos psicológicos, sociales, culturales y comunicacionales para comprender cómo influyen sobre la percepción, la construcción de sentido y la decisión (UK Ministry of Defence, 2023, p. 83). En ese espacio proponemos utilizar la expresión inferencia metasocial para describir una hipótesis provisional sobre la función que una autoridad, una institución o un vínculo podría cumplir dentro del mundo social de alguien, sin presentar el término como una categoría doctrinaria consolidada ni deducir rasgos psicológicos profundos a partir de una relación observable.
La diferencia puede observarse en situaciones cotidianas. Saber que una persona trabaja en una universidad constituye un dato, reconocer que mantiene contacto frecuente con determinada autoridad describe una relación y estimar que esa autoridad funciona como instancia de validación introduce una inferencia sobre el significado social del vínculo. Esa conclusión podría ser acertada, estereotipada o equivocada, aunque para un actor malicioso puede resultar suficiente como hipótesis de trabajo, porque el engaño no necesita explicar toda la personalidad y solo requiere que la interacción propuesta no parezca inicialmente ajena al contexto del destinatario.
La arquitectura informacional y social del engaño
El conocimiento reunido todavía no constituye una estafa. Para transformarse en una aproximación debe organizarse en una situación que la persona pueda reconocer, interpretar y relacionar con su vida cotidiana, razón por la cual proponemos distinguir una arquitectura informacional y una arquitectura social del engaño. La primera reúne los elementos que aportan verosimilitud, como nombres, entidades, montos, cargos, fechas, relaciones, acontecimientos y expresiones técnicas, mientras que la segunda organiza quién dice ser el interlocutor, qué relación invoca, por qué se comunica, qué autoridad aparenta poseer, qué consecuencia anuncia y qué conducta solicita.
El producto visible de esa arquitectura es el pretexto, entendido aquí como la historia que explica la identidad aparente del interlocutor, la situación presentada y la razón por la cual el destinatario debería actuar. El pretexto no necesita falsificar toda la realidad, porque una deuda puede existir, el banco puede ser correcto, el superior puede estar de viaje y la profesión puede coincidir con una búsqueda, mientras que la falsedad se concentra en la representación, el procedimiento, la urgencia, la consecuencia o el destino de la conducta solicitada. En una falsa cobranza, por ejemplo, la obligación podría ser verdadera y aun así no estar acreditados el supuesto estudio, el mandato del acreedor, el expediente o la inminencia de la medida anunciada, de modo que la verdad parcial funciona como soporte de una conclusión que todavía requiere verificación.
La idea de infraestructura para el engaño resulta útil si se la emplea con precisión. No todo el proceso previo constituye ingeniería social, porque antes de la interacción pueden existir fuentes, bases, identificadores, mecanismos de selección, operaciones de enriquecimiento y representaciones analíticas. La arquitectura informacional organiza lo que se sabe o se cree saber sobre la persona, la arquitectura social establece el sentido de la situación y el pretexto integra ambos componentes dentro de un relato, mientras que la ingeniería social comienza cuando ese relato se presenta mediante una interacción orientada a producir una decisión o una conducta.
Cuando la arquitectura se convierte en interacción
La ingeniería social comprende formas de engaño mediante las cuales se procura inducir a una persona a revelar información, facilitar un acceso o realizar una conducta vinculada con un fraude, frecuentemente mediante la construcción de confianza y la suplantación de identidades o relaciones. Para este artículo la entendemos, de manera más específica, como el diseño y la presentación deliberados de una interacción destinada a que la persona decida desde una comprensión falsa o materialmente incompleta de la situación. El actor no diseña ni controla a la persona como si fuera una máquina, sino que intenta organizar el escenario, la identidad aparente, la urgencia, las alternativas y las consecuencias para que una conducta perjudicial parezca razonable dentro de ese marco (Ministerio de Justicia de la Nación, 2026; National Institute of Standards and Technology, s. f.).
Esta distinción permite separar la ingeniería social de la persuasión ordinaria. En una interacción legítima, la persona conoce razonablemente quién intenta convencerla, qué propósito persigue y qué decisión solicita, mientras que en la ingeniería social adversaria se falsean u ocultan elementos materiales de la identidad, la representación, la autoridad o la finalidad. La urgencia puede formar parte del diseño porque reduce el tiempo disponible para consultar, comparar y verificar, aunque no toda situación urgente es fraudulenta y el indicador relevante surge de su combinación con otros elementos, como el pedido de abandonar procedimientos habituales, utilizar un canal impuesto por el interlocutor o actuar sin una comprobación independiente.
La vulnerabilidad tampoco debería explicarse mediante la idea simplista de una víctima ingenua. Una persona altamente formada puede desconocer procedimientos bancarios, mecanismos de cobranza, protocolos internos de otra organización o la facilidad con que se relacionan datos públicamente accesibles, además de encontrarse en un momento en el que espera una entrega, busca empleo, reconoce una deuda, sabe que un familiar está viajando o trabaja habitualmente con la institución mencionada. En muchos casos la vulnerabilidad es situacional y surge de la coincidencia entre el contexto de la persona y la historia presentada, no de una debilidad permanente de su carácter.
La respuesta también produce información
El proceso no termina cuando comienza el contacto, porque la interacción puede convertirse en una nueva fuente de información. La persona puede responder para negar, corregir o solicitar explicaciones y, al hacerlo, confirmar su identidad, validar un canal, reconocer una obligación, identificar la entidad correcta, describir un procedimiento interno o actualizar una relación. Dentro de la inteligencia humana, la elicitación designa la obtención de información mediante una interacción directa en la que la fuente no conoce el propósito específico de la conversación, y se caracteriza como un proceso planificado, sistemático y orientado hacia un objetivo concreto (Department of the Army, 2006, p. 9-5).
La aplicación al accionar criminal vuelve a ser analógica. Si una persona responde que la deuda no pertenecía a la entidad mencionada, sino a otra, podría estar refutando el mensaje y a la vez aportando el dato que faltaba, del mismo modo que explicar que un superior nunca solicita pagos por correo, sino mediante un sistema interno, revela parte del procedimiento real. La persona sabe literalmente qué comunica, aunque puede desconocer qué vacío completa, con qué otros registros se combinará su respuesta o cómo modificará el relato, por lo que corregir al interlocutor podría ayudarlo a reparar una historia inicialmente defectuosa.
La respuesta también ofrece retroalimentación sobre el abordaje. El actor puede comprobar si el canal está activo, qué parte produjo reconocimiento, qué dato estaba desactualizado, si conviene continuar o si resulta necesario modificar el pretexto, y ese aprendizaje no requiere necesariamente una organización sofisticada porque puede surgir de una plantilla, un sistema automatizado, un operador que improvisa o una secuencia de prueba y error. Las comunicaciones reiteradas destinadas a obtener progresivamente más información y las campañas dirigidas hacia personas con determinados cargos forman parte de modalidades reconocidas de ingeniería social, mientras que la utilización de datos procedentes de redes sociales puede contribuir a personalizar los mensajes (Ministerio de Justicia de la Nación, 2026).
Profundidades diferentes y una lógica común
La explicación doctrinaria no debe llevarnos a imaginar que detrás de cada mensaje existe un equipo que estudió detalladamente a la víctima. Una campaña puede ser indiscriminada y enviar el mismo relato a un universo amplio, puede encontrarse segmentada por categorías como clientes, deudores, empleados o profesionales, puede incorporar datos individuales y aparentar personalización, puede utilizar relaciones o acontecimientos específicos y, en un nivel adaptativo, puede modificar el relato a partir de las respuestas. Estos grados no constituyen categorías jurídicas ni una doctrina criminal formal, sino una herramienta para comprender que la misma lógica informacional puede desarrollarse con profundidades muy diferentes.
Una campaña masiva podría tolerar numerosos fracasos cuando el costo de cada contacto fuera reducido, porque no necesitaría una selección individual perfecta y le bastaría con que una proporción limitada de destinatarios reconociera la situación. Una aproximación personalizada, por su parte, también podría fracasar debido a datos desactualizados, identidades confundidas o inferencias equivocadas, por lo que la sofisticación no equivaldría necesariamente a eficacia ni la personalización demostraría conocimiento profundo. La diferencia relevante dependería no solo de cuántos datos poseyera el actor, sino también de cómo los relacionara, qué hipótesis formulara y cuánto adaptara la interacción.
Los escenarios cotidianos permiten observar la continuidad del modelo. Una alerta bancaria se apoya en la relación real entre cliente y entidad, una oferta laboral utiliza la exposición profesional, una suplantación empresarial aprovecha cargos y procedimientos, una emergencia familiar utiliza nombres y viajes, una invitación académica se construye con publicaciones y pertenencias institucionales y una cobranza combina información crediticia con lenguaje jurídico y presión temporal. Los pretextos cambian, aunque la lógica puede conservar una secuencia semejante en la que información disponible permite seleccionar un universo, enriquecer registros, construir una representación, formular una historia, iniciar una interacción y aprender de la respuesta.
Lo que la doctrina de inteligencia permite comprender
La doctrina ofrece un vocabulario para separar operaciones que, vistas desde el mensaje, parecen confundirse en un único acto. El screening permite explicar la función de selección, el enriquecimiento y la resolución de identidad muestran cómo se vinculan registros, el perfilado permite comprender cómo se construye una representación finalista, la inferencia sobre relaciones aporta hipótesis acerca de autoridades o pertenencias, el pretexto organiza la historia, la ingeniería social transforma esa historia en interacción y la elicitación y la retroalimentación explican cómo el contacto puede producir nueva información. La utilidad de estos conceptos no reside en atribuir nombres complejos a conductas sencillas, sino en hacer visible el proceso mediante el cual los datos dejan de ser fragmentos y se convierten en conocimiento orientado a una decisión.
En el marco jurídico argentino, la inteligencia nacional se define mediante actividades de obtención, reunión, sistematización y análisis de información referida a hechos, riesgos, conflictos y oportunidades vinculados con la defensa, la seguridad interior y los intereses estratégicos de la Nación. Esa definición corresponde a las actividades reguladas por la ley y no autoriza a considerar inteligencia a cualquier búsqueda, análisis privado o proceso criminal, mientras que la expresión inteligencia criminal designa la parte de la inteligencia estatal referida a determinadas actividades delictivas y no la supuesta inteligencia realizada por los propios delincuentes (Ley 25.520, 2001, art. 2).
La comparación que realizamos es funcional y no institucional. Los actores criminales pueden apropiarse de operaciones semejantes a la selección, integración, análisis y reducción de incertidumbre, aunque no comparten la competencia, la legitimidad, los controles ni la finalidad pública de los organismos estatales, y tampoco toda búsqueda o perfilado queda automáticamente comprendido en la prohibición legal de crear redes privadas que planifiquen o ejecuten funciones asignadas al Sistema de Inteligencia Nacional. Una eventual calificación jurídica dependerá de los hechos, la organización, la continuidad, los medios y las funciones efectivamente asumidas, mientras que nuestro propósito se limita a utilizar la doctrina como herramienta para comprender una mecánica cotidiana (Ley 25.520, 2001, arts. 6 y 11).
El aporte más importante para desmitificar la inteligencia consiste en mostrar que el valor no reside necesariamente en el carácter secreto de la información. Un dato abierto no es inteligencia por sí mismo, porque el conocimiento aparece cuando una necesidad orienta la selección, la evaluación y la relación entre fragmentos, permitiendo formular una representación útil para decidir. Cuando esa lógica es utilizada con una finalidad maliciosa, información cotidiana puede integrarse dentro de la arquitectura de un engaño, sin que el actor necesite recurrir desde el comienzo a métodos clandestinos ni poseer una comprensión total de la persona.
Cómo interrumpir el proceso
Comprender la secuencia permite orientar la prevención hacia algo más sólido que la búsqueda de errores ortográficos, números extraños o enlaces defectuosos, porque una comunicación puede estar correctamente redactada, proceder de una cuenta comprometida y utilizar instituciones o personas reales. La primera medida consiste en separar la información que el interlocutor conoce de aquello que logra acreditar, ya que saber el nombre, el banco, la deuda, el cargo o la relación no demuestra quién es, a quién representa ni qué autoridad posee.
La verdad del dato y la legitimidad del relato requieren verificaciones diferentes (Ministerio de Justicia de la Nación, 2026).
La comprobación debe realizarse por una vía independiente, lo que implica no depender exclusivamente del teléfono, el correo, el enlace o el documento proporcionado por la propia comunicación. Resulta preferible buscar el sitio oficial por otra vía, ingresar manualmente a la aplicación habitual, contactar a la persona mediante un canal previamente conocido o consultar al área institucional competente. Introducir tiempo también rompe la arquitectura del engaño, porque permite comparar, consultar y recuperar procedimientos que la urgencia intenta desplazar, especialmente cuando se solicita una acción irreversible o una excepción a las reglas habituales (Banco Central de la República Argentina, s. f.-c).
La tercera medida consiste en no completar innecesariamente la información del interlocutor ni compartir credenciales, códigos de verificación u otros datos que no resulten imprescindibles. Ante un dato incorrecto puede bastar con indicar que la situación será verificada por otra vía, sin explicar cuál era la entidad correcta, cómo funciona el procedimiento real o qué circunstancia actual invalida el relato (Banco Central de la República Argentina, s. f.-c). En el plano organizacional, convendría complementar estas precauciones con doble validación, separación de funciones, comprobación independiente de cambios y canales claros para reportar dudas, de modo que un error individual no resulte suficiente para producir la consecuencia buscada.
La exposición pública tampoco debe resolverse mediante el abandono de la vida académica, profesional o social, sino mediante una revisión del efecto conjunto de los datos. Conviene preguntarse qué relaciones pueden reconstruirse, qué canales conectan ámbitos diferentes, qué procedimientos se revelan sin necesidad y qué información permanece disponible cuando ya perdió actualidad, además de ejercer los derechos de acceso, actualización, rectificación o supresión cuando correspondan (Ley 25.326, 2000, arts. 14 y 16). La prevención no exige imaginar todas las acciones de un adversario, aunque sí reconocer que un dato apropiado para su finalidad original puede adquirir otro valor al combinarse con información diferente.
Antes del mensaje
Las experiencias con las que comenzamos ya no aparecen como episodios aislados. La deuda real, el banco correcto, la profesión, el nombre del superior o el vínculo familiar pueden haber sido obtenidos de fuentes diferentes, seleccionados por filtros simples, integrados dentro de un perfil y convertidos en una historia que aprovecha una relación reconocible. En algunos casos habría existido una búsqueda individual, en otros los datos procederían de una base previamente estructurada y en campañas masivas el primer contacto podría saber poco y esperar que la propia respuesta complete lo que falta, por lo que no deberíamos afirmar qué recorrido ocurrió sin evidencia concreta.
Lo que sí podemos reconocer es la posibilidad real de transformar información ordinaria en conocimiento útil para una aproximación. La parte visible es el mensaje, mientras que la parte menos visible puede incluir la selección de destinatarios, la relación entre registros, el perfilado, la construcción del pretexto y el aprendizaje obtenido durante la interacción. Llevar la doctrina de inteligencia a la vida cotidiana permite comprender esa transformación sin romantizar al delincuente ni reducir la inteligencia al espionaje, y también ayuda a identificar que la prevención no empieza cuando se solicita el pago, la contraseña o el acceso, sino cuando aprendemos a separar los datos verdaderos de la identidad, la autoridad y la historia que pretenden sostener.
La estafa puede comenzar mucho antes del mensaje, del mismo modo que la prevención puede comenzar antes de responderlo.
Referencias
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Ley 25.326 de Protección de los Datos Personales. (2000). Boletín Oficial de la República Argentina, 2 de noviembre de 2000. Texto actualizado recuperado el 5 de agosto de 2026 de https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/ley-25326-64790/actualizacion
Ley 25.520 de Inteligencia Nacional. (2001). Boletín Oficial de la República Argentina, 6 de diciembre de 2001. Texto actualizado recuperado el 5 de agosto de 2026 de https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/ley-25520-70496/actualizacion
Ministerio de Justicia de la Nación. (2026). ¿Qué es la ingeniería social y cómo me protejo? https://www.argentina.gob.ar/justicia/convosenlaweb/situaciones/que-es-la-ingenieria-social-y-como-protegerte
National Institute of Standards and Technology. (s. f.). Social engineering. Computer Security Resource Center Glossary. Recuperado el 5 de agosto de 2026, de https://csrc.nist.gov/glossary/term/social_engineering
UK Ministry of Defence. (2023). Intelligence, counter-intelligence and security support to joint operations (Joint Doctrine Publication 2-00, 4th ed.). Development, Concepts and Doctrine Centre. https://assets.publishing.service.gov.uk/media/653a4b0780884d0013f71bb0/JDP_2_00_Ed_4_web.pdf
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