Julietas, Romeos y señales débiles:
Acceso humano, intimidad y explotación de vulnerabilidades desde una lectura de inteligencia
Introducción
En la conversación pública argentina volvió a instalarse una discusión vinculada con el posible uso de vínculos personales, seducción, exposición íntima y acceso social como medios para obtener información o producir vulnerabilidades en personas con capacidad de decisión. El tema reaparece a partir de episodios mediáticos recientes, aunque algunas referencias periodísticas permiten observar que la expresión «Las Julietas» ya había circulado en años anteriores, asociada a versiones sobre mujeres que se aproximarían a hombres influyentes con fines de obtención de información o posterior presión reputacional (Ámbito, 2023; Ciudad Magazine, 2023).
Conviene invitar al lector a seguir este razonamiento con cierta cautela. No se trata de afirmar que exista una organización llamada «Las Julietas», ni de negar de plano que puedan existir prácticas de aproximación humana orientadas a obtener información, sino de observar por qué una explicación de ese tipo vuelve a aparecer cada vez que se cruzan exposición pública, intimidad, filtraciones, referencias a servicios de inteligencia y daño reputacional. En ese punto, el interés del artículo no reside en los nombres propios ni en la dimensión más escandalosa del tema, sino en las preguntas que el fenómeno permite formular desde la doctrina de inteligencia.
La propuesta consiste en tratar esa recurrencia como una señal débil, entendida como un indicio ambiguo, incompleto y no concluyente que podría estar señalando una vulnerabilidad, una práctica posible o una percepción instalada en determinados entornos de poder y exposición pública. Esta forma de abordaje no convierte el rumor en prueba, ni transforma una hipótesis periodística en atribución institucional, pero permite ordenar la discusión y diferenciar aquello que puede sostenerse con fuentes, aquello que pertenece al terreno de las versiones y aquello que solo corresponde plantear como inferencia analítica.
A partir de allí, el recorrido que se propone es doctrinario. Primero, revisar qué se dice cuando se habla de «Las Julietas»; luego, analizar por qué la atribución automática a organismos oficiales de inteligencia requiere prudencia; más adelante, ampliar la mirada hacia los «Romeos», la inteligencia humana, la clandestinidad, el espionaje, los circuitos informales de información, el llamado «carpetazo» y la creciente dificultad de evaluar audios, imágenes o videos en un contexto atravesado por inteligencia artificial.
Qué se dice cuando se habla de «Las Julietas»
Según distintas coberturas mediáticas argentinas, la expresión «Las Julietas» fue utilizada para describir a un supuesto grupo de mujeres que se aproximarían a hombres influyentes con el fin de obtener información, generar confianza, registrar situaciones íntimas o producir material potencialmente utilizable en acciones posteriores de presión o daño reputacional (Ámbito, 2023; Ciudad Magazine, 2023). El término aparece, por lo tanto, como una categoría informal de circulación pública, no como una figura jurídica ni como una organización acreditada judicialmente.2
Es importante tener en cuenta el valor del condicional en esta discusión. Las fuentes disponibles permiten afirmar que el término circuló, que fue retomado por medios y que algunas personas vinculadas al comentario político o al mundo de la inteligencia lo mencionaron como una práctica posible, aunque eso no alcance para sostener que exista una estructura formal con integrantes identificadas, conducción, financiamiento, dependencia institucional o misiones comprobadas.
La diferencia entre esos planos resulta necesaria para evitar una confusión frecuente. Una cosa es analizar la circulación de una hipótesis y otra muy distinta es dar por probada la existencia del fenómeno que esa hipótesis describe; la primera operación pertenece al terreno del análisis de información disponible, mientras que la segunda requeriría evidencia judicial, documental o institucional que, al menos en fuentes públicas, no aparece de manera suficiente.
Aun así, tampoco correspondería descartar la discusión como si perteneciera únicamente al terreno del rumor. Desde una lectura doctrinaria, la lógica atribuida a «Las Julietas» podría vincularse con formas conocidas de acceso humano, construcción de confianza y explotación de vulnerabilidades personales, siempre que se mantenga la diferencia entre plausibilidad del método y comprobación del caso. En ese punto, el problema no estaría necesariamente en la seducción como hecho social o privado, sino en la eventual instrumentalización de un vínculo para obtener información, registrar material sensible o condicionar conductas posteriores.
La atribución a los servicios como parte del problema
Es dable mencionar que uno de los aspectos que requiere mayor prudencia no está únicamente en la supuesta existencia de mujeres u hombres utilizados para obtener información mediante intimidad o seducción, sino en la rapidez con la que algunas explicaciones públicas tienden a vincular esas prácticas con organismos oficiales de inteligencia. En Argentina, la referencia a los servicios suele activar una serie de representaciones asociadas a clandestinidad, carpetas, operaciones y manipulación, lo que puede dar verosimilitud a ciertas hipótesis aun cuando no existan pruebas suficientes para atribuirlas institucionalmente.
Esta observación no implica negar antecedentes de inteligencia ilegal ni defender de manera acrítica a organismos estatales. Implica, más bien, diferenciar niveles de análisis, porque cuando un exfuncionario o una persona presentada como conocedora del área señala que ciertas técnicas existen o que una conducta resulta reconocible dentro de la historia de la inteligencia, puede estar aportando una referencia doctrinaria o experiencial, pero esa referencia no acredita por sí misma que un organismo oficial haya ordenado, financiado o ejecutado una operación concreta.
Es importante tener en cuenta esta distinción porque la plausibilidad técnica de una práctica no equivale a prueba fáctica. Una hipótesis podría ser comprensible desde el punto de vista de la inteligencia humana y, al mismo tiempo, carecer de evidencia suficiente para atribuirla a un actor estatal; en sentido inverso, tampoco debería excluirse de antemano una eventual participación institucional si aparecieran elementos verificables, aunque esa posibilidad debería ser tratada como hipótesis de investigación y no como conclusión anticipada.
La atribución apresurada podría producir un efecto adicional. Si un episodio de exposición íntima, una filtración, un audio o una imagen se presenta como prueba de una maquinaria estatal oscura sin evidencia suficiente, el debate puede desplazarse desde el hecho original hacia la erosión de la confianza en determinadas instituciones; en ese escenario, el halo de misterio que rodea a la inteligencia 3 podría funcionar menos como herramienta de explicación y más como recurso narrativo para instalar sospechas difíciles de comprobar.
Por esa razón, una formulación prudente sería sostener que la plausibilidad doctrinaria no equivale a atribución institucional. Esta distinción permite mantener abierto el análisis sin convertirlo en acusación y, al mismo tiempo, evita que la falta de prueba sea confundida con ingenuidad frente a prácticas que, en abstracto, podrían existir.
De Julietas a Romeos
La discusión argentina quedó asociada principalmente a la figura de mujeres que se aproximarían a hombres influyentes, pero un análisis doctrinario no debería colocar el género como centro del problema. La historia de la inteligencia ofrece ejemplos en sentido inverso, entre ellos los llamados «Romeo spies» de la inteligencia de Alemania Oriental, utilizados para establecer vínculos afectivos o sexuales con mujeres que ocupaban posiciones de acceso a información sensible (Central Intelligence Agency, s. f.).
Esta referencia permite introducir una aclaración necesaria. El problema no sería la mujer, el hombre ni el vínculo íntimo en sí mismo, sino la utilización de ese vínculo como medio de acceso. Desde esa perspectiva, «Julietas» y «Romeos» podrían entenderse como nombres posibles para una familia más amplia de maniobras de aproximación humana, en las que lo relevante no es el género de quien se aproxima, sino su capacidad para ingresar en el entorno del objetivo, generar confianza y obtener información o material vulnerable.
También conviene evitar una lectura que convierta toda relación personal alrededor de una figura influyente en objeto de sospecha. Esa deriva no solo sería injusta, sino que empobrecería el análisis, ya que lo que corresponde observar no es la vida privada como tal, sino la posible instrumentalización de vínculos personales por parte de actores interesados en obtener información, producir vulnerabilidades o explotar material comprometedor.
Lo que aporta la doctrina HUMINT
La inteligencia humana, conocida habitualmente como HUMINT, se apoya en personas como fuentes de información, acceso, observación o intermediación. No toda relación humana de interés para un analista constituye una operación de inteligencia, del mismo modo que no toda conversación relevante implica espionaje, aunque la doctrina permite comprender cómo ciertos vínculos pueden transformarse en canales de obtención si son utilizados con finalidad informativa.
En este punto conviene hacer una precisión. La seducción no debería ser entendida como el núcleo del problema, sino como una posible vía de aproximación; el núcleo estaría en el acceso. Una persona de interés puede ser abordada mediante vínculos sociales, profesionales, económicos, afectivos o ideológicos, y también puede exponerse a partir de rutinas, consumos, necesidades emocionales, conflictos personales, imprudencias comunicacionales o relaciones de confianza.
Si acompañamos el razonamiento desde una perspectiva operativa, la hipótesis podría pensarse como una secuencia general compuesta por identificación de una persona de interés, aproximación, construcción de confianza, obtención de información, eventual registro de material sensible y explotación posterior. Esa explotación podría adoptar formas diversas, entre ellas filtración, venta de información, amenaza de publicación, chantaje o daño reputacional, sin que esa secuencia permita probar que el fenómeno exista como estructura organizada.4
La cuestión principal aparece cuando se consideran el marco legal, la finalidad y el actor que ejecuta la práctica. La obtención de información dentro de competencias legales, autorizaciones correspondientes y controles institucionales no puede equipararse con la apropiación privada o desviada de técnicas de inteligencia; si el acceso íntimo se utiliza para producir material vulnerable y luego explotarlo mediante presión o chantaje, el fenómeno dejaría de pertenecer solo al terreno de la obtención de información para ingresar en un espacio de explotación potencialmente ilícita.
Secreto, clandestino, encubierto y covert
Una parte de la confusión pública puede provenir del uso indistinto de términos como secreto, clandestino, encubierto, espionaje o inteligencia ilegal. Aunque en el lenguaje cotidiano estas expresiones suelen aparecer mezcladas, desde una lectura doctrinaria conviene separarlas porque cada una describe un aspecto diferente de la actividad.
Una actividad secreta o reservada es aquella cuyo conocimiento se encuentra restringido, como podría suceder con un informe clasificado, una fuente protegida, una evaluación estratégica o un protocolo sensible. Lo secreto se vincula principalmente con el grado de difusión de la información y, en ese sentido, un informe producido legalmente por un organismo competente puede ser secreto sin que su producción sea clandestina.
La clandestinidad, en cambio, se refiere al modo de ejecución. Una actividad clandestina busca ocultar su existencia, sus participantes, sus medios, su finalidad o su vínculo real frente al objetivo, por lo que toda operación clandestina requiere algún nivel de secreto, aunque no toda actividad secreta sea clandestina. Esta distinción resulta útil para evitar una equivalencia automática entre clandestinidad e ilegalidad.
Una operación podría ser clandestina y estar autorizada desde el punto de vista del Estado que la ordena, especialmente si se realiza dentro de competencias legales y con mecanismos de control. La ilegalidad aparecería cuando la actividad carece de autorización, viola derechos, persigue fines prohibidos, utiliza medios ilícitos o deriva en extorsión, chantaje, persecución o manipulación; en consecuencia, la clandestinidad describe una condición operativa, mientras que la ilegalidad depende del encuadre jurídico, la finalidad, los medios y el actor interviniente.
El término covert suele utilizarse en la tradición estadounidense para referirse a acciones destinadas a influir en condiciones políticas, económicas o militares en el exterior, procurando que el rol del gobierno que las patrocina no sea aparente ni reconocido públicamente (United States Code, 2025). El Congressional Research Service distingue esa categoría de las actividades clandestinas, que suelen asociarse más al ocultamiento de la operación y a la recolección de información (Congressional Research Service, 2018), una diferencia que no siempre aparece con nitidez en el uso común, pero que puede servir para distinguir influencia, obtención y patrocinio.
Espionaje y obtención de información
Tampoco toda obtención de información constituye espionaje. Un periodista, un académico, un diplomático, un empresario o un analista pueden reunir información sin convertirse por eso en espías, ya que la diferencia suele ubicarse en el modo de obtención, la finalidad, el tipo de información buscada, el uso de cobertura o engaño, y el destinatario final de aquello que se obtiene.
En el derecho internacional humanitario, el Comité Internacional de la Cruz Roja define al espía, en contexto de conflicto armado, como quien actúa clandestinamente o bajo falsos pretextos para 5 obtener o intentar obtener información militar en territorio controlado por el enemigo (International Committee of the Red Cross, s. f.). Esa definición no resuelve todos los problemas del espionaje en tiempo de paz, aunque ayuda a distinguir la simple recolección de información de la obtención bajo clandestinidad o pretexto falso.
En operaciones exteriores, la situación se vuelve más compleja. Un Estado puede considerar que una actividad de inteligencia está autorizada por su propio ordenamiento interno y justificada por razones de seguridad nacional, defensa o protección de intereses estratégicos, mientras que el Estado en cuyo territorio se realiza podría considerarla una conducta hostil, ilícita o punible. Esta tensión forma parte de la práctica real de la inteligencia entre Estados y muestra que legalidad interna, legitimidad estratégica y aceptación por parte del Estado afectado no son dimensiones equivalentes.
El caso argentino y los circuitos informales de información
En Argentina, la actividad de inteligencia estatal está regulada por la Ley 25.520, que establece las bases jurídicas, orgánicas y funcionales del Sistema de Inteligencia Nacional. Esa norma prohíbe, entre otras cuestiones, que los organismos de inteligencia realicen tareas represivas, cumplan funciones policiales o de investigación criminal, o produzcan inteligencia sobre personas por razones vinculadas con sus acciones privadas, opiniones políticas o actividades lícitas (República Argentina, 2001).
Ese marco permite ordenar el análisis. Si un organismo oficial utilizara personas para obtener información íntima, comprometer a individuos o producir material de presión por razones privadas o ajenas a la finalidad legal de la inteligencia, no estaríamos ante una actividad legítima; estaríamos frente a una desviación que debería ser investigada. Del mismo modo, si actores privados organizaran prácticas de aproximación íntima para obtener información y luego venderla o explotarla, tampoco se trataría de una forma neutra de información privada, sino de un circuito informal potencialmente vinculado con delitos.
El punto es relevante porque la discusión no debería agotarse en la pregunta por los servicios formales. También podría existir un ecosistema más difuso, compuesto por exagentes, intermediarios, consultores, operadores, abogados, policías, periodistas, empresarios, criminales o fuentes ocasionales. No se afirma aquí que ese ecosistema explique un caso concreto, sino que la hipótesis de «Julietas» y «Romeos» permite pensar cómo técnicas propias del acceso humano podrían ser apropiadas por circuitos informales de obtención y explotación de información.
Qué significa «carpetazo»
Para lectores no familiarizados con la jerga argentina, conviene aclarar el término «carpetazo». En la conversación pública local, una «carpeta» suele aludir a un dossier, expediente informal o conjunto de información acumulada sobre una persona, que puede incluir datos patrimoniales, vínculos personales, antecedentes judiciales, audios, videos, fotografías, mensajes o cualquier elemento susceptible de producir daño reputacional.
Un «carpetazo» sería la difusión, amenaza de difusión o utilización estratégica de esa información para afectar a una persona en un momento determinado. No es una categoría jurídica en sentido estricto, sino una expresión informal que suele asociarse a prácticas de presión mediática, reputacional o extorsiva, que puede apoyarse en información verdadera, parcialmente verdadera, editada, descontextualizada o falsa, y cuya eficacia no siempre depende de la prueba plena, sino de la oportunidad, la verosimilitud y la amplificación.6
Este punto es importante para el análisis porque permite distinguir obtención y explotación. Una cosa es acceder a información, aunque ese acceso pueda ser legítimo o ilegítimo según el caso; otra cosa es utilizar esa información para condicionar decisiones, exigir dinero, obtener favores, erosionar credibilidad o producir daño reputacional. En ese segundo momento, el problema se desplaza hacia formas de presión que podrían adquirir relevancia penal, institucional o ética.
Códigos, símbolos y el caso del cisne rosado
Algunas coberturas mediáticas también mencionaron la existencia de supuestos códigos visuales asociados a «Las Julietas», entre ellos la utilización de imágenes con un cisne rosado inflable (El Trece, 2023). La mención puede resultar llamativa, aunque debería ser tratada con cautela, porque un símbolo aislado no permite probar pertenencia, disponibilidad, coordinación ni estructura.
El cisne rosado podría ser un código, pero también una coincidencia estética, una moda de redes sociales, una lectura retrospectiva o una construcción mediática posterior. Como indicio individual, su valor probatorio sería muy bajo; como parte del fenómeno comunicacional, en cambio, podría resultar útil para observar cómo ciertas narrativas de inteligencia informal tienden a construir marcas, señales y patrones que luego son interpretados como claves de pertenencia.
Por esa razón, su inclusión en el análisis solo parece pertinente si se lo presenta como folklore mediático o como ejemplo de baja confiabilidad indiciaria. Incorporarlo como prueba fortalecería una lectura conspirativa que este artículo busca evitar, mientras que mencionarlo con prudencia permite mostrar cómo ciertos relatos se cargan de símbolos que no siempre tienen capacidad demostrativa.
De los «topos» a las «Julietas»
En un trabajo anterior sobre los llamados «topos» rusos y el caso «La Compañía», se propuso una lectura doctrinaria comparada para distinguir fenómenos que muchas veces aparecen mezclados en el debate público. Allí se sostuvo que los «topos» remitían a una modalidad de inteligencia clandestina profunda, basada en cobertura biográfica, identidad trabajada durante años e implantación prolongada, mientras que «La Compañía» sugería una lógica de influencia e injerencia informacional apoyada en intermediación opaca, autorías apócrifas y explotación del ecosistema mediático local (Salmerón, 2026).
Esa distinción resulta útil para este artículo porque permite pensar las superficies de explotación sin forzar continuidades entre casos distintos. En los «topos», la superficie vulnerable habría estado vinculada con documentación, cobertura biográfica e inserción social; en «La Compañía», el punto sensible habría sido la porosidad informativa, la baja trazabilidad de autorías y la intermediación opaca; en la hipótesis de «Julietas» y «Romeos», la superficie a observar sería otra, más ligada al acceso humano íntimo, la confianza personal y la vulnerabilidad privada de personas con capacidad de decisión o influencia.
La comparación no busca sugerir que exista relación orgánica entre esos casos. Su utilidad es metodológica, ya que en todos ellos se advierte la necesidad de distinguir hechos acreditables, indicadores convergentes y juicios analíticos, una separación que ayuda a evitar tanto la negación apresurada como la afirmación sin prueba. En este sentido, el caso de las «Julietas» podría ser menos importante por lo que prueba que por lo que permite preguntar.7
Inteligencia artificial y prueba audiovisual
La circulación de audios, videos, imágenes y capturas agrega una dificultad adicional, porque la inteligencia artificial generativa ha debilitado el efecto de verdad automática que antes podía tener un material audiovisual. La NSA, junto con otras agencias federales estadounidenses, advirtió que los medios sintéticos y los deepfakes pueden representar desafíos de seguridad para organizaciones, sistemas nacionales, infraestructura crítica y comunicaciones sensibles (National Security Agency, 2023).
Esto no significa que todo material filtrado sea falso, sino que la autenticidad ya no puede asumirse sin evaluación técnica. Un audio, una imagen o un video podrían ser auténticos, antiguos, editados, descontextualizados, parcialmente manipulados o generados artificialmente, y esa posibilidad tiene consecuencias analíticas porque una operación de presión ya no necesitaría apoyarse exclusivamente en material verdadero si logra producir verosimilitud suficiente para instalar sospecha o daño reputacional.
En este punto, la combinación entre acceso humano e inteligencia artificial podría ampliar el problema. Una aproximación personal podría obtener fragmentos reales, datos de contexto, estilos de comunicación, imágenes o voces, mientras que herramientas sintéticas podrían completar, alterar o simular aquello que falta. No se afirma que esto haya ocurrido en un caso concreto, aunque sí parece razonable considerarlo como posibilidad técnica al analizar filtraciones sensibles.
La prudencia exige contemplar distintos escenarios. Si el material fuera auténtico y obtenido mediante aproximación intencional, el problema podría ubicarse en el plano de la contrainteligencia, la seguridad de comunicaciones y la protección de entornos sensibles; si fuera auténtico pero antiguo o descontextualizado, el problema estaría más cerca de la explotación narrativa; si fuera falso o sintético, la cuestión se desplazaría hacia la manipulación perceptiva y la producción de daño mediante verosimilitud.
Qué permite observar la señal débil
La hipótesis de «Las Julietas» no prueba una organización, ni autoriza a afirmar que cada exposición íntima sea una operación de inteligencia. Sin embargo, permite observar una vulnerabilidad que no debería ser descartada: en ciertos entornos de decisión, la intimidad, la confianza y la exposición personal podrían convertirse en superficies de acceso, presión o explotación informacional.
Esa verosimilitud no aparece en el vacío, ya que podría apoyarse en antecedentes de espionaje ilegal, circulación de carpetas, filtraciones, desconfianza institucional y circuitos informales de información. También podría apoyarse en una dificultad más amplia del debate público para distinguir entre hechos documentados, versiones mediáticas, inferencias doctrinarias y atribuciones institucionales.
Desde una mirada de contrainteligencia, el fenómeno obliga a considerar vulnerabilidades humanas. Una persona con poder o acceso sensible no solo puede ser vulnerable por la información que conoce, sino también por sus hábitos, deseos, temores, necesidades, vínculos, imprudencias o exposiciones.
Esta afirmación no implica que la vida privada deba ser absorbida por el Estado, sino que determinadas exposiciones personales pueden adquirir dimensión institucional cuando afectan a personas con responsabilidad, acceso o capacidad de decisión.
La señal débil también permite advertir un segundo riesgo. La inteligencia funciona muchas veces como una categoría cargada de misterio, y ese misterio puede ser utilizado para explicar hechos opacos, 8 pero también para insinuar responsabilidades sin demostrarlas. Entre negar la plausibilidad del método y atribuirlo automáticamente a organismos oficiales hay un espacio analítico más prudente, que exige reconocer la posibilidad doctrinaria, pero también reclamar evidencia antes de asignar responsabilidad institucional.
Apreciación
Llegados a este punto, quizá convenga volver al inicio del razonamiento. El interés del fenómeno no reside en determinar si una persona concreta pertenece o no a una red informal, sino en comprender cómo podrían construirse accesos humanos alrededor de personas con capacidad de decisión, de qué modo podrían obtenerse vulnerabilidades, quién podría explotarlas y bajo qué condiciones una filtración puede convertirse en herramienta de presión.
Un abordaje doctrinario ayuda a ordenar el problema porque permite separar secreto, clandestinidad, encubrimiento, espionaje, inteligencia legal, obtención ilegítima, atribución institucional y explotación extorsiva. Esa separación no resuelve el caso concreto, pero sí evita confundir análisis con sospecha o prudencia con ingenuidad.
Con las fuentes públicas disponibles, no es posible afirmar que «Las Julietas» existan como grupo formal. Sí puede sostenerse que la lógica que se les atribuye resulta comprensible dentro del repertorio histórico de la inteligencia humana, siempre que se la trate como hipótesis y no como prueba. Lo preocupante no sería la existencia abstracta de técnicas de acceso humano, sino su posible utilización por fuera de controles legales, a través de circuitos informales o mediante prácticas orientadas al chantaje, la presión o el daño reputacional.
Tal vez la pregunta más útil no sea si «Las Julietas» existen, sino por qué su existencia resulta verosímil. Esa verosimilitud, tratada como señal débil, permite observar la fragilidad de ciertos entornos de decisión, la persistencia de circuitos informales de información, la facilidad con la que se atribuyen operaciones a los servicios sin prueba suficiente y la conversión de la intimidad en una posible superficie de explotación.
Referencias
Ámbito. (2023, 5 de octubre). Las Julietas: aseguran que hay un grupo de modelos que trabajan con espías. https://www.ambito.com/politica/las-julietas-aseguran-que-hay-un-grupo-modelos-que-trabajan-espias-n5838362
Central Intelligence Agency. (s. f.). Romeo spies. https://www.cia.gov/stories/story/romeo-spies/
Ciudad Magazine. (2023, 4 de octubre). Romina Manguel expuso a “Las Julietas”, el supuesto grupo de inteligencia al que pertenecería Sofía Clerici. https://www.ciudad.com.ar/espectaculos/2023/10/04/romina-manguel-expuso-a-las-julietas-el-supuesto-grupo-de-inteligencia-al-que-perteneceria-sofia-clerici/
Congressional Research Service. (2018). Covert action and clandestine activities of the intelligence community: Selected definitions (R45175). https://www.everycrsreport.com/reports/R45175.html
El Trece. (2023, 24 de octubre). Qué significa el cisne rosa que aparece en las fotos de Sofía Clerici y “Las Julietas”. https://www.eltrecetv.com.ar/noticias/2023/10/24/que-significa-el-cisne-rosa-que-aparece-en-las-fotos-de-sofia-clerici-y-las-julietas/
International Committee of the Red Cross. (s. f.). Spies. https://casebook.icrc.org/a_to_z/glossary/spies9
National Security Agency. (2023, 12 de septiembre). NSA, U.S. federal agencies advise on deepfake threats. https://www.nsa.gov/Press-Room/Press-Releases-Statements/Press-Release-View/Article/3523329/nsa-us-federal-agencies-advise-on-deepfake-threats/
República Argentina. (2001). Ley 25.520. Ley de Inteligencia Nacional. Infoleg. https://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/70000-74999/70496/texact.htm
Salmerón, M. (2026). Argentina bajo la superficie: inteligencia clandestina, influencia y vulnerabilidad informativa. Una lectura doctrinaria comparada a partir de los “topos” rusos y del caso “La Compañía”. Minerva Institute. Documento de Información Minerva 22/2026.
United States Code. (2025). 50 U.S.C. § 3093. Presidential approval and reporting of covert actions. https://uscode.house.gov/view.xhtml?req=%28title%3A50+section%3A3093+edition%3Aprelim%29
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