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Alianzas algorítmicas: la IA redefine la seguridad internacional

La inteligencia artificial y el ciberespacio añaden una capa digital a las arquitecturas de seguridad, de modo que los datos, la nube, el cómputo y los algoritmos redefinen la interoperabilidad y generan nuevas dependencias. La prueba decisiva será la resiliencia cuando la conectividad se degrade.

Fecha de cierre de la información: 9 de octubre de 2026.

Las alianzas también se vuelven digitales

Las alianzas del siglo XX compartían bases, planes, comunicaciones, armamento y procedimientos, mientras que las del siglo XXI necesitan, además, que sus datos puedan circular, que sus redes permanezcan disponibles y que sus sistemas digitales sean capaces de operar juntos. Este cambio, de apariencia técnica, produce consecuencias políticas de primer orden.

Una alianza puede conservar intactos sus tratados y sus compromisos de Defensa Colectiva y, sin embargo, perder eficacia si sus fuerzas no pueden intercambiar información en tiempo operacional. Asimismo, dos Estados políticamente alineados pueden encontrar serias dificultades para combatir juntos cuando utilizan nubes incompatibles, estándares diferentes o sistemas de inteligencia artificial que no admiten el intercambio de datos.

La inteligencia artificial incorpora a las arquitecturas de seguridad existentes una capa tecnológica que modifica su funcionamiento, de manera que, a medida que la Defensa Colectiva depende de redes, datos interoperables, capacidad de cómputo, ciberseguridad y apoyo algorítmico a la decisión, cambian también las fuentes de poder, las dependencias y las vulnerabilidades dentro de las alianzas.

Arquitectura de seguridad y alianza

Una arquitectura de seguridad se entiende como el entramado de instituciones, normas, capacidades, mecanismos políticos, instrumentos militares y arreglos formales e informales mediante los cuales los actores organizan su seguridad, de modo que la alianza integra esa arquitectura y coexiste en ella con otros mecanismos de distinta naturaleza.

Esa distinción evita reducir el problema a la incorporación de una nueva tecnología en la OTAN. Las teorías clásicas siguen siendo útiles para leer el cambio: el institucionalismo permite observar cómo estándares y procedimientos reducen incertidumbre y costos de cooperación; el realismo obliga a atender las dependencias, las ventajas relativas y las nuevas formas de poder que surgen de la infraestructura; y los enfoques constructivistas muestran que ninguna tecnología adquiere significado estratégico al margen de normas, identidades, percepciones de amenaza y criterios de legitimidad (Keohane, 1993; Jervis, 1978; Adler & Barnett, 1998).

La precisión también resulta pertinente porque las arquitecturas de seguridad pueden combinar mecanismos diferentes, entre ellos la Defensa Colectiva, la seguridad cooperativa, las alianzas, los regímenes, las coaliciones y los arreglos regionales, y la digitalización atraviesa a todos ellos sin borrar sus diferencias. Un sistema de Defensa Colectiva seguirá dependiendo de compromisos políticos; un régimen seguirá descansando en normas y procedimientos; una coalición seguirá requiriendo acuerdos sobre objetivos y mando. La tecnología modifica el modo en que estos mecanismos operan y deja intacta la naturaleza política que los constituye.

En este marco se propone la expresión Arquitectura Algorítmica de Seguridad como síntesis analítica: una arquitectura cuyos componentes políticos, militares, jurídicos e institucionales dependen de manera creciente de infraestructuras digitales interoperables, datos compartidos, capacidad de cómputo, inteligencia artificial, ciberdefensa y sistemas automatizados de apoyo a la decisión.

La expresión carece de pretensión taxonómica, pues no designa una nueva clase de alianza ni una categoría doctrinal consolidada, y sirve para describir la infraestructura práctica sobre la cual empiezan a operar arquitecturas ya existentes. La Figura 1 sintetiza la relación entre el núcleo político-institucional y la capa digital que lo atraviesa.

El ciberespacio como infraestructura de la arquitectura de seguridad

La inteligencia artificial y el ciberespacio no son equivalentes. La OTAN reconoce al ciberespacio como dominio de operaciones desde 2016, mientras que la IA es una tecnología transversal que puede operar dentro de ese dominio y proyectar efectos sobre tierra, mar, aire y espacio; el ciberespacio proporciona conectividad e infraestructura y la IA amplía la capacidad para procesar, clasificar, anticipar y automatizar (OTAN, 2024a).

La relación entre ambos puede describirse como una cadena funcional en la que el ciberespacio proporciona la conectividad, los datos alimentan los sistemas, la IA interpreta la información, el mando decide y las fuerzas producen efectos. En esa lógica se inscribe la Alliance Digital Strategy de 2026, que busca superioridad de información y decisión mediante capacidades digitales seguras, resilientes e interoperables y mediante la colaboración humano-máquina (OTAN, 2026a).

Esa lógica se encuentra ya en fase de ensayo. En octubre, el evento de experimentación DiBaX26 de Allied Command Transformation somete a prueba redes 5G, enlaces no terrestres, comunicaciones resilientes y fusión de datos de sensores asistida por IA, bajo condiciones de conectividad denegada, degradada, intermitente o limitada, con el propósito de determinar qué estándares y procedimientos necesita la Alianza para mantener mando, coordinación e intercambio de información (ACT, 2026b).

Asimismo, la Data Strategy for the Alliance completa esa arquitectura al tratar los datos como activo estratégico permanente y al prever espacios federados para compartir datos, servicios y modelos de IA, preservando al mismo tiempo el control aliado sobre los datos propios. La tensión resulta reveladora, ya que la eficacia colectiva exige compartir más, mientras que la confianza institucional requiere que los Estados conserven control sobre qué información ceden, a quién y bajo qué reglas (OTAN, 2025).

En consecuencia, el ciberespacio funciona como la infraestructura que permite a una arquitectura de seguridad operar como sistema, además de ser el ámbito en el que se producen las intrusiones.

De la interoperabilidad militar a la interoperabilidad algorítmica

La interoperabilidad militar tradicional buscaba que fuerzas de distintos países pudieran actuar juntas mediante procedimientos, comunicaciones, enlaces de datos y estándares logísticos compatibles, y la digitalización agrega una exigencia adicional: que puedan cooperar también sus ecosistemas de datos, software y modelos.

El teniente general Miguel Ballenilla y García de Gamarra, director del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), denomina Interoperabilidad Algorítmica a uno de los desafíos de las operaciones combinadas con IA, y advierte que la interoperabilidad exige más que el intercambio de datos, porque aliados con distintos niveles de explicabilidad, certificación, control humano, reglas de enfrentamiento o tolerancia al riesgo pueden producir fricciones técnicas, jurídicas y doctrinales (Ballenilla y García de Gamarra, 2026).

La estrategia digital de la OTAN confirma esta tendencia, puesto que para determinadas redes federadas los estándares aliados dejan de ser una recomendación y se convierten en requisito y, además, las arquitecturas, los requisitos y los estándares deben estructurarse de modo que resulten legibles, interpretables, intercambiables y verificables por máquinas con mínima intervención humana (OTAN, 2026a).

En consecuencia, la interoperabilidad deja de ser una cuestión exclusivamente técnica y exige confianza en la procedencia de los datos, criterios comunes de prueba y validación, mecanismos de trazabilidad y una comprensión suficiente de cómo cada sistema genera sus recomendaciones. Una coalición puede recibir la misma información y, sin embargo, producir respuestas divergentes si sus modelos, sus reglas jurídicas o sus niveles autorizados de autonomía no coinciden.

Ucrania ofrece un ejemplo ilustrativo de esta dificultad. El 8 de octubre, Reuters informó que el sistema Nexus, de la empresa neerlandesa Intelic, reúne en un único panel de control la detección por radar, la verificación mediante reconocimiento de imágenes y los drones interceptores, con componentes provistos por distintos fabricantes. Según una ingeniera de la compañía, Europa cuenta en la actualidad con más de setecientos fabricantes de drones cuyos sistemas no siempre pueden comunicarse entre sí, y Nexus permitiría, de acuerdo con la propia empresa, reducir en minutos el tiempo transcurrido entre la detección y la respuesta (Reuters, 2026a).

Una alianza puede compartir una amenaza, una doctrina y un compromiso político y, sin embargo, sufrir fragmentación digital, de modo que la afinidad política ya no garantiza por sí sola la interoperabilidad operacional.

La geopolítica de la dependencia tecnológica

La capa algorítmica introduce una geopolítica de dependencias que remite a quién fabrica los chips, administra la nube, aloja los datos, desarrolla los modelos, actualiza el software o proporciona las comunicaciones satelitales. La IA genera nuevas dependencias estratégicas que se superponen con las existentes.

Un Estado puede poseer plataformas militares avanzadas y depender del exterior para la capacidad de cómputo, el software, los enlaces de datos o las actualizaciones que les permiten operar dentro de una arquitectura integrada, razón por la cual la soberanía tecnológica empieza a aproximarse al lenguaje de la autonomía estratégica.

Europa aborda esta cuestión de manera explícita. En junio de 2026, la Comisión Europea presentó un paquete de soberanía tecnológica que articula semiconductores, infraestructura, software, nube e IA, entre cuyos instrumentos se cuentan el Chips Act 2.0, el Cloud and AI Development Act y una estrategia de código abierto, con el objetivo declarado de reducir dependencias y reforzar la autonomía y la resiliencia digitales (Comisión Europea, 2026).

El carácter físico de esta dependencia quedó expuesto el 9 de octubre, cuando Reuters informó que Ucrania había atacado por segundo día consecutivo centros de datos de Yandex en Rusia. Uno de esos complejos albergaba dos de los tres superordenadores que la empresa utiliza para entrenar su modelo YandexGPT, sin que la compañía precisara si esos equipos resultaron afectados, y al menos un cliente de Yandex Cloud informó dificultades de acceso a sus datos de respaldo. El episodio no demuestra por sí solo una nueva doctrina, pero recuerda que la nube y el cómputo poseen localización, requieren energía y presentan puntos físicos susceptibles de ataque (Reuters, 2026c).

La interdependencia tecnológica constituye una condición ordinaria de la cooperación entre aliados, que se sostiene, en buena medida, sobre la especialización, la complementariedad y la provisión de bienes colectivos. El problema estratégico aparece cuando una dependencia se concentra en una función crítica, resulta poco transparente o carece de alternativas viables, de modo que, dada la improbabilidad de una autarquía tecnológica, el análisis debe identificar dónde existen puntos únicos de falla y cuánto margen de sustitución conserva cada actor.

Resulta todavía prematuro hablar de bloques algorítmicos cerrados; sin embargo, es pertinente preguntarse si la competencia geopolítica comienza a organizarse alrededor de ecosistemas tecnológicos de seguridad parcialmente incompatibles.

Resiliencia algorítmica ante la degradación de la conectividad

La integración digital produce una paradoja, pues una arquitectura muy conectada puede fusionar sensores, datos y sistemas de mando con gran velocidad y, al mismo tiempo, esa misma integración crea puntos de dependencia que un adversario intentará degradar mediante ciberataques, guerra electrónica, denegación de navegación o ataques físicos contra la infraestructura.

Ballenilla utiliza la expresión Resiliencia Algorítmica para describir la necesidad de verificación, redundancia, degradación controlada y capacidad de operar con datos incompletos o sistemas parcialmente degradados. Proyectado desde las unidades y los estados mayores hacia la arquitectura de seguridad en su conjunto, el concepto designa la capacidad de conservar las funciones críticas de percepción, procesamiento, decisión y acción cuando las comunicaciones, la navegación, la nube o los enlaces de datos pierden rendimiento (Ballenilla y García de Gamarra, 2026).

La experiencia ucraniana ha convertido este problema en una necesidad operacional. El Innovation Challenge de ACT y JATEC de septiembre, dedicado a la negación persistente de aeródromos, planteó escenarios de navegación satelital degradada y comunicaciones no garantizadas, y las propuestas combinaron navegación autónoma, sensores embarcados, posicionamiento alternativo, funciones locales y distintos grados de decisión distribuida, mientras que el jurado consideró, entre otros factores, la resiliencia, la escalabilidad, la asequibilidad y la rapidez de incorporación al usuario operacional (ACT, 2026a).

El debate continúa evolucionando. El 7 de octubre, el exministro de Defensa ucraniano Mykhailo Fedorov sostuvo que la siguiente fase de la innovación militar estará marcada por robots y sistemas autónomos potenciados por IA, incluidos drones capaces de operar sin enlaces permanentes, posición que refleja el desplazamiento de la discusión desde la plataforma individual hacia sistemas que integran IA, autonomía y datos (Ebel et al., 2026).

El evento DiBaX26 refuerza esta conclusión desde otra escala. ACT prueba dispositivos capaces de cambiar entre distintas redes cuando una conexión es débil o se interrumpe, de combinar redes terrestres y no terrestres y de priorizar la información crítica bajo condiciones DDIL (denegadas, degradadas, intermitentes o limitadas), con el objetivo de sostener mando y coordinación suficientes cuando la infraestructura se encuentra sometida a guerra electrónica o a ataques, sin aspirar a una conectividad perfecta (ACT, 2026b).

La Resiliencia Algorítmica introduce así un criterio de evaluación adicional, ya que una arquitectura algorítmica debe valorarse por el grado de integración que alcanza y, asimismo, por las funciones que conserva cuando la red se degrada; en ese sentido, la arquitectura más robusta será la capaz de degradarse sin colapsar. La Tabla 1 sintetiza las tres condiciones analizadas: interoperabilidad, dependencia y resiliencia.

El sector privado en la arquitectura de seguridad

La digitalización modifica también quiénes participan en la producción de seguridad. Los proveedores de nube, los fabricantes de semiconductores, los desarrolladores de IA, los operadores satelitales y las compañías de ciberseguridad pueden convertirse en partes funcionales de una arquitectura militar y, sin sustituir al Estado, controlan recursos sin los cuales determinadas capacidades estatales pierden eficacia.

Asimismo, la estrategia revisada de IA de la OTAN reconoce que su adopción exige cooperación con la industria y la academia, mayor interoperabilidad entre sistemas, mecanismos comunes de prueba y validación y principios de uso responsable, e identifica como desafíos estratégicos la calidad de los datos, la capacidad de cómputo, la energía y la gobernanza de tecnologías de doble uso (OTAN, 2024b).

El caso resulta especialmente sensible en IA porque gran parte de la innovación relevante nace en mercados civiles y evoluciona con ciclos mucho más rápidos que la adquisición militar. La organización internacional puede fijar estándares y el Estado puede definir requisitos; sin embargo, la capacidad efectiva puede seguir dependiendo de propiedad intelectual, centros de datos, actualizaciones o talento que permanecen en manos privadas, y esa distribución obliga a incorporar la continuidad contractual, la seguridad de la cadena de suministro y la gobernanza de proveedores al análisis de la arquitectura.

Por otro lado, la dependencia de infraestructuras privadas se extiende al espacio. El 9 de octubre, Reuters informó que cuatro satélites militares rusos se aproximaron meses antes a un satélite radar de la empresa finlandesa ICEYE que aporta inteligencia a Ucrania y a sus socios, y que el comandante espacial alemán advirtió que maniobras semejantes podrían comprometer constelaciones comerciales como Starlink. El episodio muestra que las comunicaciones, la inteligencia y la resiliencia aliadas dependen también de activos comerciales expuestos a la competencia y a la presión en otros dominios (Reuters, 2026b).

Esta situación plantea una cuestión institucional, dado que, si una capacidad crítica depende de infraestructura privada, la gobernanza de la seguridad debe precisar cómo se distribuyen la autoridad, la responsabilidad, el acceso y la continuidad del servicio. La tecnología puede desplazar hacia actores privados componentes de la capacidad sin trasladarles la responsabilidad política por su utilización.

Dilema de seguridad y régimen incompleto

La IA tampoco elimina el dilema de seguridad. Una alianza puede desarrollar redes, targeting asistido, ciberdefensa y sistemas autónomos con finalidades defensivas, y el adversario puede interpretar esas mismas capacidades como instrumentos aptos para aumentar la precisión, acelerar los ataques o mejorar un primer movimiento, de modo que la tecnología que incrementa la seguridad de un actor puede aumentar la inseguridad percibida por otro (Jervis, 1978).

La velocidad algorítmica puede, además, reducir el tiempo disponible para verificar información y gestionar escaladas, por lo que, cuanto más integrada esté la IA en la inteligencia, el mando y el targeting, más importante será que las instituciones establezcan límites, procedimientos y responsabilidades antes de una crisis.

El problema se agrava cuando una capacidad resulta difícil de observar desde el exterior. Un adversario puede estimar cuántos aviones o misiles posee otro Estado; en cambio, resulta mucho más complejo conocer la calidad de sus datos, la robustez de sus modelos, sus capacidades de ciberataque o el grado real de automatización de su cadena de decisión. Esa opacidad puede amplificar las percepciones erróneas y dificultar las medidas tradicionales de confianza mutua.

En materia de IA militar existen principios de uso responsable, debates sobre sistemas autónomos, normas cibernéticas, estándares de alianzas, controles de exportación y mecanismos nacionales de supervisión. Sin embargo, esas piezas todavía no constituyen un régimen global consolidado, entendido como un conjunto relativamente estable de principios, normas, reglas y procedimientos de decisión.

En consecuencia, la competencia algorítmica incrementa la necesidad de instituciones, en tanto ámbitos donde acordar reglas, mecanismos de verificación y canales de comunicación antes de que la crisis imponga sus tiempos.

Las potencias medias frente a las alianzas algorítmicas

La transformación plantea un problema particular a los Estados que no controlan toda la cadena tecnológica, ya que una potencia media puede conservar autonomía formal de política exterior y, al mismo tiempo, depender de infraestructura digital producida en otros centros de poder.

El interrogante ya no se agota en dónde adquirir un avión o un radar. Importa también dónde se alojan los datos, quién controla la nube, quién actualiza el software, qué modelos pueden integrarse, qué estándares permiten operar con socios y qué ocurre si un proveedor extranjero restringe el acceso.

Para América Latina, el problema se inserta en debates conocidos sobre cooperación, fragmentación y autonomía estratégica, con la novedad de que parte de la dependencia puede desplazarse de las plataformas físicas hacia el código, los datos y la infraestructura digital.

Una forma de observar esa exposición consiste en inventariar, función crítica por función crítica (comunicaciones satelitales, nube gubernamental, datos de defensa, software de mando y control y ciberdefensa), quién provee cada componente, bajo qué contrato, con qué alternativa disponible y con qué margen de continuidad ante una restricción de acceso. Ese mapa permite distinguir las dependencias ordinarias de la cooperación de aquellas que concentran un riesgo estratégico.

Este enfoque complejiza la noción de autonomía estratégica, que, además de la producción nacional de plataformas, depende del conocimiento de las propias dependencias, del grado de diversificación disponible, del control sobre los datos sensibles y de la continuidad de las capacidades críticas frente a interrupciones. Para los Estados con recursos tecnológicos limitados, una arquitectura de seguridad puede convertirse, simultáneamente, en vía de acceso a capacidades avanzadas y en fuente de nuevas asimetrías.

Conclusión

La inteligencia artificial modifica algunas de las condiciones materiales e institucionales que permiten funcionar a las arquitecturas de seguridad existentes, las cuales conservan su vigencia.

Los tratados, la voluntad política y la autoridad estatal siguen siendo decisivos; sin embargo, la capacidad de actuar colectivamente depende cada vez más de infraestructuras que permiten compartir datos, conectar sistemas y sostener decisiones bajo presión.

La interoperabilidad militar adquiere así una dimensión algorítmica, la integración expone nuevas dependencias y la resiliencia digital se convierte en una cuestión de poder. En ese punto reaparecen los problemas clásicos de la seguridad internacional: la confianza, la autonomía, la distribución de capacidades y el control político.

Si durante el siglo XX la comprensión de una alianza requería observar sus tratados, sus bases, sus fuerzas y sus compromisos, en el siglo XXI resulta necesario incorporar al análisis sus redes, sus datos, su nube y sus algoritmos.

En definitiva, las arquitecturas de seguridad conservarán su naturaleza política, y su funcionamiento dependerá, en medida creciente, de la dimensión digital.

Referencias

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Ballenilla y García de Gamarra, M. (2026, 29 de abril). El mando ante el algoritmo: Inteligencia artificial, doctrina, inteligencia y disuasión (Documento de Análisis 35/2026). Instituto Español de Estudios Estratégicos. https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/ieee/mando-ante-algoritmo-inteligencia-artificial-doctrina-inteligencia-y-disuasion

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Ebel, F., Galouchka, A., & Khudov, K. (2026, 7 de octubre). AI-powered robots are next in war tech, Ukraine’s former defense minister says. The Washington Post. https://www.washingtonpost.com/world/2026/10/07/ai-powered-robots-are-next-war-tech-ukraines-former-defense-minister-says/

Jervis, R. (1978). Cooperation under the security dilemma. World Politics, 30(2), 167–214. https://doi.org/10.2307/2009958

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