ARGENTINA BAJO LA SUPERFICIE: INTELIGENCIA CLANDESTINA, INFLUENCIA Y VULNERABILIDAD INFORMATIVA
Por- Lic. Martín Salmerón, Miembro del Instituto de Inteligencia de #El Analista
Documento de Información Minerva NN/2026
Fecha: 04/04/2026
Una lectura doctrinaria comparada a partir de los “topos” rusos y del caso “La Compañía”
Resumen
Este documento examina dos casos convergentes que iluminan la dimensión subrepticia de la competencia entre Estados en territorio argentino. Los “topos” rusos remiten a una modalidad de inteligencia clandestina profunda basada en cobertura biográfica e implantación prolongada. “La Compañía”, en cambio, sugiere una lógica de influencia e injerencia informacional apoyada en intermediación opaca, autorías apócrifas y explotación del ecosistema mediático local. A partir de una lectura doctrinaria comparada, el trabajo sostiene que la Argentina no está fuera del campo de las operaciones subrepticias ligadas a intereses extranjeros y que una de sus vulnerabilidades más sensibles reside en la porosidad del entorno informativo.
Palabras clave
Argentina; contrainteligencia; influencia; inteligencia clandestina; vulnerabilidad informativa
NOTA: Las opiniones contenidas en este documento son responsabilidad de su autor, sin que necesariamente concuerden con las líneas de pensamiento de Minerva Institute.
ARGENTINA BELOW THE SURFACE: CLANDESTINE INTELLIGENCE, INFLUENCE AND INFORMATION VULNERABILITY
A comparative doctrinal reading based on the Russian “illegals” and the case of “La Compañía”
Abstract
This document examines two convergent cases that illuminate the covert dimension of interstate competition in Argentine territory. The Russian “illegals” point to deep clandestine intelligence based on biographical cover and long-term implantation. “La Compañía”, by contrast, suggests a logic of influence and information interference supported by opaque intermediation, false authorship and exploitation of local media vulnerabilities. Through a comparative doctrinal reading, the paper argues that Argentina is not outside the field of covert operations linked to foreign interests and that one of its most sensitive vulnerabilities lies in the porosity of its information environment.
Key words
Argentina; clandestine intelligence; counterintelligence; influence; information vulnerability
Para citar este artículo (APA 7ª edición):
Salmerón, M. (2026, 4 abril). Argentina bajo la superficie: inteligencia clandestina, influencia y vulnerabilidad informativa. Minerva Institute. Documento de Información NN/2026. Enlace web y RRSS. Consultado dd/mm/aaaa.
Nota metodológica. Este trabajo combina hechos públicamente verificables con inferencia analítica apoyada en comparación doctrinaria, lectura de patrones y contraste entre fuentes abiertas de distinta naturaleza. Por eso distingue entre hechos acreditables, indicadores convergentes y juicios analíticos.
INTRODUCCIÓN
Existe una tendencia a imaginar las operaciones clandestinas, las redes de inteligencia y las maniobras de influencia extranjera como si pertenecieran a otros escenarios o, directamente, al terreno de la ficción. Esa distancia se vuelve difícil de sostener cuando se observan dos antecedentes distintos, aunque convergentes. Por un lado, los llamados “topos” rusos, agentes que vivieron en Buenos Aires bajo identidades argentinas falsas antes de proyectarse hacia Europa. Por otro, “La Compañía”, presentada por el Gobierno argentino como una estructura vinculada a intereses rusos, orientada a desarrollar tareas de influencia, desinformación, articulación local y obtención de información política en territorio nacional.
El propósito de este trabajo no es narrar esos episodios como una crónica policial ni utilizarlos como denuncia coyuntural. Lo que se busca es analizarlos desde un lente doctrinario comparado, capaz de distinguir fenómenos que en el debate público suelen aparecer mezclados. No toda actividad encubierta es espionaje en sentido estricto, no toda injerencia informativa puede reducirse a propaganda y no toda operación de influencia responde a la misma arquitectura ni persigue el mismo efecto.
Desde esa perspectiva, el contraste entre los “topos” y “La Compañía” permite observar dos modalidades de una misma zona de fricción. El primero remite a una forma clásica de inteligencia clandestina, basada en cobertura biográfica profunda, identidad trabajada durante años, inserción social verosímil y proyección operativa de largo plazo. El segundo parece responder a un fenotipo menos ligado a la infiltración personal prolongada y más próximo a una implantación funcional sobre el entorno informativo, con uso de intermediarios, firmas ficticias, facilitadores y aprovechamiento de un ecosistema mediático poroso.
La hipótesis del artículo parte de esa diferencia. La Argentina puede funcionar, y en algunos casos ha funcionado, como espacio de cobertura, implantación o influencia para operaciones ligadas a intereses extranjeros. Comprender esa realidad exige distinguir entre inteligencia clandestina, contrainteligencia, operación de influencia, injerencia informacional y confrontación cognitiva, sin tratarlas como sinónimos. Al mismo tiempo, esa lectura deja a la vista una debilidad local, porque este tipo de operaciones necesita superficies de explotación y una de ellas parece estar en la fragilidad del ecosistema informativo y en la opacidad de ciertas mediaciones. En este trabajo se entenderá por proyección subrepticia extranjera el conjunto de acciones no declaradas mediante las cuales un actor externo procura construir cobertura, acceso, influencia o capacidad de condicionamiento sobre un entorno nacional.
1. ARGENTINA Y LA DIMENSIÓN SUBREPTICIA DE LA COMPETENCIA ENTRE ESTADOS
1.1. Diplomacia visible, intereses opacos y acción exterior no declarada
Existe una inclinación a imaginar la competencia entre Estados como si se agotara en la diplomacia visible, en los comunicados oficiales, en los acuerdos declarados y en los gestos públicos de cooperación o tensión. Sin embargo, ese plano convive con otro mucho menos transparente, a veces deliberadamente negado, en el que operan dispositivos de inteligencia, redes de apoyo, maniobras de acceso, acciones de influencia y mecanismos de injerencia que rara vez se presentan como tales. No se trata de una licencia cinematográfica, sino de una dimensión persistente de la competencia interestatal.
Vista desde esa perspectiva, la Argentina no puede seguir pensándose al margen de ese tablero subrepticio. La información disponible, observada en conjunto y no en compartimentos aislados, apunta a algo más incómodo. El territorio nacional puede funcionar, según el caso, como espacio de cobertura, de implantación, de apoyo operativo o de intervención sobre el entorno informativo. Dicho de otro modo, la Argentina no solo recibe efectos indirectos de disputas ajenas, sino que también puede ser utilizada como escenario, plataforma o superficie de explotación por actores que persiguen intereses más amplios que los que exhiben en su relación diplomática formal.
Conviene hacer una distinción conceptual temprana, porque no toda acción exterior opaca responde al mismo fenotipo operativo. Hay operaciones orientadas a penetrar estructuras, otras a obtener información, otras a crear acceso futuro, otras a sostener coberturas profundas y otras, finalmente, a modelar percepciones, degradar confianza o explotar fracturas preexistentes. El error aparece cuando todo eso se introduce en una misma bolsa, como si espionaje, propaganda, influencia, injerencia y contrainteligencia fueran nombres equivalentes. No lo son.
El caso conocido públicamente como “La Compañía” entra de lleno en esa discusión, porque la presentación oficial argentina y las reconstrucciones periodísticas posteriores lo describen como una estructura vinculada a intereses rusos, asociada a tareas de influencia, desinformación, articulación local y obtención de información política en territorio nacional. La detección informada en 2025, la identificación pública de residentes rusos realizando tareas sospechosas y la posterior remisión del caso al circuito judicial muestran que el fenómeno no fue leído por el Estado como una simple controversia mediática.1
La lógica que se desprende del patrón atribuido también merece atención, porque la estructura descripta no habría consistido solamente en emitir mensajes desde afuera ni en inundar redes con consignas toscas. El conjunto de elementos disponibles sugiere algo más elaborado y adaptado al entorno receptor. Se registró una colocación intensiva de contenidos en medios argentinos durante 2024, se describieron intermediarios, firmas fantasma y una intervención orientada a explotar clivajes políticos locales y tensiones regionales. Ese aspecto importa para la hipótesis del trabajo, porque este tipo de operaciones no prospera en el vacío, sino sobre superficies de explotación concretas. En caso argentino, una de ellas parece estar en la porosidad del ecosistema informativo, en la opacidad de ciertas mediaciones, en la facilidad para tercerizar contenidos y en la escasa verificabilidad de algunas autorías.2
1 Véase Casa Rosada (2025) sobre la presentación oficial del caso, las tareas atribuidas y la identificación pública de residentes rusos
2 Para un marco complementario sobre erosión de confianza, cinismo social y explotación de debilidades internas, véanse Díaz Delgado (2026) y Caverni (2026).
1.2. Dos casos para pensar el problema, los “topos” y “La Compañía”
Para que esta discusión no quede en el plano abstracto conviene observar dos casos distintos, el de los llamados “topos” rusos y el de “La Compañía”. No son episodios idénticos ni conviene forzar entre ambos una continuidad que hoy no está demostrada, pero sí permiten ver cómo una misma ecología de proyección exterior puede adoptar modalidades diferentes según el objetivo, el tiempo disponible y el instrumento elegido.
En el caso de los “topos”, lo que aparece es una modalidad clásica de inteligencia clandestina profunda, apoyada en cobertura biográfica, documentación, inserción social, normalidad aparente y una leyenda trabajada durante años. Reducir su paso por la Argentina a una mera preparación para Europa sería insuficiente, porque la trayectoria reconstruida muestra un itinerario previo y transnacional, con movimientos en varios países antes de su afincamiento en Buenos Aires, y además permite sostener que la implantación en la Argentina no se limitó a fabricar identidad. También hubo actividad operativa vinculada a intereses rusos.3
“La Compañía” remite a otro fenotipo y ahí conviene ser precisos. Las fuentes públicas disponibles no permiten afirmar una implantación clandestina larga y profunda del mismo tipo, ni tampoco detenciones consolidadas de sus presuntos operadores en la Argentina. Lo que sí permiten sostener es algo más acotado, ya que la estructura atribuida habría operado con una combinación de tareas de influencia, obtención de información política, trabajo sobre organizaciones, campañas mediáticas, intermediación y colocación de contenidos. La cronología reconstruida ubica una activación temprana en 2024 y una fase intensa de colocación entre junio y octubre de ese año.
La diferencia entre ambos casos no es menor, porque en uno la opacidad se juega sobre todo en la biografía del operador, mientras que en el otro se juega en la arquitectura relacional que permite insertar contenidos, disimular autorías y aprovechar legitimidades ajenas. Uno trabaja sobre la invisibilidad de la persona y sobre su capacidad de permanecer; el otro, sobre la porosidad del ecosistema informativo y sobre la posibilidad de circular influencia bajo apariencia de producción local o de disenso orgánico.
Ambos casos convergen, sin embargo, en un punto decisivo, porque sugieren que la Argentina puede ser funcional a intereses exteriores que no se expresan por los canales diplomáticos ordinarios. A veces, esa funcionalidad adopta la forma de cobertura profunda y actividad operativa silenciosa. Otras, la de inserción sobre un entorno mediático fragmentado, intermediado y vulnerable.
“La Compañía” agrega un matiz particularmente útil, porque la información disponible indica que la estructura habría buscado trabajar sobre la opinión pública argentina con finalidades geopolíticas, reduciendo apoyos o elevando costos políticos de determinadas posiciones, explotando polarización interna y articulando contenido a través de medios locales. Además, el patrón observado sugiere que la operación no se habría montado en el vacío, sino sobre vulnerabilidades del ecosistema mediático digital, prácticas de republicación y tercerización, desconocimiento de autorías e intermediación opaca.
3 Sobre los agentes ilegales rusos con identidades argentinas y su actividad en la Argentina, véanse Topos y El País (2025).
2. LENTES DOCTRINARIOS PARA LEER FENÓMENOS DISTINTOS
2.1 Contrainteligencia, espionaje clandestino y operación de influencia en clave argentina
Los dos casos examinados muestran que la dificultad no está solo en detectar una actividad subrepticia, sino en nombrarla con precisión. Cada categoría doctrinaria ordena el fenómeno de modo distinto, fija prioridades analíticas diferentes y habilita respuestas también distintas. No es lo mismo pensar un caso como espionaje clandestino, como operación de influencia, como injerencia informacional o como problema de contrainteligencia.
En términos estrictos, el espionaje clandestino remite a la obtención secreta de información de interés, por lo general mediante penetración humana, acceso no autorizado, cobertura, reclutamiento, observación o proximidad operacional a entornos sensibles. Su lógica es la del conocimiento reservado y la del acceso diferenciado. Ese registro encaja con bastante claridad en el fenotipo de los “topos”, donde la clave no estaba en producir efectos públicos inmediatos, sino en sostener durante años una cobertura verosímil capaz de habilitar presencia, vínculos y eventual explotación posterior.
La operación de influencia, en cambio, responde a otra lógica. Su centro de gravedad no está en el secreto de la información obtenida, sino en la modificación de percepciones, en la orientación de climas, en la instalación de narrativas y en la producción de efectos sobre la interpretación pública de un problema. Puede ser abierta o encubierta, directa o tercerizada, apoyarse en información verdadera, manipulada o fabricada, y trabajar sobre audiencias masivas o selectivas.
La contrainteligencia entra en escena desde otro ángulo. No designa un tipo de mensaje ni una técnica de persuasión, sino la función orientada a detectar, prevenir, neutralizar y explotar acciones hostiles desarrolladas por actores adversarios, ya sea en forma de espionaje, sabotaje, penetración, injerencia o influencia. En ese sentido, una misma actividad puede ser, a la vez, una operación de influencia para quien la ejecuta y un problema de contrainteligencia para el Estado que la recibe. 4
Esa inclusión tiene una consecuencia importante para el análisis. En la arquitectura pública vigente, la Argentina ya no aparece doctrinariamente obligada a tratar la influencia extranjera como si fuera un fenómeno periférico o separado del campo de la seguridad. El marco normativo permite leerla como una modalidad de amenaza contrainteligente, sin convertir toda disputa discursiva en una operación extranjera.
Desde este punto de vista, la distinción entre los dos casos argentinos se vuelve más clara. Los “topos” pueden leerse como una modalidad de inteligencia clandestina profunda, sostenida por cobertura biográfica y presencia prolongada; “La Compañía”, en cambio, como una modalidad de implantación funcional para influencia, cuya relevancia no reside tanto en la biografía del operador como en la capacidad de explotar un ecosistema informativo y activar canales de circulación.
4 El Decreto 941/2025 incorpora injerencia, interferencia e influencia al campo preventivo de la Agencia Nacional de Contrainteligencia.
2.2 Comparación doctrinaria, Rusia, Unión Europea y España
La comparación internacional permite afinar todavía más esta lectura, porque muestra que una misma función puede aparecer organizada bajo doctrinas distintas, con lenguajes diferentes y con fronteras conceptuales que no siempre coinciden. Lo que para una tradición se presenta como operación psicológica, para otra se integra en una lógica más amplia de confrontación informacional y, para una tercera, se formula como manipulación e interferencia extranjera sobre el espacio informativo.
En Rusia, el cuadro aparece relativamente definido, porque la relación entre información, influencia, percepción y competencia estratégica tiende a pensarse de forma más integrada. La doctrina oficial de seguridad de la información ubica la esfera informativa dentro del campo de la seguridad nacional y la literatura especializada coincide en que la information confrontation constituye un elemento distintivo del pensamiento estratégico ruso contemporáneo.5
La Unión Europea ofrece otra gramática. Su vocabulario dominante ya no gira en torno a las viejas operaciones psicológicas, sino a la categoría de Foreign Information Manipulation and Interference, pensada para captar un problema más amplio que la simple desinformación aislada. En este marco, el énfasis se desplaza hacia la manipulación coordinada, la interferencia extranjera sobre el espacio informativo y la resiliencia institucional y social del sistema receptor.6
España, por su parte, conserva un lenguaje doctrinario más cercano al universo OTAN y a la tradición militar del entorno de la información, aunque incorpora con claridad la dimensión cognitiva. Su doctrina subraya que en ese ámbito se juegan percepciones, actitudes, motivaciones y conductas, variables decisivas para la toma de decisiones y para la producción de efectos estratégicos.7
De esa comparación surge una conclusión útil. La misma función de influencia cambia de nombre, de encuadre orgánico y de lenguaje doctrinario según la tradición que la ordena. En la tradición rusa, se integra en una concepción más amplia y continua de confrontación informacional; en la europea, se procesa como manipulación e interferencia extranjera sobre el espacio informativo; y en la española, se articula dentro del entorno de la información y del ámbito cognitivo. Esta constatación ayuda a leer mejor el caso argentino.
5 Sobre information confrontation y la tradición rusa de seguridad informativa, véanse RAND (2022) y la doctrina rusa de seguridad de la información de 2016.
6 Sobre FIMI como categoría europea para manipulación e interferencia informativa extranjera, véase European External Action Service (2025).
7 Sobre ámbito cognitivo, operaciones psicológicas y operaciones de información en el marco doctrinario español, véase Estado Mayor de la Defensa (2023).
3. “LA COMPAÑÍA” Y LA EXPLOTACIÓN DE VULNERABILIDADES LOCALES
3.1.Qué puede sostenerse con prudencia y qué sigue abierto
A esta altura del análisis ya no parece necesario optar entre una lectura maximalista y otra puramente escéptica, porque la información disponible permite una formulación más cuidadosa. No estamos ante una certeza judicial pública completamente cerrada, pero tampoco ante una mera sospecha sin forma. La convergencia entre el reconocimiento oficial argentino, la existencia de una investigación estatal previa, la posterior remisión del caso al circuito judicial y la reconstrucción periodística basada en documentos internos filtrados vuelve razonable afirmar que hubo, como mínimo, una estructura orientada a influir sobre el entorno informativo y político argentino con finalidades geopolíticas.
Ese patrón presenta, además, rasgos relativamente definidos. Entre junio y octubre de 2024, la red atribuida a “La Compañía” habría presupuestado la inserción de unos 250 artículos en más de veinte medios argentinos, con montos cercanos a los 280.000 o 283.000 dólares, al tiempo que desarrollaba otras actividades complementarias, entre ellas encuestas, análisis de riesgos, perfiles de figuras públicas e informes sobre asuntos sensibles para la agenda geopolítica. A eso se suman indicios consistentes de intermediación opaca, identidades falsas y autorías apócrifas.8
Sostener eso no obliga a exagerar lo que todavía sigue abierto, porque las mismas investigaciones que aportan la base más sólida del caso remarcan sus límites. No puede afirmarse de forma concluyente, con la información pública hoy accesible, quién recibió efectivamente cada pago, cómo se canalizó cada transferencia, qué nivel de conocimiento tuvo cada actor dentro de cada medio, ni cuál fue el impacto concreto de la campaña sobre la opinión pública argentina.
Esa prudencia importa especialmente cuando se observa la dimensión mediática del caso, porque sería un error pasar de la constatación de un patrón de inserción de contenidos a la afirmación de que todos los actores involucrados actuaron con plena conciencia de la arquitectura estratégica en la que pasaban a inscribirse. La información disponible no permite sostener eso. Lo que sí permite afirmar es la existencia de un entorno lo bastante permeable como para que intermediarios, autorías ficticias, contenidos alineados con intereses externos y piezas de procedencia opaca encontraran canales de circulación eficaces dentro del ecosistema local.
Dentro de ese patrón, además, aparece un rasgo que merece atención particular, y es la producción o colocación de contenido fabricado con finalidad desestabilizadora. El ejemplo más robusto en las reconstrucciones periodísticas es la historia falsa orientada a generar tensión entre Argentina y Chile, una pieza que no buscaba solamente desacreditar al gobierno argentino, sino también producir fricción regional sobre un eje sensible.
8 Sobre documentos filtrados, artículos presupuestados, intermediación, autorías apócrifas y límites probatorios, véanse Chequeado (2026) y Forbidden Stories (2026).
3.2.Ecosistema informativo, intermediación opaca y superficie de explotación
El punto más delicado del caso está en que una operación de este tipo no produce sus efectos sobre un terreno neutro, sino sobre un entorno que ya presenta ciertas condiciones de vulnerabilidad. Esa observación exige cuidado, porque no se trata de trasladar toda la responsabilidad al sistema receptor ni de diluir la agencia del actor que interviene, sino de reconocer algo más elemental, que es que la influencia externa no crea desde cero todas sus oportunidades. Más bien las detecta y las explota allí donde encuentra mediaciones porosas, fracturas preexistentes y circuitos capaces de absorber contenido funcional sin controles robustos.
En el caso argentino, la información reunida hasta ahora permite identificar varias de esas condiciones. La primera es la intermediación opaca, ya que buena parte del patrón atribuido se apoya en canales intermedios entre quien diseña o financia una pieza y quien finalmente la publica, de modo que la trazabilidad se vuelve borrosa y la responsabilidad se fragmenta. La segunda es la debilidad en la verificación de autorías, visible en la aparición de firmas inexistentes o apoyadas en identidades construidas artificialmente. La tercera es la polarización política, que no explica por sí sola la operatoria, pero sí la vuelve más rentable.
Ese último elemento merece una observación más fina. La polarización no debe ser entendida aquí solo como una diferencia intensa entre posiciones ideológicas, sino como una condición estructural que reduce los incentivos para verificar, complejizar o poner en suspenso un contenido cuando ese contenido parece golpear al adversario correcto. En un ambiente así, la afinidad coyuntural entre una pieza y el sesgo previo del receptor puede operar como un atajo de legitimación.
Por eso conviene resistir dos simplificaciones opuestas. La primera sería afirmar que la operación solo fue posible porque ciertos medios fueron deliberadamente comprados, algo que la información pública no permite sostener en todos los casos. La segunda sería pensar que, mientras no se pruebe cada pago o cada decisión editorial, el sistema local queda exento de crítica estructural. Lo más fértil es asumir una zona intermedia, compuesta por precariedad, tercerización, opacidad, fragmentación editorial, afinidades coyunturales y déficits de control.
A esa lectura se suma otra observación relevante, que es el modo en que la manipulación contemporánea del entorno informativo tiende a operar no solo a través de la mentira pura, sino mediante la mezcla de piezas verdaderas, exageradas, descontextualizadas o directamente fabricadas, hasta producir un clima donde la frontera entre información y operación se vuelve más difícil de trazar. Ese mecanismo erosiona confianza y, en ciertos casos, empuja al receptor a una disposición cínica.
Leído desde el ángulo de la contrainteligencia, este punto adquiere un valor adicional, porque ya no se trata solo de identificar al actor que impulsa una operación, sino de reconocer cuáles son las superficies locales que vuelven posible su implantación y cuáles son los reflejos defensivos que faltan o resultan insuficientes. En ese sentido, la vulnerabilidad mediática e informativa no aparece como un problema cultural abstracto, sino como una dimensión concreta de la seguridad estratégica.
CONCLUSIONES
La apreciación que se desprende del conjunto es que la Argentina no está fuera del campo de las operaciones subrepticias ligadas a intereses extranjeros, ni puede seguir pensándose como un espacio periférico ajeno a formas de implantación, cobertura, influencia o injerencia que discurren por debajo de la diplomacia visible. Los casos examinados no autorizan una lectura uniforme ni una generalización exagerada, aunque sí permiten sostener algo más relevante, que es la existencia de fenotipos operativos distintos dentro de una misma ecología de proyección exterior.
Desde esa perspectiva, el contraste entre los “topos” y “La Compañía” ayuda a ver con más claridad el problema, no porque ambos casos deban confundirse ni porque pueda afirmarse entre ellos una continuidad orgánica que hoy no está demostrada, sino porque muestran dos modalidades diferentes de una misma realidad estratégica. En un caso, la opacidad se juega sobre la biografía del operador, sobre la cobertura y sobre la capacidad de permanecer, observar y construir acceso a lo largo del tiempo. En el otro, la opacidad se desplaza hacia la arquitectura relacional que permite insertar contenidos, disimular autorías, operar mediante intermediarios y aprovechar legitimidades ajenas dentro del ecosistema informativo local.
La lectura doctrinaria comparada ayuda además a ordenar lo que en el debate público suele aparecer mezclado. El espionaje clandestino, la operación de influencia, la manipulación del entorno informativo y la contrainteligencia no son nombres equivalentes para una misma cosa, aunque puedan tocarse y superponerse en ciertos puntos. A la luz de ese marco, la formulación más razonable para el caso argentino sigue siendo que “La Compañía” entra, para la Argentina, por la puerta de la contrainteligencia, aun cuando su lógica funcional se parezca más a una operación de influencia y, observada desde otras tradiciones doctrinarias, pueda leerse también como una forma contemporánea de injerencia o manipulación informacional.
La apreciación final no debería limitarse, por tanto, a la existencia de una amenaza externa. También debe atender a las condiciones internas que vuelven viable su despliegue, porque mediaciones opacas, baja trazabilidad de autorías, polarización y controles editoriales débiles pueden transformarse en superficie de explotación. La respuesta no puede reducirse a detectar una red puntual; requiere fortalecer capacidades de contrainteligencia, verificación, trazabilidad y resiliencia cognitiva, sin abandonar las garantías propias de un sistema democrático.
BIBLIOGRAFIA
1. Casa Rosada. (2025, 18 junio). Conferencia de prensa del Vocero Presidencial, Manuel Adorni, en Casa Rosada. https://www.casarosada.gob.ar/informacion/conferencias/51002-conferencia-de-prensa-del-vocero-presidencial-manuel-adorni-en-casa-rosada-18-06-2025
2. Argentina. (2026, 2 enero). Decreto 941/2025. Boletín Oficial de la República Argentina. https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/337032/20260102
3. Chequeado. (2026, 3 abril). Documentos revelan una campaña rusa para influir en medios de Argentina y desacreditar al gobierno de Javier Milei. https://chequeado.com/investigaciones/documentos-revelan-una-campana-rusa-para-influir- en-medios-de-argentina-y-desacreditar-al-gobierno-de-javier-milei/
4. Forbidden Stories. (2026). Periodistas fantasma, pagos en efectivo y directivas del Kremlin: el año en que agentes rusos intentaron influir en los medios argentinos. https://forbiddenstories.org/es/periodistas-fantasma-pagos-en-efectivo-y-directivas-del-kremlin-el-ano-en-que-agentes-rusos-intentaron-influir-en-los-medios-argentinos/
5. Alconada Mon, H. (2025). Topos. Buenos Aires: Planeta.
6. El País. (2025, 13 mayo). Hugo Alconada Mon, autor de Topos: “Los espías rusos están en toda América Latina”. https://elpais.com/argentina/2025-05-13/hugo-alconada-mon-autor-de-topos-los-espias-rusos-estan-en-toda-america-latina.html
7. RAND Corporation. (2022). Russian Information Warfare: Assault on Democracies in the Cyber Wild West. https://www.rand.org/pubs/research_reports/RRA198-8.html
8. Security Council of the Russian Federation. (2016). Doctrine of Information Security of the Russian Federation. https://www.scrf.gov.ru/security/information/DIB_engl/
9. European External Action Service. (2025). Information integrity and countering foreign information manipulation and interference (FIMI). https://www.eeas.europa.eu/eeas/information-integrity-and-countering-foreign-information-manipulation-interference-fimi_en
10. Estado Mayor de la Defensa. (2023). Implicaciones del ámbito cognitivo en las operaciones militares. https://emad.defensa.gob.es/Galerias/CCDC/files/IMPLICACIONES_DEL_AMBITO_COGNITI%20VO_EN_LAS_OPERACIONES_MILITARES.pdf
11. Díaz Delgado, A. I. (2026). Desinformación en redes sociales y política. Impacto estructural, erosión de la confianza y cinismo social. Minerva Institute. Documento de información 13/2026.
12. Caverni, Á. (2026). Desinformación, explotando las debilidades internas de Occidente. Minerva Institute. Documento de información.
Aviso Legal: El contenido del presente artículo no fue redactado por #ElAnalista, siendo el mismo de exclusiva autoría y propiedad intelectual de su creador. El artículo podría no reflejar las opiniones de #ElAnalista como organismo
